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¿Discurso de odio? ¿Es en serio?

¿Discurso de odio? ¿Es en serio?

Resulta verdaderamente sorprendente que en pleno siglo XXI haya quienes acusan de sostener un discurso de odio simplemente por pensar distinto y expresar públicamente dicho pensamiento. Hace ya algunos años que quienes criticaban la ideología comunista eran acusados de “odio a la clase obrera”; habría pensado que esa estrategia ya estaba superada, pero veo que no. Quien se atreve a criticar la ideología de género es acusado de discriminación, homofóbico, retrograda, moralista, conservador, ultraderechista, etc., etc., etc.

No hay ninguna crítica o condena a personas en particular, ni por su orientación sexual ni por su raza o lengua o religión. Se trata de afirmar que existe una ideología de género, que busca de muchos modos hacerse presente en la sociedad y conducirnos a una forma de pensar que pasa por alto principios básicos de la naturaleza, datos biológicamente comprobables y que constituyen la configuración natural de toda persona humana.

Claro que en México aún no vivimos en plenitud dicha colonización ideológica, pero es real, lo muestran las leyes aprobadas en España para que la ideología de género sea política de Estado, se adoctrine a los niños en las escuelas, se pongan baños de género, se añada en el acta de nacimiento un tercer género, se enseñe desde la educación pública la idea de que en materia de sexualidad no hay ningún criterio natural y por tanto sólo la voluntad de cada persona al configurar su sexualidad como hetero, homo o lo que sea. Discrepar de esta concepción o negarse a ella sería, según estas leyes, discriminar a los LGTTTBI y, por tanto, sancionable.

Yo respeto a una persona que se considera gay aunque no tenga ningún interés en conocer sus gustos o percepciones sobre la sexualidad, aunque no me parezca lo mejor y aunque me oponga a que esa forma de entender la sexualidad se enseñe como verdad en la sociedad. Del mismo modo respeto  a un musulmán, aunque no tenga interés en conocer sus creencias o discrepe de ellas. No discrimino a un gay o a un musulmán por no hacer mías sus creencias o formas de entender la sexualidad, el cuerpo o la persona. La ideología de género pretende modificar el concepto de familia, de matrimonio, de sexualidad y en el  fondo de la misma persona humana, que es, desde su esencia misma, biológicamente hombre y mujer. No aceptar esto ¿es discriminar a los gays?

Claro que existe un lobby gay, son grupos intransigentes y manipuladores, que están ejerciendo mucha influencia desde distintos organismos nacionales e internacionales. Estos grupos se cierran al diálogo y no aceptan ninguna argumentación, su táctica es acusar a quienes piensan distinto de homofóbicos y por tanto de estar discriminando. Se victimizan y exigen de las leyes protección extra, visibilidad extra, subvenciones extra y, en consecuencia, castigos más ejemplares para los disidentes. Se enfurecen cuando aparecen personas homosexuales que se oponen a sus postulados, homosexuales que hablan de una vida de castidad o de amistad fraterna. Persiguen a  aquellos psicólogos o terapeutas que hablan de procesos para recuperar la heterosexualidad. Insultan y agreden a aquellas instituciones que se muestran públicamente opuestas a sus intereses. La Iglesia católica es particularmente rechazada y constantemente atacada.

El Papa Francisco, citado por algunos cuando así les conviene, ha alzado su voz para denunciar la existencia de esta ideología de género. En la Exhortación Amoris Laetitia, (La alegría del amor) expresa de manera clara:

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Ésta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer” (n. 56).

No existe un discurso de odio hacia la comunidad LGTTTB, sino una denuncia pública que busca alertar sobre los peligros de la ideología de género. Muchos le apuestan a la confusión y al engaño, al error  y a la división; reclaman un derecho que no existe y pretenden que toda legislación se armonice con sus postulados, como quieren hacerlo ahora en Zacatecas los legisladores perredistas al presentar una iniciativa para modificar el Código familiar del Estado y modificar el concepto mismo de matrimonio. ■

 

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