2015, y “…la delgada cresta sobre la que debemos caminar…” (primera parte)

2015, y “…la delgada cresta sobre la que debemos caminar…” (primera parte)

Vivimos en una época  en la que  el verso  de Saint John-Perse… “Así va el mundo y de ello sólo alabanza tengo”,  se ha convertido en una celebración poética cuyo significado nos genera una fuerte disonancia, mayor aún, en la medida en que continuamos  adentrándonos  en “un siglo al que todos los siglos tienen miedo”.

Un horizonte dominado por el capitalismo “realmente existente”… incompatible  con las  libertades reducidas que siglos de luchas populares habían podido imponer al sistema. Avocado en su huida hacia adelante (suicida/criminal),  en una  mutación “sistémica”, se transforma en un “nuevo animal social-histórico”, metatotalitario: visible en la estrategia de dominación de espectro total: drones, torturas, “marcaje suave” (ligth footprint utilizado en el cerco a Rusia, mirando a China), peligro de una guerra nuclear, hasta la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”,  y un etcétera tan largo como los diversos “teatros de guerra” que se multiplican exponencialmente, en la medida en que las potencias occidentales, pierden su primacía geoestratégica,  (geopolítica/ geoeconómica), ante las potencias rivales, mientras otras dimensiones de la crisis multidimensional se agravan. En ese  interregno nos encontramos. Sumergidos en pleno caos sistémico.

Es -ya- un lugar común, oír, desde hace ya años, desde los inicios de la actual crisis sistémica global (2007), que las diversas teorizaciones (paradigmas, perspectivas, etc.), que no fueran “robustas”, serían rápidamente rebasadas, ante un mundo donde la crisis civilizatoria, se sucede con tal velocidad. Y sin embargo, la repetición teórica sigue anclada a modelizaciones conceptuales  -ideológicas-  que han perdido  -gran parte- de su “adherencia a lo real” y, especialmente, junto con ello, constatamos las dificultades a veces insuperables para convertir tales “orientaciones filosóficas y políticas”  en polos capaces de catalizar  el descontento generalizado, convenciendo razonablemente -e “ilusionando”- a las mayorías sociales -indispensables- para dar un giro a la alienante –demencial- hoja de ruta, que actualmente seguimos.

En esta tesitura, en México, Ayotzinapa se ha convertido en punto de partida de un masivo movimiento, (el mayor en varios años, en donde están presentes, lo sedimentado por muchos otros), desde que la violencia se convirtió en el cauce del “neoliberalismo armado”, con efectos -y causas- cuyo “aire de familia” con países como Colombia, son claves de lectura obligadas. Se trata de nuevas formas de dominación, que enrarecen y dificultan -extraordinariamente- todas las iniciativas desde abajo para que los ciudadanos recuperemos el control colectivo de  nuestras vidas.

El 2015, en México, se encuentra prefigurado en tendencias y líneas de fuerza, que empujan hacia orientaciones antinómicas –y, antagónicas-, que podría agrupar en tres posiciones: la primera es la dominante, que continuará imponiendo las reformas neoliberales en curso, profundizando la acumulación por desposesión (junto a la “economía de la muerte” de la paralegalidad), un proyecto en vías de realización, que tendrá que enfrentar el próximo año, una nueva fase económica recesiva, (relacionada directamente  con la lucha por la primacía geoestratégica entre las dos potencias y sus aliados, y el caos sistémico, mencionado. Donde el desplome de los precios internacionales del petróleo, es un indicador central). Aquí cobra especial relevancia, la posición de Estados Unidos hacia América Latina, México incluido, dirigida a reforzar su dominio en el “patio trasero”.

La segunda posición, las disruptivo-funcionales, en la que pondría, entre otras, especialmente las representadas por aquellos actores que sueñan con una salida por la vía de la lucha armada, a mi juicio, absolutamente “contraproductiva” (sin descartarla, encima de todo, como  operación de “falsa bandera”). Y, aunque completamente diferentes de la anterior, incluiría, todas las alternativas electorales, o de la izquierda social no electoral, que no implicarán una verdadera “ruptura democrática” con el régimen actual.

La tercera posición, las disruptivo-alternativas. Entre ellas, muy visible, la de la séptima Asamblea Nacional Popular (ANP), cuyo plan de acción acordado el 21 de diciembre pasado, (con la que, es de esperarse, coincidirán en algunos puntos, pero no necesariamente en todos, el amplio conjunto  de actores movilizados), incluye los puntos siguientes: presentación con vida de los 42 normalistas, justicia, libertad a presos políticos, caída de EPN, boicot y anulación de elecciones de 2015, huelga política general, proceso constituyente y nueva Constitución, y trabajo en las comunidades, para fortalecer las bases de una Gran Asamblea del Proletariado y los Pueblos de México.

Pero… ¿Cuál de estas formas de concebir y de hacer política, potenciaría, de manera más efectiva, la lucha para cambiar el tipo de relación que la sociedad que somos  tiene con sus instituciones y creaciones colectivas? Es una pregunta abierta cuya respuesta deberíamos  “anticipar”, las apuestas son demasiado altas –ya en 2015- como para no intentarlo.

Se trata de un panorama hipercomplejo. Tenemos la responsabilidad de ir trazando “mapas” de inteligibilidad, para las rutas posibles de la creación humana, incluyendo -concomitantemente- las acciones reflexivas a emprender en Zacatecas. ■

 

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