Ningún premio es trascendente si carece de legitimidad. El Premio Nobel de la Paz otorgado a la derechista, de corte fascista, María Corina Machado nació sin legitimidad cuando la trayectoria de la venezolana está sobregirada como golpista, promotora de las guarimbas (vandalismo y barricadas violentas que incluyen el bañar con gasolina al contrario y encenderle fuego). Esa característica tomo en cuenta al referirme a “la derecha asesina de Venezuela” para distinguirla de “la derecha corrupta de México”. Aunque, la mexicana vuela por hacerse venezolana. Ambas suplican la invasión a su patria, son instrumento y eco colonizador con campañas de desprestigio basada en distorsiones y mentiras.
Una promotora de la paz debe reconocer a la democracia como un método para dirimir las diferencias. Y no hay democracia verdadera sin derechos y libertades fundamentales, ni donde la reflexión se impulsa en presupuestos falsos que emergen del engaño y la mentira. La democracia es expresión genuina de la soberanía de los pueblos, de la capacidad de autodeterminarse y ser independientes.
Ejerce violencia y no paz toda acción, incluyendo la de no informar verazmente, que pisotea los métodos democráticos porque no le favorecen, y hace todo por aplastar la voluntad de los pueblos. A ese respecto, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo ayer que hay una derecha que compite entre sí para ver quien se arrastra más. Si para defender la soberanía de Venezuela debe acudir a dialogar a Washington “lo haré caminando, de pie, no arrastrándome y con la bandera tricolor en mano”, defendiendo los principios libertadores de Simón Bolívar contra la colonización promovida por James Monroe (1823) ahora personificada por el imperialismo de USA.
La derechista María Corina Machado se burla y mancilla el Premio Nobel de la Paz, al “transferirlo” usurpadoramente a Donald Trump, dictador mundial, genocida, promotor de guerras, opresor de los débiles, violador de las normas internacionales, de derechos humanos y libertades en su propio país. Con esa acción, la premiada pierde la poca credibilidad que tenía. En su biografía no hay elementos para el galardón. La visita al presidente de USA y darle la medalla representa un gran simbolismo de postración política, entreguismo, traición al espíritu de pacificación mundial, reconocimiento de que el imperio tiene la verdad única en sus falsas narrativas, derechos y facultades de policía y juez mundial, de saquear, condicionar, imponer, pisotear, decidir el futuro del mundo entero y conformidad en que se antepongan los intereses del gran capital mundial por encima de interés humano.
Tras la prepotencia, arrogancia y abuso del gobierno estadounidense, tanto dentro como fuera de su territorio, se intenta ocultar la profundización de una crisis económica, social y política nacional que, entre otras cosas, se manifiesta con la caída del salario real, un proceso inflacionario descontrolado, la caída del valor del dólar frente a otras monedas, el crecimiento de la deuda externa por encima del 150 por ciento del Producto Interno Bruto, el agravamiento de los servicios de salud, educación y vivienda para el grueso de su población; la irrupción de inconformidad de diversos sectores sociales desde los migrantes por las redadas violatorias de derechos humanos fundamentales, el clima de inseguridad que provocan las mismas policías en su afán de sofocar las protestas, la limitación de derechos y libertades, entre otras.
Pero la crisis no sólo es interna, también lo es como imperio unipolar. En los reglones económicos, políticos, militar e ideológicamente. El esfuerzo por ocultar la crisis imperial se ve envuelta en justificaciones por amenazas a la seguridad nacional, el combate a su invento propagandístico, por lo mismo falsos, de narcogobiernos como el de México, Colombia y Venezuela; o, por la “bondad”, de llevar a otros pueblos la democracia, derechos, libertades, bienestar y seguridad que, paradójicamente, la población estadounidense le reclama internamente al gobierno gringo.
En ese sismo del imperio no hay amigos (como piensan las derechas ingenuas de México, Venezuela, Perú, Ecuador, Chile, Argentina, etc.), sólo intereses. Y los intereses dominantes son los de la oligarquía capitalista incrustados en la máxima esfera del poder gubernamental imperial que preside Donald Trump. Personajes, por ejemplo, de la derecha corrupta de México o de la derecha asesina de Venezuela sólo son “instrumentos (cosas)” desechables.
En su afán de superar la crisis interna y externa, recobrar la estabilidad y alcanzar un nuevo período de jauja, el gobierno imperial ha seguido la ruta equivocada. La desesperación lo ha llevado a la búsqueda de soluciones por la vía de la fuerza y la imposición, aún en flagrante violación al Estado de Derecho nacional e internacional, abriendo conflictos simultáneos en varios frentes: Medio Oriente, América, Asia, Europa y África. No oculta la sed de apropiarse de Groenlandia, Canadá, Panamá, Venezuela, Nigeria, Ucrania, Palestina e Irán. Me leen la próxima semana…



