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Tortas japonesas

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Por: HERÓN EDUARDO DOMÍNGUEZ •

Algunas efemérides con verificativo en el presente mes no hicieron sino confirmar una creciente relevancia de actores que perteneciendo a un país por casi un siglo persistentemente autoproclamado pacifista, y cuya posición geográfica no le depara amenaza estratégica enfrentable alguna, en cualquier estado ajeno al ámbito latinoamericano (o africano como ya el presidente Obama nos lo ha oportunamente recordado) sería sencillamente impensable.

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Efectivamente, todo parece indicar los días en que los gobiernos mexicanos pregonaban gastar N veces más en educación que en sus fuerzas armadas han quedado definitivamente atrás: los cuarteles cercados antes con malla ciclónica son ahora verdaderas fortalezas; patrullan los marinos tanto desiertos como cordilleras; y la cascada de elogios rutinariamente vertida sobre un ejército que fragmentariamente ha combatido en una sola guerra formal, durante unas cuantas semanas, bajo un comandante extranjero, y hace ya setenta años aparece ahora con mayor frecuencia, en sitios donde antes no ocurría.

Lo más raro de todo es que las razones aducidas para su encomio continuo resultan por lo menos vagas, verbigracia la lealtad; ¿a quién?, ¿a México?, ¿para protegerlo de quién?, ¿de los Estados Unidos?, ¿del Reino Unido?; ¿concretamente, la Secretaría de la Defensa a quién defiende?, ¿a los estudiantes del Tec?, ¿a los normalistas guerrerenses?, ¿a los Voladores de Papantla?, ¿al Consejo Coordinador Empresarial? Misterio.

***

Sin omitir nombres o apellidos algún vocero oficioso nos hace la relación de quienes y como al Issstezac inmisericordemente saquearon, y quienes son los malandros que se oponen a las medidas que lo rescatarán del desastre. ¿Cómo?; ¿yendo tras los atracadores y mediante la fuerza del estado hacerlos regresar lo saqueado? Desde luego no. Habrá que comprender sería sentar un precedente sumamente peligroso, y sobre todo sin necesidad, estando ahí las víctimas de la expoliación pagar la vajilla rota con la aportación de un porcentaje mayor de sus ingresos y trabajando más años de su vida, y así acceder a una más exigua pensión.

¡Eso y más merecen!, proclama o casi el vocero de marras, por pasivos y dejados. ■

 

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