La poesía de Daniel Medina y la herejía de un molinero del siglo XVI

La poesía de Daniel Medina y la herejía de un molinero del siglo XVI

La Gualdra 303 / Libros

 

La poesía es un atentado celeste

que baja del cielo para intoxicarnos.

Daniel Medina

 

El 28 de septiembre de 1583, un molinero de Montereale, llamado Domenico Scandella, mejor conocido como Menocchio, fue acusado ante el Santo Oficio por propagar palabras heréticas sobre Cristo y la religión católica. Como dijo el historiador Carlo Ginzburg, “No se trataba de una blasfemia ocasional: Menocchio había intentado expresamente difundir sus opiniones, argumentándolas…” (1999: 30). Este molinero del siglo XVI, entre su sartal de bellas herejías, reinterpretó el mito del génesis cristiano de la siguiente forma:

 

Yo he dicho que por lo que yo pienso y creo, todo era un caos, es decir, tierra, aire, agua y fuego juntos; y aquel volumen poco a poco formó una masa, como se hace el queso con la leche y en él se forman gusanos, y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles; y entre aquel número de ángeles también estaba Dios creado también él de aquella masa y al mismo tiempo… (Ginzburg, 1999: 34).

 

Expresar libremente las ideas en aquel entonces era tomar un riesgo que, incluso, podía llevar a la muerte, como de hecho le ocurrió a Menocchio por propagar sus pensamientos entorno a la religión. 434 años después, guardando las distancias y proporciones, Daniel Medina escribe en “Poética”, poema que abre Mímesis para gusanos, los siguientes versos: “Y hay también poetas / que escriben sin manos / sobre motosierras” (2015: 7). Este gesto poético me parece no sólo significativo, sino seductor. En este texto Daniel poetiza sobre distintos tipos de poéticas, y los versos que cito, a mi parecer, son la conclusión a la que llega el poeta: escribir poesía es tomar un riesgo, sintetizada en la fuerte imagen del poeta sin manos, “sobre motosierras”. Así, propongo un primer paralelismo entre Daniel y Menocchio: la expresión como riesgo, como un peligro digno de afrontar.

Otro paralelismo que quisiera sugerir entre Daniel y Menocchio, es la vocación hacia la reescritura de la doctrina y metafísica cristiana. Toda reescritura es una interpretación. Menocchio reinterpretó el mito cristiano de la creación al introducir un elemento que lo aproxima, pienso yo, a la propuesta de Daniel: la tierra, como una masa de leche en descomposición que produjo gusanos, los cuales eran nada más y nada menos que Dios y sus ángeles. En el caso de Daniel Medina, con su poemario Mímesis para gusanos, éste emprende una constante reescritura de ideas rectoras de la metafísica cristiana, como los Diez Mandamientos, el Cielo y el Infierno, y los encuentros con ángeles como los descritos en la Biblia en las historias de Abraham o María. En este sentido, la estructura del poemario de Daniel se establece como un correlato de algunos pasajes centrales de la Biblia. Sobre los “Mandamientos”, destaco el sexto mandamiento de Daniel Medina: “No cometerás actos puros / para no desprestigiarlos” (2015: 9); respecto al Cielo, Daniel nos ofrece su interpretación “Será de ajenjo / o de litros y litros / de absurda poesía” (2015: 10); y de igual forma, sobre el Infierno el poeta nos dice: “Éste / podría ser / de utópicas flamas” (2015: 11). Tampoco escasean los encuentros iluminadores con ángeles, aunque trastocados, de jerarquías invertidas, como nos dice Daniel en el poema “Segundo contacto”:

 

Abrí muy a prisa la ventana
y encontré a un Ángel que escribía lento
unos garabatos y unos poemas
nada distintos de los míos.

Es mi turno, señor,
me dijo el Ángel apenado,
ilumíneme
(Medina, 2015: 22).

 

En esta línea, la escritura de Daniel me ha recordado a la poesía mística, pero de una forma inversa, por ello, he pensado que la mejor forma de referirme a ella es como una poesía kenótica, del abajamiento de Dios, de la destrascendentalización de lo trascendental, tomando este concepto prestado del filósofo italiano Gianni Vattimo (1996). En general, en todo el poemario, Daniel mantiene un intenso diálogo con lo trascendente, pero un diálogo torcido y en tensión. Un ejemplo de esta antimística o poesía kenótica está en la serie de poemas titulados “Cinco formas de encontrar a Dios”, el fragmento I es altamente ilustrativo:

 

Levanté una roca en el camino
y encontré a Dios
en forma de cangrejo.

Celebramos
hasta la madrugada
iluminándonos
(Medina, 2015: 15).

 

Para concluir, sólo quisiera enfatizar que tanto Daniel como Menocchio nos proponen visiones alternativas de lo celeste; tomando el riesgo de la expresión, del decir; haciendo bajar a Dios y sus ángeles, parafraseando a Menocchio, al caos de leche cortada y los gusanos, o al decir de Daniel Medina en el poema “Mímesis para gusanos III”, último del poemario:

 

El Ángel se despidió de mí durante la noche.
Dios es,
en el mundo,
un gran:
(Medina, 2015: 29).

 

Ginzburg, Carlo (1999), El queso y los gusanos. El cosmos, según un molinero del siglo XVI, Barcelona: Letra E.

Medina, Daniel (2015), Mímesis para gusanos, Río Blanco, Veracruz: La Cosa Escrita.

Vattimo, Gianni (1996), Creer que se cree, Barcelona: Paidós.

 

 

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