Subjetivaciones rockeras / Dos recomendaciones discográficas (y ‘post data’)

Subjetivaciones rockeras / Dos recomendaciones discográficas (y ‘post data’)

Colliding Parallels – A matter of perspective (2016)

 

Colliding Parallels es una banda originaria de Quebec, Canadá, que incursiona desde 2012 en el denominado metal progresivo. La agrupación está conformada por Antoine Letourneau, en batería y sintetizador; Martin Denis, en la guitarra, y Roberge-Vallieres, en la voz, bajo y sintetizador, quienes en conjunto logran resumir todas las características que han hecho del metal progresivo un estilo muy respetado en esos dos ámbitos, sin dejar de lado su propia sonoridad y un notorio toque contemporáneo.

 

Colliding Parallels tiene la capacidad de captar la atención del escucha desde los primeros acordes, ya que suele jugar con los contrarios, al brindar texturas sonoras caracterizadas por una sutil aspereza, así como por el hecho de recrear ambientaciones de tensa melancolía, brindando un constante dejo para lo imprevisto; sin duda, nos referimos a una banda digna de todo reconocimiento. Pese a los años recorridos, la banda acaba de editar su primer disco en 2016, titulado A matter of perspective.

 

Russian Circles – Enter (2006)

 

El sonido de la banda que a continuación se recomienda es, de facto, imponente, y opta por sonidos crudos, poco estilizados o ecualizados, pero espesos y envolventes. Russian Circles se formó en el año 2004, y no procede precisamente del remoto país oriental, sino de Chicago, Illinois. La banda se ubica en el estilo denominado post, oscilando entre el rock y el metal.

 

El hecho de que la agrupación sea un trío conformado actualmente por Mike Sullivan, en la guitarra; Dave Turncrantz, en la batería, y Brian Cook, en el bajo, le permite a cada instrumento hacer notoria su presencia estableciendo un diálogo que difícilmente se da en bandas con más integrantes, o en aquellas en las que suele haber uno o varios integrantes, de los denominados “virtuosos”.

 

Russian CirclesMuy por el contrario, en Russian Circles se aprecia en el amplio sentido de la palabra la discreción y la sobriedad de sus integrantes, que hacen de la propuesta un concepto sólido y genuino, con sonidos que, como se mencionó líneas arriba, suelen remontarse a lo más esencial en el rock pesado y con temas instrumentales que siempre deparan giros imprevisibles e inimaginables, lo que hace más emocionante su escucha.

 

Russian Circles tiene en su haber seis producciones discográficas, de las cuales, quien esto escribe ha escuchado tan sólo tres, mismas que me han dejado la grata necesidad de volverlas a escuchar una y otra vez; entre ellas, está su primer disco, titulado Enter, que ya preludia lo que sería la trayectoria del grupo. Muy recomendable para cuando se trae la pila baja.

 

Post data 1: Me parece muy interesante la compleja situación por la que atraviesa mi país. Los fenómenos sociales se han tornado difíciles y da la impresión de que la realidad nos rebasa y nos abruma. Hay temas complicados en lo nacional y en lo internacional que, si bien no soy, ni por mucho, la persona indicada para abordarlos, no por ello dejan de afectarme directa e indirectamente, y por lo tanto, eso me brinda cierto derecho de opinar un poco al respecto, o dicho de otra manera, de ejercer mi ciudadanía.

 

De entre los fenómenos que más llaman mi atención, está el internacional llamado “Trump”, en alusión, desde luego, a las acciones que ha tomado en los últimos días el presidente de Estados Unidos, recién entrado en funciones, Donald Trump, y las afectaciones que implican y que, hay que decirlo, seguirán representando para nuestra nación.

 

No dejo de sentir coraje e indignación por ello; no comparto las medidas tomadas por el citado personaje, ya que soy mexicano y me siento orgulloso de serlo, y por lo tanto, me duele mi país, ya que para este servidor, México (que como lo he dicho antes, es muchos Méxicos) está más allá de sus grupos políticos y (dicho sea con todo respeto) de quienes lo conducen.

 

Lo que no alcanzo a comprender es el chovinismo que de pronto parecen promover aquellos que, en su momento, tal como lo dicen algunos prestigiosos analistas, promovieron reformas que más que beneficiar, nos han colocado en una situación complicada. Pienso (y lo digo con toda modestia) que ese camino (el chovinista), lejos de favorecer, remotamente podría llevarnos a gestar un nacionalismo que haría más difícil ver con objetividad la situación, y sería, además, responder con la misma moneda, lo que a final de cuentas resultaría, creo, contraproducente.

 

He hablado en otras entregas sobre la importancia de la crítica, de la reflexión y de la autocrítica, y me he percatado que en México adolecemos de eso. Aún recuerdo la indignación que provocó aquel comentario que se hizo respecto a que los niños mexicanos sabían mejor quién era el ratón Miguelito que Miguel Hidalgo. Ciertamente, aquello fue bastante desagradable, pero tampoco escuché a quien replanteara la pregunta desde una postura reflexiva y autocrítica.

 

Estoy totalmente de acuerdo en que los mexicanos debemos defender nuestra dignidad, pero a su vez, tenemos que hacer una valoración honesta, aunque pueda resultar incómoda e incluso molesta, sobre lo que hemos hecho o dejado de hacer, directa o indirectamente, y de qué manera nos ha perjudicado como sociedad. Recuperemos nuestra memoria, tanto de largo como de corto alcance, no está por demás tener presente aquel aparentemente trillado dicho de que “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”.

 

Cierto, es indignante y nos lastima lo que ha manifestado, así como las determinaciones que ha tomado el mandatario de Estados Unidos, y desde luego que se tiene que actuar en consecuencia, pero debemos considerar también que esta situación representa un paradigma, y en ese sentido, la posibilidad de replantearnos como país y como mexicanos.

 

Hay que recuperar, pienso, eso que el decadente neoliberalismo nos robó, como ese respeto por las manifestaciones culturales y artísticas, pero también por las vilipendiadas humanidades, no verlas ya como meros accesorios u ornatos, sino como lo que son: motores de desarrollo social; voltear hacia dentro y promover el crecimiento interno, tanto en lo económico como en lo social, sin permanecer indiferentes a lo que sucede allende nuestras fronteras.

 

Evitar caer en esa idea de que ahora no consumir productos estadunidenses, ni rechazar todo lo que provenga de allá, pero sí privilegiar y preferir lo que se produce en nuestro país. No se debe, pienso, despreciar a un país por las determinaciones de sus mandatarios, ya que, como lo comenté líneas arriba, los países, las naciones, trascienden a sus políticos, a sus gobernantes. Insisto, promovamos la crítica, la reflexión y, por supuesto, la autocrítica, sin verla como una confrontación, sino como un diálogo provechoso y constructivo; en fin, es una parte de mi humilde opinión, pero ¿usted qué opina, estimado lector?

 

Post data 2: Aprovecho el espacio para extender una atenta invitación a los lectores para escuchar todos los miércoles, a las 20:00 horas, el programa radiofónico El rostro de Dionisos, en el que se habla de arte, cultura y humanidades, y en el que escucharemos interesantes propuestas rockeras. La cita es en www.radiokaosrock.com.

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