A 110 años del nacimiento de José Minero Roque

A 110 años del nacimiento de José Minero Roque
El Dr. José Minero Roque, inaugurando una exposición en el Teatro Fernando Calderón. 1956. Archivo Minero Roque.

La Gualdra 278 / Editorial Gualdreño

 

José Minero Roque sucedió en el cargo como Gobernador del Estado a Leobardo Reynoso en 1950. Se distinguió como un hombre culto que durante su mandato le dio una gran importancia a la difusión de la cultura y las artes en el Estado. Este el 2 de febrero se conmemora el 110 aniversario de su nacimiento y con este motivo, deseo compartir con ustedes algunos datos sobre su vida y su legado. Su historia es la de un hombre sencillo, nacido en Nochistlán, Zacatecas, que desde pequeño mostró una avidez por el conocimiento.

En 1926 ingresó al Pontificio Colegio Pio Latino y estudió ahí historia de la filosofía, sicología experimental, latín, griego clásico, dos cursos de italiano y un curso de hebreo; asimismo, practicó los idiomas francés y portugués. Se tituló como Doctor en Filosofía en 1929. A su regreso a México, ingresó al Instituto de Ciencias, donde finalmente se tituló como abogado, una carrera más afín a la política.[1] Pese a que estuvo ligado siempre a la imagen de su antecesor, a diferencia de éste, Minero Roque supo distinguir su gobierno al amparo de la cultura. Eso quedó claro desde el inicio de su gestión, cuando manifestó su deseo de crear el departamento de Cultura y Turismo del Estado, así como la de crear también el primer Museo del Estado y el de una comisión que velara “por la conservación y mejor conocimiento de nuestro patrimonio arqueológico, histórico y artístico”;[2] el Museo del Estado, anteriormente conocido como de Arte Huichol, comenzó a funcionar en el edificio anexo al Instituto de Ciencias en 1955.

Su interés por las artes plásticas propició que durante su administración se programara una serie de exposiciones de los artistas mexicanos más importantes de la época. Esas exposiciones son significativas porque marcaron el inicio de una serie de actividades que habrían de realizarse con el auspicio del INBA y con la colaboración de Francisco Goitia; entre otras, la fundación del Instituto Zacatecano de Bellas Artes.

Fue en el Seminario de Cultura, el organismo que editaría el discurso completo que, con motivo de la inauguración de la edición X de los Cursos de Primavera del Instituto de Ciencias, el gobernador dictara el 16 de abril de 1956. En él, habla de todo aquello que lo impulsó a emprender un proyecto de gobierno que tuviera como eje principal la promoción de las artes y la educación:

 

Nuestro pueblo tiene derecho a que se le develen los misterios del saber y a que se le brinden los goces de la belleza; tiene derecho a disfrutar de la cultura en todas sus manifestaciones: filosofía, ciencia y arte. Nuestro pueblo no tiene la culpa ni de su miseria ni de su ignorancia, y nosotros, los mejor dotados intelectualmente, sí estamos obligados a liberarlo de la una y de la otra. […] Urge seguir cultivando el espíritu de nuestras gentes, ya que el espíritu es fuente de nuestros conocimientos, de nuestros sentimientos y de nuestros movimientos. Urge cultivar el espíritu de nuestras gentes, ya que el espíritu es lo único que las hará libres y mejores, en el connubio misterioso con la verdad, el bien y la belleza.[3]

 

El discurso continúa pidiendo que le den seguimiento a lo logrado hasta ese momento, hasta parece que presintiera que los siguientes gobernantes en turno tratarían de borrar de la memoria colectiva su legado:

 

Debemos seguir familiarizando a nuestro pueblo con las creaciones de nuestros pintores, grabadores, escultores y arquitectos; debemos seguir deleitando con las obras de los grandes músicos nuestros y de los grandes músicos universales; […] El cultivo del espíritu es requisito de nuestro progreso integral, como individuos y como colectividad. Sin ese cultivo los hombres y los pueblos se deshumanizan y se convierten en sórdidos materialistas. El pueblo de Zacatecas debe continuar siendo lo que ha sido hasta ahora: profundamente humano, sencillo y bueno; laborioso y valiente, abnegado y heroico; amante del progreso y de la libertad, celoso de los intereses de su tierra y de los intereses de su patria. En una palabra, debe continuar siendo un pueblo idealista.[4]

 

José Minero Roque se retiró de la política en 1956 y se dedicó los últimos años de su vida a la academia en la Ciudad de México, lugar donde murió en el año de 1978. Seguiremos hablando de él, porque personajes como éste, contribuyeron a la construcción de un nuevo orden cultural en Zacatecas durante el siglo XX y merecen ser reconocidos.

Que disfrute su lectura.

 

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[1] Robles de la Torre, José, “Personajes en la historia de México. Gobernadores de Zacatecas”, Columna “Nosotros”, El Siglo de Torreón, 23 de agosto de 2005, en: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/166194.personajes-en-la-historia-de-mexico-gobernadores-de-zacatecas.html

[2] Suplemento Provincia, Periódico Provincia, Zacatecas, 28 de abril de 1951.

[3] Minero Roque, José, La cultura y el pueblo zacatecano, México, Seminario de Cultura Mexicana, 1956, pp. 3-4.

[4] Idem, p. 4.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_278

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