Un rockcito para todos los roles / Sus Satánicas Majestades, Los Rolling Stones (Continuación)

Un rockcito para todos los roles / Sus Satánicas Majestades, Los Rolling Stones (Continuación)
‘Undercover’ se titula este álbum de 1983, de donde se proyectaron ‘Undercover of the night’ y ‘She was hot’ hacia todas las discos del mundo, donde casi el rock se convierte en palabra muerta

Tras el intercambio cultural con los compas de Guadalajara que se sentaron a un costado, las notas características del clásico rocanrol aún flotaban en el aire ese jueves 17 de marzo en el Foro Sol, cuando Jagger, en un perfecto castellano, agradecía –muchas gracias – “Hola México, Viva México cabrones”. Unos enormes coros a cargo de P. Sara y Sasha Adams abren la rítmica rola Tumbling dice. La rola te situaba en una década que te ha llenado el alma de grandes emociones, semblanza pura de una juventud en pleno; Ron Wood y Keith Richards dándose vuelo ante una audiencia que no paraba de seguir atada a sus recuerdos, grandes batallas libradas entre dados y frases incendiarias. “…Las mujeres piensan que soy un loco y siempre tratan de gastarme y me hacen quemar la llama rápidamente, pero nena, nena, no necesito joyas en mi corona porque todas las mujeres son tramposas, haciendo trucos, no sé cómo, pero, nena, me vuelvo loco, hay fiebre en el casino” (Tumbling dice).

“Qué chingón estar de vuelta; espero que este concierto esté mejor que el primero”, Jagger, en el escenario. Nuevamente, los coros nos remontan a Out of control, del Bridges of Babylon, una rola pletórica de blues. Jagger en la armónica, metiendo a cada uno a las notas de carácter tristón, a una rola inspirada en Papa was a Rolling Stone. “…Estuve fuera, en la ciudad, estuve fuera, en la lluvia, estuve sintiéndome destrozado, estuve bebiendo otra vez, estuve parado en los puentes donde el agua oscura parece volar, estuve hablando con un extraño por largo rato, fui joven, fui tonto, tuve hambre, estuve vacío, tuve suerte. Dime ahora cómo he cambiado, ahora estoy fuera, sí, fuera de control, oh, ayúdame ahora” (Out of control).

Atención, la canción ganadora que México pidió es Let’s spend the night together, la rola que los coloca como la banda que gritaba al sistema, la banda irreverente, que exigía libertad en todos sentidos. “…No te preocupes por lo que tienes en la cabeza, no tengo prisa, puedo darme tiempo, me estoy poniendo rojo y la lengua se me traba, estoy fuera de mí y la boca se me está secando, estoy en onda, pero trato, trato, trato, pasemos la noche juntos, ahora siento con tanta fuerza, que no puedo ocultarlo, pero no puedo disculparme” (Let’s spend the night together).

Éste es el álbum ‘Goats head soup’ de 1973, que contiene la rolísima para enamorados ‘Angie’, de esas rolas que guardamos muy escondidas para que no sepan que también nos cacaraquea la glándula bacardíaca
Éste es el álbum ‘Goats head soup’ de 1973, que contiene la rolísima para enamorados ‘Angie’, de esas rolas que guardamos muy escondidas para que no sepan que también nos cacaraquea la glándula bacardíaca

“Gracias. Esta rola es para los mexicanos románticos”, inquiría Jagger, mientras Keith Richards hacía sonar su guitarra de caja los conocidos arpegios que evocan –para personajes como un servidor– la extrañeza y la melancolía de cuando se tienen los dulces dieciséis, en ese año en que aparece el larga duración, de donde se rescata la rola que Jagger escribió a la esposa de un gran amigo suyo. “…Angie, Angie, ¿cuándo desaparecerán aquellas nubes? Angie, Angie, ¿a dónde nos llevarán desde aquí? Sin amor en nuestras almas, sin dinero en nuestros sacos, no puedes decir que estamos satisfechos. Angie, Angie, no puedes decir que nunca lo intentamos. Angie, eres hermosa, sí, pero ¿no será tiempo de decir adiós? Angie, aún te amo” (Angie).

Estos ‘disquines’, para los que no los conocieron, son unas verdaderas joyas. Les llamábamos EP’s y contenían dos rolas por lado; los tocábamos hasta el amanecer. El primero contiene la legendaria ‘Paint it black’, de 1966, y el segundo, las rolas que involucraron más al rock al conocido Lorenzo, en su andar por estos roles, ‘Under the board walk’ (‘Fue en un café’) y ‘Heart of stone’ (‘Corazón de roca’), de 1967.
Estos ‘disquines’, para los que no los conocieron, son unas verdaderas joyas. Les llamábamos EP’s y contenían dos rolas por lado; los tocábamos hasta el amanecer. El primero contiene la legendaria ‘Paint it black’, de 1966, y el segundo, las rolas que involucraron más al rock al conocido Lorenzo, en su andar por estos roles, ‘Under the board walk’ (‘Fue en un café’) y ‘Heart of stone’ (‘Corazón de roca’), de 1967

“Que increíble es tocar en el Foro Sol”. La sátira y el sarcasmo aparecen cuando Jagger hace referencia a que la próxima semana, aquí mismo, se presentará The Wall, con la participación de Donald El Trump. Los abucheos, silbidos y mentadas de madre no se hicieron esperar y a la de va… Todos coreando la rolísima Paint it black.

Los Stones, en una recopilación que sólo salió en México con ese formato, allá por el año 1977, de donde se desprenden las rolas ‘Honky tonk women’, ‘Jumpin’ jack flash’, ‘Paint it black’ y ‘Let’s spend the night together’, que aún tocan en sus conciertos
Los Stones, en una recopilación que sólo salió en México con ese formato, allá por el año 1977, de donde se desprenden las rolas ‘Honky tonk women’, ‘Jumpin’ jack flash’, ‘Paint it black’ y ‘Let’s spend the night together’, que aún tocan en sus conciertos

“…Miro dentro de mí y veo que mi corazón es negro, veo mi puerta roja y quisiera la pintaran de negro, tal vez me desaparezca y no tendré que enfrentar los hechos, no es fácil hacerlo si el mundo entero es negro”. Sin más preámbulos, ya se escuchaban los conocidos riffs de la rola de las andanzas de cualquier joven en edad de merecer, en busca de mujeres de ambiente. “…Conocí a una reina en un tugurio de Memphis. Ella trató de llevarme al cuarto para jinetearme, tuvo que arrastrarme sobre sus hombros, porque yo estaba borracho, pero no perdido. Es una mujer del talón, más tarde hice lo mismo en Nueva York, tuve que zafarme de una especie de pleito y la dama me cubrió con rosas, me sonó la nariz y me alivianó la mente, es una mujer del talón, dame, dame, dame, el blues del talón, dame, dame, dame, el blues del talón” (Honky tonk women).

“Muchas gracias. La pasamos increíble en México. Comimos tacos con chapulines y gusanos de maguey. ¡Qué buen ambiente hay en México! Siempre se respira aire fresco”, Jagger, previo a la presentación de la banda. P. Sara y Sasha Adams en los coros, Tim y Carl en los saxos, Max on keyboards, Jack Labelle en teclados, Daryl Jones en el bajo, Ron Wood guitar, Charlie Watts from Wembley en la batería y mi compadre Keith Richards en la guitarra líder; por supuesto, al mando, Mick Jagger.

Keith tomó su guitarra de palo, acompañado por Ron Wood para hacer un set acústico. Tocaron She is got the silver y dedicó Happy a su esposa, quien cumplía años ese día. Y que se vuelven a electrificar.

Jagger y Wood, alternando guitarra y armónica, para introducir Midnight rambler, y de lleno al blues de los masters que han influido su exitosa carrera. Un rocanrolote de esos de ambiente, de los que te mueven o te mueven. “…¿Nunca ha visto al vagabundo de medianoche? Todo mundo se tiene que ir”.

“Canten conmigo” –invita Jagger–, y a darle a la época discotequera con I miss you, aquella década ochentera donde casi le arrancan la cabeza al rock mundial. Sasha y Sara, con todo, en los coros de la siguiente pieza, de estruendosos y llegadores riffs medio funkies; la morenaza Sasha soltándose el pelo y, a cada movimiento, levanta tremendos suspiros entre la audiencia; continuamente, acomodaba la diminuta falda negra que se recorría y provocaba al Jagger y al mismísimo demonio. Ese par de piernas y esa voz, en verdad, mueven hasta a las piedras rodantes.

‘Tatoo you’, de 1981, se escuchó en todas los radios y discoteques. Era la época en que se estilaba ir a bailar de esa música para, "anestesiados", si no, estabas fuera de onda. ‘Star me up’, ‘Neighbors’ y ‘Waiting on a friend’ destacaron por sus líricas y musicalidad
‘Tatoo you’, de 1981, se escuchó en todas los radios y discoteques. Era la época en que se estilaba ir a bailar de esa música para, «anestesiados», si no, estabas fuera de onda. ‘Star me up’, ‘Neighbors’ y ‘Waiting on a friend’ destacaron por sus líricas y musicalidad

“Un aplauso para Sasha Adams” pidió el jefe Stone –el agarrón de manos-, y a sonarle con Start me up. Los primeros acordes te obligan a caminar por los senderos encendidos de los ochenta, del Tattoo you.

“…Si me enciendes, si me enciendes, nunca pararé, si me enciendes, si me enciendes, nunca pararé, he andado caliente, me tienes cada noche, eres mi niña, si me enciendes, si me enciendes, nunca pararé, nunca pararé, nunca pararé” (Start me up).

La exuberante morena que llevaba los coros también seguía la cadencia del ritmazo que se armaba cuando escuchas unos teclados aquí, los coros por todo el foro y unos efectos en fondo rojo oscuro, como para dar la impresión  de que estábamos en el magma, en el mismísimo infierno, sintiendo lástima por el demonio mayor. Los guitarrazos sincronizaban sus armonías para engrandecer esta pieza que casi manda a la hoguera a los Stones en aquella etapa de creación sesentera. Una emoción indescriptible cuando la corista entró en éxtasis al movimiento de su inenarrable cuerpo. Richards tomó la batuta y se dejó caer con poderosos guitarrazos que te encerraron en esa calamidad luminosa convertida en fulgurantes llamas en el escenario, mismas que te permitían ver y admirar –aunque no quisieras-, a cada instante, esos movimientos casi pecaminosos, cuando la corista junta toda su humanidad, de espaldas al legendario cantante, en cadenciosas evoluciones circulares, con los infernales coros a todo lo que podían expresar sesenta mil almas convertidas en seguidores de la belleza y la sensualidad.

“…Por favor, permítanme que me presente. Soy un hombre distinguido y de poder, he andado por aquí, desde hace mucho tiempo, a más de un hombre le he robado el alma y la fe. Yo estuve allí, cuando Jesucristo tuvo sus momentos de duda y temor, estuve seguro de que Pilatos lavase sus manos y sellase su destino, mucho gusto en conocerte, espero que adivinen mi nombre” (Sympathy for the devil).

“La última y nos vamos” y que se dejan caer con la rola que más gustaba a Lorenzo cuando escuchaba el Sticky fingers de 1971, el acelere, el alucine, la euforia, la libertad y el sufrimiento posterior. Sí, allí estaban los Stones acompañados de los saxos en perfecta comunión, los teclados, llenando de fantasmales notas el ambiente, y la banda, en los coros, yeah, yeah, yeah. Los riffs de los guitarros, a la vuelta y vuelta, como volantín, y de nuevo yeah, yeah, yeah, entre gritos y movimientos de la banda, que no paraba de accionar en todo el concierto, mientras en Zacatecas, los vividores del pueblo no paran de pedir el voto para su candidato, “quezque” es el mejor, que el menos peor, que éste no es narco pero es marica, que éste no roba porque ya se lo robó su hermano, que la niña bonita de la grilla no ganará porque la otra ya se apañó a los meros meros, en fin, en nada se parece ese circo de los Monreal contra todos los demás, al concierto que sus Satánicas Majestades acaban de ofrecer; finalmente, todos son una caterva de gandallas, falsos profetas y estafadores, que, a la vuelta de la hoja, desaparecen para olvidarse de todo lo que pregonaron en campaña.

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