Constitución de 1917: ya no existe más

Constitución de 1917: ya no existe más

La Constitución de 1917 se planteó originalmente como una mera reforma de la Constitución de 1857, pero resultó otro proyecto constitucional por virtud de un grupo que, ya instalado el Congreso Constituyente, hizo modificaciones esenciales al proyecto presentado por Carranza. Este último hizo una propuesta (borrador) que cambiaba la idea de la de 1857, en el sentido que ésta depositaba el poder en el Legislativo. Venustiano legalizó la parte negra de la Constitución de la Revolución Mexicana: la institución del poder omnívoro del presidente. El funesto presidencialismo. Ya desde los debates entre los liberales del siglo 19, se proponía (como lo hizo Francisco Zarco) hacer de México una República parlamentaria, lo cual (dicho sea de paso) los constitucionalistas pro-villistas reivindicaron.

El constituyente de 1917 creó novedades esenciales que terminaron definiendo el proyecto constitucional completo, a pesar de los carrancistas, que perdieron las votaciones frente aquellos que se propusieron crear un artículo especial para darle garantías a los derechos de los trabajadores (el 123), que dieron enorme relevancia a la educación y crear una visión social de la propiedad nacional (artículo 27). Fue el grupo que se autodenominó como ‘los jacobinos’ (entre los que resaltaba el general Mújica, futuro operador político de Cárdenas), el que hizo posible que los artículos 123 y 27 existieran. En este último toda la propiedad de tierras y aguas es originariamente de la nación, y se daba permiso de uso y usufructo a ciertos particulares. Es decir, el origen de la propiedad estaba en la nación y no en el derecho individual, como lo señalaba la dogmática liberal. Pero todo esto ha sido destruido en los últimos sexenios.

Tanto la Constitución de 1857 como la de 1917 son producto de sendas rebeliones populares; la de Ayutla en la primera, y la conocida Revolución Mexicana en la segunda. Y existe otro paralelismo: la primera fue nulificada por el gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, que sin cambiarla textualmente nulificó su dogmática (su esencia) que sustentaba la soberanía en el pueblo y el gobierno republicano. Y ahora pasó algo similar: los gobiernos neoliberales de los últimos sexenios, cambiando parte por parte, han destruido la dogmática completa de la Constitución de 1917. Y si ya es otra dogmática, entonces es OTRA Constitución. Ya nada queda de los derechos consagrados en el artículo 123, la propiedad social establecida en el 27 y los rasgos de gratuidad y centralidad que se le daba a la educación. Sólo ha sobrevivido el presidencialismo autoritario carrancista. Esta Constitución de dogmática neoliberal no fue producto de un constituyente, sino de cambios graduales en la misma dirección, que a su vez son producto de una revolución conservadora que nunca estalló, sino sólo ocurrió. Así las cosas, ahora que se han visto las consecuencias infames de las reformas neoliberales, debemos plantearnos la necesidad de un nuevo constituyente que restablezca el interés público, la soberanía popular y los derechos de la nación. ¿O tendremos que esperar una segunda Ayutla?

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