Las huelgas y las luchas sociales en la Historia

Las huelgas y las luchas sociales en la Historia

Porque más que la ceniza me importa la sangre.
Efraín Huerta. Amor, Patria mía.1981.

Las huelgas y las luchas sociales más significativas forman parte de la historia de México y han jugado un papel decisivo en el curso de ella. Aunque en la historia oficial y de la derecha nunca las reconozcan y más bien –deliberadamente- les resten importancia a las gestas de los trabajadores. Pues ideológicamente no conviene que ellos cobren conciencia de su papel en la sociedad y en los cambios que pueden lograr en la realidad, en la que han dejado una profunda huella. La historia y su conocimiento crítico revisten un papel desatacado en la conciencia social ciudadana, por ello los neoliberales borran la historia o la distorsionan en las escuelas y en los medios de comunicación.

En libros de historia es común, por ejemplo, que se analice la pugna Cárdenas-Calles de 1935, en la esfera de contradicciones de la cúpula del poder, se complacen en los detalles, y olvidan la causa central de la pugna: la ola de huelgas de 1935 que llegó hasta 642 ese año (1), debido al descontento social acumulado por la crisis de 1929 a 1934, la crisis y las huelgas provocaron la contradicción capital-trabajo, en la cual todos los actores políticos se definieron: a favor o en contra, hasta llegar a la confrontación política Calles-Cárdenas, detrás de las luchas.

En la historia es común el olvido de la acción de los trabajadores y la del pueblo en los momentos decisivos, trascendentes, veamos:

Hoy se festeja El Camino Real de Tierra Dentro, que fue la Ruta de la Plata, pero se tiene en el rincón de los tiliches el Camino de Muerte y Sangre de Indígenas, el que dejaron las guerras de la corona española en el Mixtón en 1541 y en la Chichimeca de 1547 a 1600, para abrir la ruta de las minas de oro y plata al norte, de la capital de la Nueva España hasta alcanzar a Paso del Norte y Santa Fe, a costa de las matanzas y guerras heroicas de los indígenas al defender pueblos, costumbres, religiones y culturas. La guerra del Mixtón generó más de 100 mil muertos y la Chichimeca aún más, nos recuerda Miguel León Portilla. Después, justo en esas minas trabajarían indígenas, negros y mestizos: verdaderos infiernos laborales en la obscuridad en la piedra y muerte en la sombra, dice el libro de Job.

 

La patria: Un río de nombres ensangrentados.

 Eduardo Mitre. Razón ardiente. 1982

En las minas de la colonia surgieron espontáneamente los tumultos (la huelga), por los abusos patronales; primero, para estimular el trabajo los patrones crearon un incentivo, “el partido”, o sea, un premio por la explotación adicional de la mina, pero luego el mismo patrón consideró que “el partido” era excesivo y que le tocaba a él, por lo cual lo retira a los mineros,  provocando un gran descontento que se manifestó en los tumultos, que eran protestas y paros de labores de los mineros. Destacando de las decenas que hubo en el siglo XVIII, el de miles de mineros de Real del Monte en 1766. Justo en esa segunda mitad de siglo, sube como nunca la producción de plata y oro, como lo informa Humboldt en su Ensayo Político sobre la Nueva España. Así, los tumultos fueron los precursores de la huelga, desde entonces.

Apenas 12 días después del levantamiento del 16 de septiembre de 1810, los mineros de la Valenciana hicieron volar con la pólvora las puertas de la fortaleza española de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, cuando los independentistas con Hidalgo a la cabeza iban a perder ese combate, intervinieron los mineros para ganar la primera gran batalla de la Independencia, igual que en el cerro de las Cruces.

Antes de la Revolución de 1910 e impulsándola de modo decisivo, ocurren las huelgas de 1906 y 1907 de Cananea y Río Blanco ya como un modelo moderno de huelga, cuyos líderes mineros estarían en 1917 en los debates constituyentes: Manuel M. Dieguez, Esteban Baca Calderón y de Guanajuato Nicolás Cano, quienes junto con Francisco J. Múgica, Heriberto Jara y otros, hacen surgir el célebre artículo 123, una legislación de vanguardia internacional.

En el cardenismo no sólo se da el mayor número de huelgas de la historia, sino también las de mayor trascendencia: la reforma agraria fue precedida por la huelga de la Comarca Lagunera de 25 mil jornaleros y sus familias en 1936; la expropiación petrolera fue la bandera de los petroleros desde las huelgas de 1933, tanto en las plantas de El Águila dependiente de la trasnacional inglesa, como las de La Huasteca, de la trasnacional de EUA, desde 1935 se crea el Sindicato único de los petroleros, que reinicia la lucha, luego en 1936 demandan el contrato colectivo de trabajo único y en 1937 llegan a la huelga, siendo los obreros los que se ponen al frente de Pemex y hacen funcionar la industria, contra la apuesta de los empresarios extranjeros: “México no podrá operar las industrias” (2).

Ni que decir de la huelga general que realizó el SME en 1936, que dejó 10 días sin luz todo el centro del país, y puso fin a 400 años de relación laboral de “mando y obediencia”, al establecer la bilateralidad como nuevo modelo de relaciones colectivas de trabajo, un ejemplo para los demás contratos colectivos y sindicatos. Sin olvidar la huelga general minera de 1944, cuando el gobierno impone la política de austeridad por la Segunda Guerra Mundial, mientras los precios de los metales y las ganancias subían al cielo, los mineros denunciaron los abusos de los empresarios yanquis, de aumentar sus ganancias a toda costa, aún “poniendo en peligro la invasión de Normandía” (3), al suspender el envío de materia prima y provocar la huelga de 40 días ante la demanda de aumento salarial, que al final triunfó.

Sería imposible hacer un recuento de las luchas más significativas de la historia, como lo fueron las huelgas nacionales telefonistas de los años 70 y 80; la movilización del SME de todo 1999, que derrotó el decreto presidencial de Zedillo para privatizar la energía eléctrica. Y tantas luchas más que se olvidan o se esconden en los libros.

Igualmente no se pueden menospreciar las luchas o huelgas perdidas o derrotadas a lo largo del tiempo, sus experiencias y enseñanzas de todo tipo, que son valiosas cuando se analizan a fondo, no para dolerse como algunos acostumbran, sino para aprender y volver con mejores bríos y conciencia a la lucha.

Hoy se presume un país de “cero huelgas”, gracias a la paz laboral y al diálogo social establecido en México, dice Navarrete Prida en actos públicos, como si la huelga fuera un delito o un acto indebido, no un derecho de rango constitucional y universal. Ese es un debate central en México, renace la figura de Calles en los neoliberales.

Lo cierto es que ha venido en caída el ejercicio de la huelga en las tres últimas décadas neoliberales, según INEGI (4) de más de 450 que hubo en 1995, bajaron a 150 en 2000 y por la crisis de 2008 se reanimó a más de 250 huelgas, volviendo a caer de 2012 a 2017, con la máquina del PRI más aceitada logró que las centrales sindicales se corran más a la derecha. Porque esa caída va aparejada de una descomposición y degradación de todo el ámbito laboral y de la organización sindical.

Ya en el año 2000 en el estado de México con Montiel en el gobierno, se hizo un pacto de no agresión entre los sindicatos, que en realidad fue precursor de la política de “cero huelgas”. Aun desde 1995 por la  brutal crisis y la caída del peso frente al dólar, se prefirió suspender la manifestación oficial del Primero de Mayo en el Zócalo, para evitar los reclamos obreros, se abandonó una tradición que venía desde 1913 y hasta hoy se mantiene. Pero ahora es porque ya ni con acarreos sale la gente a la calle o saldría a expresarse en contra de la propia CTM y de las demás centrales.

Porque la mayoría de los líderes sindicales se alejaron e incluso están en contra de los valores de la Revolución, de la Constitución y del cardenismo, con facilidad se adhieren al sindicalismo blanco como modelo a seguir para una más fácil forma de enriquecer a los líderes, abandonan la defensa de los contratos colectivos, para sumarse a los contratos colectivos de protección patronal, y defienden la política neoliberal anti-obrera que por definición es enemiga del trabajo. En todo este cambio, el papel de las autoridades es central para ocultar la información de la realidad y adecuar su papel contra las leyes vigentes y sobre todo la justicia social y laboral.

En ese marco batallan las 3 huelgas mineras de Cananea, Sombrerete y Taxco, que llegan a los 10 años el 30 de julio de 2017, habiendo resistido los brutales ataques de Grupo México de Germán Larrea, el segundo millonario de México, apoyado por gobiernos y autoridades, tres huelgas están vivas y siguen en lucha con la mayoría de sus integrantes, fueron reconocidas como existentes. Pero la de Cananea se desahoga en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos porque aquí le cerraron las puertas de la justicia en 2011. Las tres han resistido gracias a la unidad minera, su liderazgo y a la solidaridad local e internacional. Juntas buscan ganar sus derechos, los que la oligarquía busca que pierdan alargando las huelgas hasta agotarlas, la resistencia obrera ha sido heroica, lo que no es poco en estos tiempos de excepción tan largos.

Cuando se pierden la mayoría de los sindicatos auténticos viene la paz de los sepulcros y la simulación del diálogo

Como se sabe, las huelgas exhiben ciertos grados de inconformidad de los trabajadores de un país, ante la deplorable situación socio-económica y laboral, la desigual e injusta distribución del ingreso nacional, y se acepta en general por el mundo como una vía legal para la solución de esos problemas. Pues como se definió: “La huelga no es un conflicto, es la solución del conflicto que se origina en el trabajo injusto y el abuso patronal” (5).  Como ocurrió de 1935 a 1938 en México, que originó la intensa lucha sindical y el apoyo cardenista (6). En ese sexenio se triplicó el número de sindicalistas en México y crecieron como nunca los contratos colectivos y los salarios.

Hay que saber que la huelga es un derecho indivisible junto con la contratación colectiva de trabajo (CCT) y la organización sindical (7), como lo hizo entender Mario de La Cueva, pues no se puede separar uno de los otros derechos colectivos, ya que al afectar a uno se afecta al conjunto, en su razón de ser y función básica establecidas en el 123 de la Constitución: “armonizar los derechos del trabajo con los del capital”. Buscan el mismo fin, pero por vías complementarias. Los empresarios saben que son indisociables los tres derechos colectivos, así lo dejaron ver en la 101 Conferencia de la OIT de 2012, cuando sorprendieron a todos con el frente unitario que presentaron, exigiendo a la OIT no reconocer el derecho de huelga por no tener un convenio propio y exprofeso, pues no lo hay, ya que forma parte del convenio 87 de libertad sindical.

En aquella sesión de la OIT, la UNT y el Sindicato Minero denunciaron los últimos contratos colectivos de protección patronal (CCPP) como parte de la estrategia empresarial internacional para México. En diciembre de 2016 lo volverían hacerlo junto con la CSI y CSA ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Panamá y en enero de 2017 en el Parlamento Europeo en una sesión en México.

Pero más importante son la solidaridad y organización internacional de los sindicatos que pese a todo crecen, pasan de la lucha nacional y local a la internacional, pasan a crear federaciones internacionales, igual que contratos colectivos y a realizar huelgas de ese alcance, con el mismo principio de indivisibilidad de los tres derechos, paro ahora con otro alcance, como lo retomó el abogado uruguayo Oscar Ermida.

Estudiando la historia,

 fechas, batallas, cartas escritas en la piedra,

frases célebres, próceres oliendo a santidad,

solo percibo oscuras manos

esclavas, metalúrgicas, mineras, tejedoras,

 creando el resplandor, la aventura del mundo…

Juan Gelman. 1968.

 

Guadalupe Rivera Marìn, El Mercado de Trabajo. Editorial. FCE. 1955

Jesús Silva Herzog. La nacionalización del petróleo. Cuadernos Americanos. 1944.

Declaración de Manuel Ávila Camacho al líder minero Juan Manuel Elizondo, para pedirle que no estallara la huelga. Ver Revista Trabajo y Democracia Hoy, no. 128. Marzo, 2014

INEGI. https://infogram.com/HUELGAS-EN-MEXICO–INEGI

Mario de la Cueva. Derecho Mexicano del Trabajo. Editorial Porrúa. 1954. 4 Ed.

Lorenzo Meyer. Las Raíces del Nacionalismo Petrolero en México. Océano. 2009.

Mario de la Cueva. Nuevo Derecho Mexicano del Trabajo. Editorial Porrúa. 1972. ■

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