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Sanarnos para curar la Tierra

Sanarnos para curar la Tierra

“La verdadera paz entre las naciones

sólo será posible cuando haya verdadera paz

en las almas de las personas”

Lakota Sioux

Al pasar por algunas etapas de nuestra vida llegamos en ocasiones a la conclusión de que nos hemos perdido en el camino, que nuestra esencia como seres humanos nos ha abandonado o que con el cambio de piel, el zurrón se quedó con todo aquello que daba forma a nuestra identidad como individuo, por lo que después de mucho andar, luchar, sobrevivir y afrontar una serie de obstáculos, volteamos la mirada y la brecha que nos precedía, se pierde en el horizonte sin darnos la oportunidad de recordar el punto de inicio de nuestro andar. Cuando esto pasa, me acuerdo de mi infancia y evoco algunos pasajes de mi existir que me colocaron en alguna determinda encrucijada, pienso en lo difícil que fueron para mí, algunos años y los comparo con los problemas del presente; analizo las limitadas habilidades con las que contaba entonces para salir exitoso de las adversidades y, concluyo que mi inexperiencia y mi endeble caparazón humano, me alejaban cada vez más del tan anhelado triunfo personal y profesional. En este contexto, creo que lo mismo le pasa a la humanidad pues hemos olvidado nuestras cualidades y cada vez más, nos alejamos de los orígenes que nos son comunes, dejamos atrás la sensibilidad de ser parte de esta gran esfera azul llena de complejidades y círculos viciosos. El hombre moderno ha dañado significativamente a la Madre Tierra y, en algunos casos, las futuras generaciones verán a través de documentales, especies de animales y plantas que se han extinguido, otros más, tendrán que adaptarse a las variaciones de temperatura que pondrán en entredicho la permanencia misma de los humanos sobre la faz del Planeta. El cambio climático identificado como el peor desequilibrio ecológico que ha generado nuestra especie, repercute ya en los polos de la Tierra provocando un incremento en los niveles del mar; en cuanto a los recursos hídricos, si no están contaminados por desechos industriales o mineros, se encuentran en un estrés preocupante que ponen en peligro la soberanía alimentaria, pudiendo incrementar peligrosamente los niveles de pobreza y hambre que afectan a millones de personas, ante la indiferencia de los grandes capitales cuyo único propósito es competir por los primeros lugares de la riqueza mundial. Ante este escenario, es indispensable recuperar el modo en que las poblaciones indígenas se relacionaban con la naturaleza; si no aprendemos de ellas, el camino hacia el precipicio es inevitable. Los indígenas ven en los elementos naturales a sus deidades y pilares fundamentales de sus tradiciones, por lo cual, el respeto y el cuidado de la naturaleza constituyen la esencia misma de su existir. Por ejemplo, en la mitología cosmogónica de los huicholes (Wixárikas) se encuentra la concepción de que, en los orígenes del tiempo, todas las cosas que existían, ya sea plantas, animales y seres humanos, formaban una unidad indiferenciada, en la cual, éstos convivían entre sí, sin problemas de comunicación alguna, ya que todos se hablaban y se entendían, compartiendo un mismo lenguaje; para esta cultura, todo el mundo es una “gran casa”, una comunidad (kiekari); las fuerzas o elementos de la naturaleza son considerados antepasados y parientes, por lo tanto, el centro del mundo se ubica dentro del territorio huichol. En este sentido, lo que la cultura huichol considera su universo, va más allá de los límites territoriales de la sierra donde ellos habitan, involucrando otras regiones naturales colindantes, como son la zona lacustre del lago de Chapala al sur, la zona serrana de Durango al norte, la planicie desértica al este y el océano pacifico al oeste; las fronteras no existen para estas culturas ya que en estos territorios se ubican una serie santuarios compuestos cada uno por una multitud de lugares considerados sagrados, que son visitados periódicamente a través de un peregrinaje ritual. Ver el mundo de esta manera, representa una posibilidad de sensibilizarnos nuevamente ante la grandeza del mundo, de tal suerte, el progreso y el desarrollo de nuestras civilizaciones no debe depredar ni contaminar en aras de la modernidad, por lo que aprovechar racionalmente los recursos naturales y dejar a las siguientes generaciones las condiciones de subsistencia idóneas, evitará el caos socioambiental de grandes dimensiones que hasta hoy se advierte ineludible, necesitamos pues, recuperar el conocimiento tradicional para sanar la Tierra. ■

 

*Integrante del Consejo Mundial para la

Defensa de los Derechos Humanos

[email protected]

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