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MORENA; descuido de formación de militante y fertilidad para los ambiciosos

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

De mi anterior entrega recibí muchos comentarios, que más bien fueron interrogantes. Por eso, mi artículo de hoy abunda sobre el partido que ocupa el proyecto, en ejecución, del Humanismo Mexicano (el de la Cuarta Transformación). Son temas de una gran trascendencia, en los que cohabitan discusiones teóricas pendientes que no se han realizado porque la realidad va más aprisa que las previsiones intelectuales, pues algunas de las principales figuras de la “ilustración” están estancadas en la defensa de un pasado que no volverá.

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La discusión teórica dentro del Movimiento de Regeneración Nacional en general, y en particular del partido que lleva su nombre, debiera estar centrada en el análisis, discusión y aporte de lo que significa y contiene el “Plan México” que, a no dudarlo, es la manera en la que el Humanismo Mexicano avanza en el actual sexenio. Dado que se trata de un movimiento SOCIAL y no de una iluminación INDIVIDUAL de Andrés Manuel López Obrador y, ahora, de Claudia Sheinbaum, la discusión intensa (que no existe) podría centrarse en el tipo de partido que se ocupa para defender y darle continuidad a ese proyecto social.

La garantía de continuidad de la 4T (el Humanismo Mexicano) reside en la formación teórica, orgánica y política del militante que puede llevar el gen social de esa transformación. Esa es la tarea histórica del partido MORENA, pero no parece haber capacidad de entenderlo de parte de su dirigencia de ahora, ni de la de antes. Incluso, el expresidente Andrés Manuel y ahora Claudia Sheinbaum no comprenden esa necesidad. Su formación no está basada en el Materialismo Histórico y actúan por intuición, o por analogías históricas. Eso no deja de ser un gran salto histórico.

Para no dejar dudas, MORENA, partido del que no soy militante ni me han invitado a serlo, está años luz de ser el PRIAN. Sin embargo, no tiene porque negarse que algunos valores y principios formaron parte del antiguo PRI (fase previa al neoliberalismo), como el del nacionalismo revolucionario, la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación para el desarrollo y el modelo de economía mixta. Eso explica la presencia de expriístas como el propio López Obrador. 

MORENA también es resultado de una gran mezcla de la izquierda revolucionaria. Por eso, debiera tenerse un gran interés por el debate teórico sobre economía, política, cultura, las artes y el papel de la ciencia en la transformación, en avanzar en mayores libertades y derechos sociales.

Lo que no debiera estar en tela de dudas es que el proceso de transformación nunca es resultado exclusivo de la clase gobernante, ni siquiera de toda la clase política y que, en consecuencia, la parte gobernante ocupa ser permeada por los baños de pueblo donde podemos encontrar las quejas, los anhelos y los sentimientos sociales.

El partido político de la 4T (el del Humanismo Mexicano) debe ser el acompañamiento creativo del Plan México, no solo debe nutrirse de él, sino ser capaz de asimilarlo crítico e innovadoramente para estar en condiciones de ser propuesta política como plataforma electoral, no sólo en sus lineamientos programáticos, sino también en la encarnación de sus candidatos que surjan de sus filas. Vale decir, de los candidatos forjados sobre la lucha partidaria, con la concepción transformadora y con los principios y valores propios de la 4T. Solo así se garantiza la continuidad transformadora.

Por eso, en mi artículo pasado resalté que “… en las condiciones del México actual, el segundo piso de la 4T necesita depuración de elementos que nunca cambiarán porque su vida está hecha de patrones de conducta que no garantizan una práctica democrática, nacionalista, anticorrupta y de justicia social”. Si quieren que se le pongan nombres y apellidos sólo mencionaré un ejemplo muy doméstico: el clan de la familia Monreal y sus compinches. Carecen de la formación teórica sobre los principios y valores de la 4T y su práctica es contraria al partido en el que dicen militar y que, en cualquier momento, traicionarán.

Ejemplo emblemático es el de Saúl Monreal quien recién otorgó una entrevista a un comunicador a fin en el que mal argumenta que su interés en heredar el Poder Ejecutivo Estatal de su hermano David no puede considerarse un acto de nepotismo político. Según la concepción convencional y oportunista de este sujeto político, no incurre en nepotismo cuando se ha preparado durante mucho tiempo para ocupar el cargo de gobernador. Lo sería sólo si es impuesto para el cargo sin haber aspirado a él. Según esa lógica, ningún criminal será tal si actúa con ambición y premeditación por mucho tiempo. Se notará que ese tipo de patrañas ideológicas no se corresponde con la 4T. Pero es parte de la realidad a transformar.

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