‘Cuantofrenia’ o el agobio en la educación

‘Cuantofrenia’ o el agobio en la educación

La Gualdra 274 / Educación

 

Andrés Villena Oliver, docente de la Universidad de Málaga, acaba de acuñar un nuevo concepto para designar la preocupación de los docentes universitarios por estar dentro de los estándares de calidad académica, cosa que se refleja en todas y cada una de las universidades e instituciones educativas del mundo, y que se refiere, como él bien señala a “la muerte del intelectual y el auge del burócrata ilustrado”.

Debido a la carrera burocrática en pos de un estímulo en moneda, los docentes de hoy día se han dado a la tarea de publicar artículos en revistas especializadas que cumplan la normativa de calidad dentro del ámbito científico, lo cual se traduce en una producción de artículos de alto impacto y a vapor que aleja al docente investigador de su objetivo principal: la investigación de fondo y la vida académica, pues como señala Villena, se “tienen serias consecuencias en la formación que reciben los alumnos, en las condiciones de trabajo del personal docente y en el impacto que tienen sus investigaciones en la sociedad”.

El problema en sí, señala, no es el que sean evaluados por su trabajo, sino en el instrumento, pues la publicación de estos artículos ocupa un lugar central y deja de lado lo demás. Asimismo, la tarea del docente se intensifica, como bien señala, Carlos Fernández Rodríguez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, pues aparte de dar clases, se tiene que investigar, gestionar fondos, ir a congresos, publicar, evaluar, entre otras cosas, para poder lograr con ello un estímulo económico y el reconocimiento académico.

El fin último del profesor son los números que produce el resultado de su trabajo. Lo triste del asunto es que quienes evalúan su trabajo son empresas privadas que utilizan criterios matemáticos para ello, por lo que el contenido parece pasar a un segundo plano reduciendo su complejidad, y el proceso para llegar a ello es un trámite burocrático.

No es difícil darse cuenta de ello. Si nos asomamos por un instante a algunas instituciones educativas, podemos ver cómo aquéllas que están insertadas en un programa de calidad se han dado a la tarea de someter a sus profesores a una vertiginosa carrera que les exige toneladas de trabajo, al igual que a sus alumnos. La educación se convierte en una empresa que exige productos a sus miembros.

Por otra parte, las escuelas que no pertenecen a estos programas siguen su ritmo de trabajo sin descuidar sus contenidos; sin embargo, la falta de apoyo económico, no sólo por parte de los programas de calidad sino también de su propia administración, se ven reflejados en su infraestructura.

El humanismo en la educación parece haber sido sacrificado en pos de la explotación y la producción. Antes no se necesitaban instituciones evaluadoras para que las universidades arrojaran resultados y para que su investigación y docencia fuera exitosa. Los programas de calidad son ajenos a las instituciones, buscan, en el fondo, crear una red de control y dominio sobre aquellos puntos que pudieran afectar los intereses económicos y políticos del sistema neoliberal.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/274

 

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