La Gualdra 737 /Música
Muchos son los discos que llenan mi corazón y mi mente de esa especie de contemplación mística al transportarme a su sonido y disfrutar sus detalles, finos, apenas perceptibles, un trabajo de producción y edición cuidado y apasionado. Sin embargo, en los últimos años uno de ellos fue Fixion (2016) de Anders Trentemøller, DJ y compositor, que ha colaborado nada menos que con The Knife y Röyksopp, recomendado por mis amigazos Edgar cuyo gusto aprecio, y Vampi, también DJ y conocedor. Lo que ambos me dijeron sobre este álbum fue que era una especie de homenaje a la música Post-Punk. Y sí, la experiencia fue estupenda.
Canciones como One eye open, The river in me y My conviction son una excelente prueba de esa producción, además de recordar a aquellas excelentes bandas del género que celebra: The Cure, Depeche Mode, Joy Division, The Clan of Xymox, y hasta el mismo New Order, sin agraviar a una infinidad de bandas que han abonado a estos sonidos bailables, profundos melancólicos, simplemente fabulosos.
No había disco que llenara ese gusto en mí y un equilibrio entre lo oscuro y lo bien producido… Estuvo antes, Disintegration (1989), la fabulosa obra de The Cure, que disfruté más en Entreat (1989), interpretación en vivo, por su excelente ejecución y producción, sin embargo, su versión de estudio tenía un sonido plano, como desintegrado, valga la redundancia. Fixion, en cambio brillaba por su excelente sonido.
Pero hoy, precisamente hoy, escribo sobre un par de álbumes que acabo de escuchar y que tienen ese equilibrio del que vengo hablando líneas arriba: The Maiden (2025) y The Servant (2025), dos discos que parecen ser uno solo, o al menos están relacionados por la estética de su portada, de una banda que nació en Estados Unidos y que ahora radica en Suiza: The Crying Vessel. El primero es un disco gótico, oscuro, con rasgos de metal. En su trabajo anterior, un disco excelente, por cierto, Pleasures for the wicked (2020), se dejaba escuchar una banda muy bien producida, con excelentes ideas, potente, bien definida y profundamente melancólica, y como buen estilo gótico, con una excelente voz de ultratumba, casi plana.
Lo primero que me llamó la atención de The Maiden fue su sonido áspero, casi metal, pero con ese inconfundible estilo de la banda. Luego pensé en Prodigy, por sus elementos techno. Finalmente, como cereza del pastel, el vocalista extendió su voz, la dobló, la replegó, la falseteó, hizo lo que no le había oído hacer. El mensaje es claro, es un homenaje, un vistazo al Hades y a la señora que nos llevará hasta allá, así como a otras bandas que también se inspiran en él: Sisters of Mercy, The Mission, The Cult, Clan of Xymox. Al estarlo escuchando no podía dejar de advertir los detalles. Dejé lo que estaba haciendo para escucharlo, sumergirme en su sonido, dejarme llevar por las olas frías de la eternidad.
Pero las cosas se ponen aún mejor. Fue un disco que, como aquellos libros que terminas de leer y desearías que nunca terminaran, me dejó una experiencia casi mística, al escuchar sus detalles, su composición, su sonido y su potencia. Me hizo levantarme y bailar. Tomar un trago de mezcal, cerrar los ojos, casi llorar. Pues, resulta que tenía segunda parte. Después de la dama venía The Servant, o no sé si era al revés, pues ese fue el orden en que los escuché por eso de que “primero las damas”. Este segundo disco sale del Hades, pero parece haber dejado ahí a Eurídice, pues la tristeza baila, como la muerte, entre bosques y valles que huelen a ninfas. Un disco que sigue siendo parte del Hades, pero que prefirió el mundo de Orfeo, lleno de música, dolor, pena y, sobre todo, ganas de bailar. En él se sienten presencias fantasmales de Depeche Mode, Erasure, Berlin, A-Ha, The Cure… simplemente un disco que cerró perfectamente al primero, pues me sacó del vacío de su silencio al terminar, para traernos de nuevo a la realidad, de manera más suave y sutil. Recomendables para aquellos que les gusta contemplar el vacío y bailar en las profundidades del abismo.
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