El gran círculo vicioso de las elecciones en México

El gran círculo vicioso de las elecciones en México

Durante las últimas décadas se ha enfatizado en la necesidad de contar con buenas instituciones para lograr el progreso económico. Lo complicado es saber cuáles son las instituciones adecuadas. Ha-Joon Chang trata de responder esta pregunta en su libro Pateando la Escalera. El economista de la Universidad de Oxford analiza un paquete bastante extenso de instituciones dentro del cual se encuentra la democracia, una institución que actualmente está a prueba en México.

Para muchos la democracia es una condición necesaria para generar desarrollo económico. Sin embargo, también existe la visión contraria en donde la democracia es resultado del crecimiento. Lo interesante es que todos los países ahora desarrollados instauraron la democracia una vez que el salario anual promedio por persona fue igual o mayor a dos mil dólares. Por su parte, los países en desarrollo – como México – en donde la democracia no se ha podido consolidar del todo, la adoptaron con salarios promedio mucho menores.

Si bien muchas de las democracias de los países desarrollados siguen a prueba y para muchos han fallado – como en el caso de la elección de Estados Unidos o del Brexit- la evolución que esta institución ha logrado es digna de comentar. En un principio, la democracia fue diseñada para solo algunos sectores de la población. Chang resalta como los países que ahora son desarrollados dejaban decidir solamente a quienes se encontraban empoderados (económica y políticamente). Mientras tanto, los desfavorecidos, las minorías y las mujeres tuvieron que luchar para conseguir tener voz y representación.

Francia, un país que acaba de elegir a un Presidente joven y apartidista, se convirtió en el primer país en introducir el sufragio para todos los hombres en 1848. Las acciones de Francia desencadenaron una apertura democrática en el resto de los países ahora desarrollados. Sin embargo, señala Chang, el sufragio universal para toda la población tardó bastante en establecerse. En Suiza, por ejemplo, las mujeres consiguieron su derecho a votar hasta 1971.

En México la democracia terminó de asentarse en 1947. En este año las mujeres obtuvieron el derecho a votar en elecciones municipales y a ser candidatas. Hoy, 70 años después, nuestra democracia sigue teniendo vicios que impiden que México sea realmente democrático. Si antes solamente los ricos y poderosos podían “pagar” por su derecho a votar, ahora en México los poderosos le pagan a los que menos tienen para que voten por ellos.

Durante estos 70 años, el sistema electoral de México ha convertido las campañas políticas en una estación más del año. Una estación donde los que menos tienen esperan con ansias que alguien los voltee a ver. Las ideas poco importan en esta estación, lo que reina es quién da más. Muchos (generalmente personas con mayores recursos) culpan a la gente que recibe las dádivas de las fallas de nuestro sistema político. De lo que no se habla es de la precariedad que el sistema ha generado en la vida de los menos favorecidos y lo mucho que estos necesitan cualquier ayuda inmediata que se les pueda dar. Para ellos un cambio a seis años es de poca utilidad cuando no pueden asegurar lo que van a comer al día siguiente.

La pregunta es entonces cómo podemos romper este círculo vicioso. Sin duda, la participación responsable de quienes dentro de la sociedad civil organizada se pueden dar el lujo – porque en México resulta un lujo- de votar y apoyar la mejor propuesta es clave. Muchos son los que siguen votando por los partidos hegemónicos, o por quienes están en el poder por el hecho de ser una fuente de empleo y de contratos. Esto sucede sobre todo en lugares donde no hay un desarrollo industrial o una clase empresarial fuerte. Existe un miedo latente a quedar mal, a quemarnos, a que nos dejen fuera del reparto del pastel. Romper la dependencia que la ciudadanía tiene del gobierno es clave para terminar con el vicio que existe en cada campaña política.

En un mes las elecciones del Estado de México nos demostrarán qué puede más, el hartazgo o las maquinarias partidistas existentes. Se trata de una contienda de dos, en donde la candidata ciudadana no figurará. Sin embargo, aún queda un año para las elecciones de 2018 y ya varios ciudadanos se perfilan.

El caso de Francia nos ha demostrado que es posible apoyar a un candidato fuera del régimen de partidos al que estamos acostumbrados. La diferencia es que en Francia no hay tanta pobreza como en México y resulta más difícil comprar votos. Si queremos que algo así pase necesitamos participar todos y no solamente expresarnos en las redes sociales. Necesitamos tomar las ideas, las quejas y el enojo para canalizarlos en acciones que nos lleven a estar mejor. Necesitamos hacer lo que nos corresponde. n

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