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De vuelta al laberinto de la Poesía Mexicana [Última parte]

De vuelta al laberinto de la Poesía Mexicana [Última parte]

La Gualdra 306 / Notas al margen

En esta edición damos por terminado el análisis de las respuestas a la encuesta realizada sobre sus hábitos lectores referentes a la poesía. Las respuestas anteriores pueden ser consultadas en línea en números previos de La Gualdra. Las siguientes cuestiones voy a analizarlas en un solo bloque, pues no son cuantitativas en su mayoría y se dirigen a una misma dirección.

 

  1. ¿Has asistido a algún evento literario? 15. ¿Cómo te has sentido en esos eventos? 16. ¿Qué propondrías para mejorar este tipo de actividades? 17. ¿Qué propondrías para que los libros de poesía llegaran a más lectores? 18. ¿Qué debería hacer el escritor para acercar su obra a los lectores?

En la primera pregunta 64 personas dijeron que sí y 55 que respondieron que no. Los 55 son todos del grupo de los estudiantes.

La mayoría de los encuestados respondieron genéricamente a las siguientes preguntas: 15. Bien. Me gustan. Debería haber más eventos así en la ciudad. No he asistido a muchos pero a los que sí me han gustado. Depende del evento. Hay unos chidos y otros no.

En respuestas de este tipo se agotaron las opciones. ¿Qué veo? Respuestas programadas, sin un análisis previo. No dudo que haya a quienes sí les gusten los eventos literarios, pero siguen siendo muy pocos y a éstos les gusta no por el evento en sí, sino porque este tipo de espectáculos supone una salida de la cotidianidad, una excepción a la regla y, en muchos casos, la entrada al mundo de la exclusividad. Siempre, en ciertos círculos, es mejor decir que se fue a la ópera, a un concierto de cámara o a la presentación de un libro que a un antro o a los XV años de Fulana de Tal. Los estudiantes de prepa y secundaria que respondieron sí haber ido, también dijeron que les había gustado; ¿realmente les gustaba? Claro que no, es la respuesta correcta políticamente. Si algo te gusta lo buscas, te acercas, vas aunque en el camino se interpongan obstáculos. He asistido, la mayoría de las veces más por obligación, a casi un centenar de eventos literarios, y los he visto brillar por el vacío de sus bancas, por la soledad en la que el eco amplifica los menudos y aflojerados aplausos. No digo que en todos los casos sea así, pero si dejamos fuera las pocas excepciones, hablamos de eventos gratuitos y solitarios donde no veo a esas personas que piden a la menor provocación más cultura en su ciudad, llegar a sentarse en las sillas. Creo que hay que decirlo con todas sus letras, la mayoría de los eventos literarios son aburridísimos, incluso para los que leemos poesía. Uno de los encuestados, librero de la ciudad y lector habitual, respondió: “Por lo general (voy) por trabajo y si soy sincero la mayoría son aburridas, hasta pretensiosas resultan. Noto que la gente que está ahí o es por compromiso o porque es su cuate y si el ponente es writer-star pues nada más van por la selfie y el autógrafo”.

16.- Más publicidad para que fuera más gente. Que hubiera nuevos formatos. Que se regalaran libros. Que fueran multidisciplinarios, con música o actuación.

17.- Que les hicieran más publicidad. Que se regalaran. Que se les hicieran entrevistas a los escritores y aparecieran en los medios de comunicación.

18.- No sé. Dar entrevistas. Vender en la calle y en el transporte público. No es trabajo del escritor.

¿Qué notamos en todas estas respuestas? Yo veo que la mayoría de los encuestados habla sin tener conocimiento de causa, como es obvio, no tendrían por qué tenerlo. Es como si me preguntaran a mí cómo mejorar las ventas de los productos de la agricultura local. Tengo una opinión, claro; pero seguramente no será acertada. Con la literatura pasa que todos podemos e, incluso, nos sentimos en el deber de opinar. Alguna vez escuché de una persona que estudió mercadotecnia que lo que las librerías necesitaban eran vendedores y no libreros; es decir gente que supiera vender y administrar, no gente que leyera. También alguien alguna vez me dijo que se podían vender libros sin haber leído uno; tal vez, no lo dudo, pero ¿para qué? Los venderás como pisapapeles, como un producto ornamental, y luego, cuando el cliente se dé cuenta que ni para eso sirven, ¿qué va a pasar entonces con el libro? Nada, se desecha. Pero eso al vendedor no le importa, porque como su nombre lo dice su trabajo es vender y ya lo hizo. El problema con los libros o, mejor dicho, con quienes estamos interesados en “vender” este tipo de producto intelectual, es que lo más importante es lo que viene luego de la venta, luego, incluso, de la lectura del ejemplar. Nos interesa lo que produce el producto, el libro no es –o no debería ser- perecedero.

No voy a profundizar en este tema, sólo me interesa para demostrar que la mayoría de las propuestas de los encuestados es deficiente por superficial, y porque no ataca el problema real: las personas no leen poesía. Podemos hacer que vayan a los eventos literarios, pero ¿leerán poesía luego?, podemos regalarles los libros pero ¿los leerán?, y luego de ése, ¿seguirán leyendo? ¿Eventos multidisciplinarios? Los hay, muchos, demasiados diría yo, tristes, ridículos en muchos casos. ¿Leerá la gente cuando le quites la música, la voz, la imagen a la poesía? Entrevistas, videoblogs, columnas periodísticas, reseñas en medios de comunicación, transmisiones en vivo por medios virtuales, promociones como si de comida se tratara. Las editoriales, los escritores, los libreros y algunos entusiastas de la lectura lanzan flechas a mansalva y, a veces, cuando el azar y el esfuerzo coinciden, nace un lector.

Para mejorar la calidad de la poesía un estudiante de filosofía propone eliminar los premios literarios; mientras que para que la obra llegue a más lectores otro encuestado dice que la muerte es una alternativa que asegura una mejor distribución. Dos coinciden en que la poesía no es ni debería ser para las multitudes, que “el lugar de la poesía es y será siempre marginal. La poesía es anticapitalista, sería una contradicción esperar un best seller de este género”. Alguien más, poeta, dice que “la poesía llega de casualidad”.

Definitivamente no nos vamos con muchas respuestas luego de esta pequeña encuesta, al contrario. Me resta decir que a pesar de que los libros de poesía son para algunos cuantos, de que los poemas se mantendrán al margen en los mercados editoriales, la poesía sigue estando en todos lados y eso, para mí, es su verdadero logro, que se ha colado en todos los rincones sin que siquiera lo notemos, ya lo dijo el viejo Parra: “Todo es poesía, menos la poesía”.

Quien quiera leer que lea; quien no, que lea.

 

 

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