Temporada de ira

Temporada de ira

■ Futuro Sostenible

Por todos es conocido que este año no quiere irse sin dejarnos una armadura abollada en su límite más crítico. De lo que estoy convencido es que muchos de los conflictos, incluyendo los personales, pueden evitarse en su mayoría, lamentablemente, la educación que hemos mamado desde nuestros hogares, no nos preparan para advertir la llegada del conflicto y analizar el número de posibilidades que pueden evitar el estallamiento de un determinado problema. En nuestra vida diaria pasa lo mismo, sólo que algunas personas prefieren extender el problema y lucrar con él, a sabiendas de que pudiera tener pronta solución con afectaciones mínimas a terceros. Se nos ha educado más en la remediación que en la prevención, más bien esperamos la turbulencia para desde ahí, comenzar con la solución del conflicto.

En la vida social, muchos de los aconteceres que afectan actualmente nuestras conciencias pudieron evitarse, sin embargo, hemos abusado del agotamiento mental y la paciencia, hasta provocar el desbordamiento de los cauces humanos de la tolerancia y es cuando surgen las manifestaciones violentas, la ira colectiva, las agresiones físicas y las amenazas reales de conflictos civiles. Es tanto el desgaste emocional que a veces se genera, que la capacidad de diálogo es casi nula, lo cual da como resultado la aparición de la ira y, de acuerdo con algunos expertos, ésta se ubica como la respuesta natural de adaptación a las amenazas, inspira numerosos sentimientos y comportamientos, que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados, por lo que una cierta cantidad de ira, es necesaria para nuestra supervivencia. En este contexto, la ira colectiva o la que experimentamos en lo personal, es el resultado de nuestro instinto humano y responde a determinada amenaza ya sea en contra de nuestra familia, en contra de nuestra seguridad o de nuestra integridad.

En este punto, no nos queda más que ser muy objetivos y delimitar el origen de nuestras desgracias; a nivel nacional las administraciones gubernamentales enmarcadas en la alternancia del poder, han sumido al pueblo en la miseria, la ignorancia y la pobreza extrema, lo cual ha generado que muchos jóvenes encuentren cerradas las puertas de la educación y el empleo mientras que se abren a su paso las ventanas de la delincuencia. Citemos algunos ejemplos: tenemos 6.2 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan y que están abiertos a otras posibilidades de ganar dinero fácil; además, como pueblo sostenemos a verdaderos príncipes de la democracia ya que nuestra clase política es un sector privilegiado mientras que un amplio sector de la población vende su voto por dádivas menores que a fin de cuentas nos son cobradas con impuestos, gasolinazos y saqueo. Las oportunidades reales de progreso son otorgadas al poder económico con la finalidad de que se siga ampliando la brecha entre ricos y pobres, a estos últimos se les brindan con deficiencias, los servicios públicos como la seguridad, los servicios de salud, además de la procuración de justicia; qué decir de los salarios tan raquíticos que se otorgan a cambio de jornadas extenuantes de trabajo, lo cual genera estrés familiar y desarticulación de sus vínculos y, por el otro, la raquítica economía familiar engendra deudas, visitas recurrentes a las casas de empeño, hacinamiento en casas de interés social que se pagan por años y detrimento en su calidad de vida.

Por si esto fuera poco, la creciente corrupción y el derroche de recursos en obras innecesarias como el parque ecológico centenario (Zacatecas) o la Estela de Luz (DF) que nos costó 1,304 millones de pesos, hacen desviar la atención de los verdaderos problemas que nos son prioritarios. Ya dentro del conflicto, muchas veces se implementan las estrategias menos exitosas o se les encomienda a personajes nada sensibles o incapacitados para dar respuesta pronta y eficiente a las justas demandas ciudadanas, abonando al caos y generando incluso, manifestaciones de carácter internacional que ponen en entredicho la actuación gubernamental en el escenario global. Lo anterior, me sirve de sustento para afirmar que hemos tenido la oportunidad de detener el colapso de nuestras estructuras familiares, sociales y económicas, pero preferimos admirar el caos, lucrar con él y llevar al máximo la tolerancia y la paciencia humana por lo que no debe sorprendernos que vivamos inmersos en una genuina temporada de ira. ■

 

*Representante de Zacatecas ante el Consejo Consultivo Nacional de Medio Ambiente de la Semarnat

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