La tiranía del Like

La tiranía del Like

En tiempos en que la información vale oro, el periodismo afronta una de sus crisis más graves por no encontrar la forma de financiarse.

Mientras algunos vaticinan la muerte del papel, otros ven con preocupación que aunque quizá están siendo más leídos que nunca, esto no se ha traducido en obtener los recursos suficientes para subsistir.

La revolución digital prácticamente ha condenado a la irrelevancia –por no decir inexistencia- al medio que no tiene un perfil de Facebook o no aparece en las primeras páginas de búsqueda de Google, y esto, en lugar de significar una ventaja en sus finanzas, ha sido benéfico sólo para estos dos gigantes del mundo actual.

Facebook y Google acaparan cerca del 70 por ciento de la publicidad que se hace en internet, y esto sólo es posible gracias al contenido que produce la gente misma, entre ellos los medios de comunicación, desde los más modestos, hasta los que tienen un prestigio consolidado.

Lejos estamos de querer sacar las antorchas contra estas dos empresas que tan útiles han sido para encontrar y difundir información, contactar seres queridos, e incluso para la organización de movimientos sociales. No obstante, es importante entender que el crecimiento de estas dos compañías ha sido a costa de la producción de contenidos que realizan entre otros, los integrantes de la News Media Alliance en la que participan más de dos mil organizaciones de noticias, entre ellos The New York Times, y The Wall Street Journal, quienes piden en el Congreso de Estados Unidos que se les apoye para negociar colectivamente con las plataformas en línea en busca de encontrar un modelo de negocios que ponga la cancha más pareja.

En Francia –según nos reporta Homozapping (http://homozapping.com.mx/2017/07/medios-franceses-se-unen-contra-duopolio-google-facebook/?platform=hootsuite) se tiene el mismo problema. Ante los gigantes de la era actual, dos medios rivales, Le Monde y Le Figaro han optado por hacer una alianza llamada “Skyline” a través de la cual ofertarán publicidad que llegará a 35 millones de usuarios. Planes similares tienen otras quince empresas de menor tamaño que reúnen datos de sus audiencias.

Todo esto puede parecer ajeno al interés del público general que encuentra bastantes ventajas a lo que Facebook y Google le ofrecen. Sin embargo es necesario concientizarse de que ninguna de las facilidades que nos han dado estas dos empresas se debe a la generosidad de sus dueños.

A cambio de las comodidades de obtener tanto a cambio de un click, hemos sacrificado buena parte de nuestra privacidad y hemos permitido a estas compañías saber nuestros intereses, preocupaciones, ubicaciones, temores, contactos, mensajes, correos electrónicos, quiénes son nuestros familiares, etcétera, todo lo cual sirve para hacernos llegar la publicidad que parece adivinar lo que necesitamos, y también, la información que despertará nuestros likes.

Es bajo esa premisa, la de ser relevantes, la de darnos lo que queremos, como funciona Google, Facebook, Twitter, Netflix, Mercado Libre, etcétera.

Buscando ese like que certifica y califica, los medios de comunicación cada vez más dejan la aburrida nota de economía para darnos más fotografías de gatitos tiernos. Se lincha a cuanto simple mortal da material para ser llamado Lady o Lord, en busca de generar contenido viral que permita subir las entradas a un sitio; y un vídeo de la Mars sacando de su boca un condón que introdujo por la nariz puede ser mucho más visto que la conferencia más reciente de Noam Chomsky.

Por si esto no fuera suficiente, la revolución tecnológica alcanza también al periodismo. La semana pasada, Press Associaction y Urbs Media obtuvieron becas de google por 700 mil euros para construir un servicio de noticias que usará una inteligencia artificial llamada Radar (Reporters and Data and Robots).

La idea es producir notas usando robots que colecten datos, los ordenen y analicen, para después escribirlos en plantillas, que según prometen, serán capaces de “capturar todos los ángulos y reflejar las diferentes direcciones de la historia.” (ver http://www.elespectador.com/economia/robots-se-apoderaran-de-las-noticias-articulo-703351)

Ciertamente nada de esto preocupa o siquiera interesa al simple mortal que ha visto a la industria prescindir de cientos de obreros gracias a la máquina que sólo requiere la supervisión y mantenimiento de unos cuántos; o a quien sabe que el difícil arte de buscar en los ficheros de la biblioteca es un conocimiento obsoleto con la facilidad de tener la información al alcance de un click.

Pero se trata de mucho más que unos miles de empleos de los nostálgicos que aún creen que vale la pena el oficio de publicar lo que alguien no quiere que se publique, como definía Orwell al periodista.

Se trata del derecho a estar informado, y de encontrar el modelo que permita escapar del contenido chatarra que obedece a la tiranía del like fácil, pues esto está provocando que los gobiernos que reducen los convenios con algunos medios de comunicación con el pretexto de ahorrar recursos, ahora usen estos mismos para financiar las publicaciones que sí les gustan bajo el pretexto de que incentivan la economía, el turismo y el mercado; y ahí como no queriendo la cosa, difunden la imagen positiva del funcionario que permite la existencia de esas publicaciones.

Finalmente, se trata también de romper el filtro burbuja del que advierte Eli Pariser, que obliga a enterarnos sólo de aquella información que los algoritmos quieren hacernos llegar porque despertarán nuestra simpatía.

Eso al final del día está provocando que vivamos los tiempos de la mayor libertad de expresión de la historia, a costa de nuestra libertad de pensamiento.

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