La política para la Educación Superior: tragedia, fracaso e indiferencia

La política para la Educación Superior: tragedia, fracaso e indiferencia

Al inicio del sexenio del actual Gobierno Federal se estableció la meta de aumentar la cobertura de la educación superior y media-superior en México. Pero ésta meta ha sido incumplida. Se estableció el plan de 2011-2021 para paulatinamente alcanzar las metas prometidas, y llegar al 60 por ciento de atención de jóvenes demandantes de educación superior, lo doble de la actual cobertura. Y así, al menos, acercarse a países como Argentina que ya cubre el 60 por ciento. ¿Y cuánto se ha avanzado en esa meta? Nada. Las metas en política educativa han sido totalmente nulas. Es una paradoja que pasamos por la parte más gruesa del bono demográfico y 7 de cada 10 jóvenes estén fuera de las aulas universitarias. La prometida coordinación entre la planeación de oferta educativa y mercado de trabajo también ha sido un fiasco: nada. En Zacatecas tenemos apenas un poco más de 40 mil jóvenes en las universidades de todos los subsistemas y en contraste tenemos 120 mil ninis. Y llevamos todo el sexenio estatal sin avanzar en la cobertura universitaria. La presencia de las universidades privadas es realmente muy baja, apenas el 11 por ciento de los estudiantes está en estas opciones, y la mayoría de baja calidad. Así, casi el 90 por ciento está en las escuelas públicas: en la universidad tecnológica, las politécnicas, los institutos tecnológicos, y el grueso, en la UAZ. Esta última es de las universidades más baratas del país: tiene un costo por alumno de 50 mil pesos, frente a Tamaulipas que rebasa los 90 mil. Pero ni así se amplía la cobertura. Al contrario, cuando la UAZ creció lo hizo a costa de sí misma (de la seguridad social de los profesores) y no por el aumento del apoyo del Gobierno del Estado. El de Zacatecas es de los gobiernos que menos apoyan a su universidad, si acaso lo hace con un 15 por ciento de su presupuesto.

En el Plan Estatal de Educación nunca se estableció la meta de crecer la cobertura de educación superior. Increíble pero así es. Y de lo que se propuso en este rubro casi nada se cumplió. El 1 por ciento a ciencia y tecnología, o el Sistema Estatal de Vinculación de la educación superior, o el seguimiento de egresados: nada. Metas muy pobres, y aun así, incumplidas. La composición social de los estudiantes es un dato muy importante: no sólo son pocos los jóvenes estudiando una carrera universitaria, sino que los que lo hacen son de estrato económico favorable; es decir, los pobres están excluidos. Únicamente el 0.1 por ciento de los jóvenes de pobreza extrema rural está dentro de las aulas, y el 5 por ciento de la urbana. El nivel de exclusión es monstruoso. Mientras las familias más ricas absorben el 13 por ciento del gasto público en educación. Por ello, nos queda claro que la política pública para educación superior ha sido un gigantesco fracaso y, a los ciudadanos, nos urge que sea una política exitosa, porque ahí nos jugamos la posibilidad de movilidad y de superar las brechas ominosas de desigualdad en las que vivimos. Pero a los gobiernos parece que le es indiferente esta cuestión.

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