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“La historia moderna no le da un lugar adecuado a Porfirio Díaz”

“La historia moderna no le da un lugar adecuado a Porfirio Díaz”
Aspecto de la presentación del libro ■ foto: La Jornada Zacatecas

■ Presenta tataranieto del personaje Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La guerra 1830-1867

“De aquí somos efectivamente nosotros los Tello. De hecho venimos a una reunión familiar para celebrar que mi primo Alejandro Tello fue electo gobernador de Zacatecas; vine con mi familia”, dijo a modo de preámbulo a la presentación de Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La guerra 1830-1867, su autor y tataranieto del personaje, Carlos Tello Díaz.

El evento tuvo como asistentes, sí a la familia Tello. Entre otros de sus integrantes, al economista, diplomático y político, Carlos Tello Macías, quien ocupara entre otros encargos las titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y de la de Programación y Presupuesto; actualmente y desde hace muchos años catedrático de la UNAM, y al propio gobernador electo, Alejandro Tello Cristerna, quien en la última pregunta dirigida al exponente abordó el tema de la reivindicación histórica de la figura de Porfirio Díaz.

“Mi pregunta es muy concreta, es si hoy la historia moderna de nuestros días, le está dando un lugar adecuado a Porfirio Díaz”, dijo Tello Cristerna.

-“Mira yo creo que no”, respondió rápida y contundentemente Tello Díaz.

Dijo que en su libro habla de la vida del ex presidente de México pero también del tiempo que le tocó vivir, uno todavía con costumbres heredadas de la época de la Colonia y que tenía en el Ejército y la Iglesia a dos de sus instituciones más poderosas.

En un país recientemente independizado pero aún “colonial”, los mexicanos dividieron sus posturas entre quienes buscaban adecuar su realidad “a los nuevos tiempos” pretendiendo hacer leyes que correspondieran con las costumbres y la tradición, mientras que otros “decían vamos a romper radicalmente con esta herencia” educando con valores liberales a las nuevas generaciones a fin de sentar las bases de un México moderno.

Así caracterizó respectivamente a los conservadores y los liberales, últimos entre quienes inscribió a Porfirio Díaz, además dentro del ala radical, “los llamados puros o rojos”, no obstante que en su infancia y juventud tuvo cercanía por vínculos familiares con sacerdotes y él mismo estuvo en camino de ordenarse.

El que es conocido en México como “el dictador” amén de haber transcurrido más de 30 años de su vida en la Presidencia de la República, también fue masón.

El elemento era importante entonces, ya que las logias masónicas en ausencia de los partidos políticos ofrecieron la oportunidad para quienes tenían inquietudes políticas de “reunirse e incluso conspirar”, comentó.

Las cualidades de liberal radical y masón las compartió Díaz con Benito Juárez, a quien debe su cambio vocacional, pues fue hasta que cumplió 19 años y derivado de un encuentro efectuado el 28 de diciembre de 1849 con él, que Díaz abraza la causa liberal y decide dejar la carrera de la Iglesia.

Entre los elementos que Carlos Tello Díaz destacó de su tatarabuelo, y en la visión desde la que él aborda la historia, una en que no contrapone a los personajes por bandos sino los aborda desde sus “similitudes”, fue el tema de la modernización del país.

Comentó que Porfirio Díaz “descubrió el progreso en el Itsmo de Tehuantepec”. En el México de hace 200 años acotó, “la mayoría de la gente vivía de manera muy austera, mucha gente pasaba incluso, hambre en Oaxaca en la década de los 30 del siglo 19. No existía lo que los economistas llaman el crecimiento económico” originado por la Revolución Industrial.

En los años 50 de aquella centuria Díaz era comandante militar y jefe político del Itsmo, zona que se volvió importante porque luego de descubrirse oro en California (territorio que había perdido México recientemente ante los Estados Unidos) era necesaria una ruta más corta para llegar de la costa Este a la costa Oeste de aquel país.

Díaz atestiguó así la presencia de la compañía Louisianesa de Tehuantepec “que quiso construir un ferrocarril para unir los dos océanos”, una idea que tiene su origen desde la época del conquistador Hernán Cortés.

Agregó también que a Porfirio Díaz se le identifica con los ferrocarriles y el crecimiento económico, pero el primero de estos transportes que unió Veracruz y la Ciudad de México, se empezó a construir en tiempos de Juárez y aun los franceses de la Intervención habrían colaborado.

En el contexto de este “crecimiento económico” se presentó otra división entre los mexicanos respecto de la construcción de los ferrocarriles, la de quienes querían eximir del tema a los norteamericanos luego de que el país perdió la mitad de su territorio y veían en ello pretensiones de “seguir anexando territorios”, y otros que como Díaz, querían convertirlos “en socios comerciales”.

Aquí recuperó el tema de las elecciones fraudulentas al que se asocia frecuentemente el nombre de Porfirio Díaz, pues dijo que las inversiones norteamericanas en ferrocarriles ya se hacían antes de que éstas se
celebraran.

“Ciertamente eran elecciones fraudulentas pero esas mismas también se hacían en tiempos de Lerdo y en tiempos de Juárez, porque la Constitución de 1857 dio el sufragio a todos los mexicanos hombres mayores de 21 años, quienes a finales del siglo 19 eran analfabetos en 90 por ciento, de manera que era difícil que esta gran masa de población fuera realmente consciente de sus derechos y de sus obligaciones políticas y acudieran a votar como lo deseaban los Constituyentes del 56. No era posible que eso sucediera”.

Lo que sí sucedió dijo, fue que “desde tiempos de Benito Juárez, la autoridad, el Estado, “organizaba las elecciones y las llevaba en el sentido que quería”, por lo que este tema no es de “buenos y de malos” como los plantea la historia oficial sino que observó, “le tocó a todo mundo”, algo que busca evidenciar en su libro.

El recuento de la vida que Carlos Tello Díaz hizo de Porfirio Díaz, tendrá seguimiento en dos volúmenes siguientes. En el primero que presentó el pasado viernes en la Petroteca del Antiguo Templo de San Agustín, se aborda la infancia del oaxaqueño y su juventud. La temporalidad en que las inscribe concluye con la ocupación que hizo de la ciudad de Puebla y el triunfo en la Ciudad de México contra el Imperio de Maximiliano de Habsburgo, plaza que entrega a Benito Juárez con quien se conflictuaría más tarde por el tema de la reelección.

El escritor opuso los conceptos de “historia oficial” a “historia documentada en archivos”. Dijo que la primera se escribió a partir del triunfo de la Revolución que derrocó a Díaz y se estableció como “fuente de legitimidad del régimen bajo el cual vivimos hasta finales del siglo 20”.

Antes había hecho la observación de que las historias oficiales, no solo la mexicana, dividen a los personajes históricos en bandos de buenos y malos, explicó, “para tratar de dar una versión quizá más fácil de comprender”.

Entre las dos historias, “la oficial” y “la documentada” hay un diálogo dijo, “incluso una tensión constante”. Así recordó que a mediados de los años 90 del siglo pasado Carlos Salinas de Gortari “quiso acercarlas” mediante la elaboración de nuevos libros de texto, que finalmente fueron destruidos según supo recientemente por presión del Sindicato de Trabajadores de la Educación.

La presentación de Porfirio Díaz, su vida y su tiempo. La guerra 1830-1867, estuvo a cargo del docente investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, el historiador Marco Antonio Flores Zavala. Tuvo comentarios asimismo de Gustavo Salinas Íñiguez, titular del Instituto Zacatecano de Cultura, órgano que auspició el evento.

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