La revolución que viene en ingeniería genómica humana

La revolución que viene en ingeniería genómica humana

Hace casi 80 años, a mediados del año 1939, diversos científicos llegaron a la conclusión de que los avances en el conocimiento del proceso de enriquecimiento del Uranio 235, de la fisión del núcleo de ese átomo y la producción de plutonio, de la reacción en cadena y su contención y control dentro de una cámara, además de la información de primera mano sobre los esfuerzos que hacía Alemania para utilizar la energía atómica en la guerra así como el temor a las consecuencias del triunfo del nazismo, eran elementos más que suficientes para justificar sus esfuerzos para que EEUU comenzara a desarrollar armas atómicas. Se sabe que el físico Leo Szilárd decidió visitar a Albert Einstein para convencerle de la necesidad de exponer al presidente Franklin D. Roosevelt sus temores y recomendaciones. No se conoce con seguridad quién redactó el texto, pero lo cierto es que Albert Einstein firmó una carta que se envió al presidente el día 2 de agosto de 1939, que se convirtió en una especie de aval científico al Proyecto Manhattan elaborado para producir armas atómicas.

En 1945 la guerra estaba decidida a favor de los aliados y Japón resistía a duras penas, probablemente esperando conseguir unas condiciones de rendición aceptables. Por eso muchos cuestionaron y cuestionan la razón y la moralidad del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. En todo caso los objetivos del proyecto se habían cumplido con la fabricación de tres bombas: Trinity, que fue la única bomba de prueba y que se hizo estallar en el desierto en Alamogordo, Nuevo Méjico el 16 de julio de 1945; Little Boy, fue lanzada desde un bombardero B-29 el 6 de agosto de 1945 sobre Hiroshima; y Fat Man que fue arrojada sobre Nagasaki tres días después. Por todo lo cual, después de la guerra, la mayoría de los científicos participantes en el proyecto, incluido Einstein, fueron fervientes defensores de la prohibición y control de las armas nucleares. Estaban conscientes de que habían hecho posible la auto destrucción de la vida humana en la tierra.

Lo anterior viene a cuento porque diversos divulgadores de la ciencia, entre ellos Siddhartha Mukherjee en su más reciente libro titulado EL GEN (2017), afirman que hoy se vive un momento similar al de 1939, pero ahora en el campo de la ingeniería genómica humana. Afirman que ya se dispone de:

La capacidad para disponer de verdaderas células madre embrionarias (capaces de formar espermatozoides y óvulos);

Un método para crear modificaciones genéticas viables en la línea celular originada por una célula madre;

La capacidad para dirigir en laboratorio la conversión de una célula madre modificada genéticamente en espermatozoides y óvulos humanos y;

La capacidad para producir mediante fecundación in vitro de embriones humanos a partir de espermatozoides y óvulos modificados.

Lo que significa que después de casi 150 años del trabajo seminal de Mendel sobre los factores determinantes de la herencia en los seres vivos, y alrededor de menos de dos décadas de la develación del genoma humano completo, ya es posible crear seres humanos modificados genéticamente, con todo lo que ello significa. Afirma el autor mencionado arriba: “El fondo del problema ético no está en la posibilidad de liberarse de las limitaciones que imponen las enfermedades hereditarias, sino la mejora genética (liberarse de los actuales límites que el genoma humano impone a la forma y al destino en sus codificaciones)”.

“Pero ¿pueden los seres humanos <mejorar> de una manera responsable sus propios genomas? ¿Cuáles serán las consecuencias de incrementar la información natural codificada por nuestros genes? ¿Podemos hacer que nuestros genomas sean un <poco mejores> sin riesgo de hacernos en realidad mucho peores?”.

Mientras que en el mundo occidental se levantan voces de científicos que convocan a establecer una moratoria en el uso de la tecnología hasta que se clarifiquen las implicaciones éticas, políticas, sociales y jurídicas de la misma, y se realice una evaluación pública de la ciencia y su futuro. Mientras esa deliberación no termina de hacerse pública, en la primavera de 2015 un laboratorio chino anunció que había armado el rompecabezas, aunque reconocieron que el experimento había sido realizado con muchos defectos, sin embargo, ha quedado demostrado que la tecnología para modificar el genoma de un embrión humano no está fuera del alcance de los científicos. El autor que he citado se lamenta que habiendo iniciado una carrera intercontinental para perfeccionar la tecnología: “No me sorprendería que, en el momento en que se publique este libro, se haya logrado en algún laboratorio el objetivo de modificar el genoma de un embrión humano. El primer ser humano <posgenómico> podría estar a punto de nacer.” ■

 

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