La Gualdra 683 / Educación
En los espacios escolares del sistema de educación superior “público” del estado de Zacatecas, en los que cada vez hay más docentes contratados, no importan ni las razones ni los argumentos que éstos puedan tener sobre el funcionamiento de las escuelas y los deberes predispuestos. En estos espacios, antes incluso de firmar los contratos, estos profesores están en cierto sentido selectos y predeterminados, sujetos a los “perfiles deseados”. Y no sólo por el sistema educativo, sino sobre todo por “aquellos” que –más tarde que temprano– habrán de valorarlos y juzgarlos.
Después de firmar el contrato, dichos docente deben seguir el camino predeterminado: cada uno ha de cumplir con “su perfil”, dispuesto a priorizar las relaciones convenientes; basculando pronto lo preferente de cara a basificados que ejercen el poder o que se siente marginados de éste.
Las escuelas a las que llegan los docentes contratados, y en las que muchos laboran por años en la misma condición, frecuentemente se constituyen en espacios en los que pronto deben tomar partido; poniéndose del lado “correcto”, identificándose con el “buen bando”, con el que aceptó al recomendado o lo trajo de la mano y está a cargo de la institución; y claro está, queriendo o sin querer –y si las condiciones lo permiten– con “aquellos” con quienes “no deben” relacionarse a riesgo de ser visto como un ser humano “desleal” y “mal portado”.
Estos “perfiles deseados” que “deben ser” los contratados, están a merced de “aquellos” pocos que ejercen el poder (que asumen saber lo que se debe o no se debe de hacer), y así también lo están del juicio de “aquellos” en condiciones de poner a éstos en predicamento.
Las y los profesores contratados deben plegarse a las condiciones políticas internas de las escuelas, y deben de hacerlo cumpliendo con “su perfil”, siguiendo las directrices directivas y, cosa nada sencilla, siendo tan agraciados como para ser diligentes con los jefes inmediatos y aceptados por quienes discrepan de que hayan sido contratados. No identificarse con el lado “correcto” de las cosas tiene consecuencias, pues como bien afirma esa frase que expresa la polarización: “estás conmigo o estás contra mí”.
En el orden del discurso y de las cosas aquí referidas, es fácil advertir e imaginar el modo en que asoma la negación del otro. La identificación con aquél que da beneficios, que pone a disposición la zanahoria en torno a la cual surge el grupo “razonablemente conveniente”, genera en los docentes de contrato comportamientos claramente diferentes: seres pragmáticos dispuestos a cumplir con sus deberes, indiferentes y desinteresados de tomar posiciones fuertes; y claro está, esbirros lisonjeros que obran con pautas ajenas a ellos, y que no dudan en atacar –y en excluir– con el delegado garrote al compañero que no se suma al “orden de provecho”. Si un profesor contratado no está con quien “debe de estar” y “habla de más”, y se atreve a sentarse aquí y acullá, con esos otros con los que “no se debería” de juntar: la paranoia y los “buenos valores” lo deben de juzgar.
La no escucha ante este otro que es el profesor de contrato, muestra claramente la tragedia de alguien a quien por antonomasia se le vislumbra silenciado, a merced de las líneas de mando y por anticipado obligado a hacerse de lado.
Estos profesores llamados contratados, no sólo deben ser capaces de fusionarse con su entorno, adecuando acción y pensamiento al orden dado, sino que deben también sumar a sus talentos personales el arte del camuflaje, del enmascaramiento y la mitigación de los impulsos. El “perfil” que debe de tener el contratado, debe obedecer al perfil imaginado de manera subjetiva por esos otros en disputa y que son todas y todos basificados.
Norma y autoridad, disposición y cautela; ejercicio del poder y deseo de tenerlo; silencio, entrega e impotencia; fatalismo y docilidad extrema; etcétera; comulgan y se congregan. Hay que cumplir con todo cuanto se pida y exija y, claro está, mientras tanto, con el culto a las formas y las apariencias. Desequilibrarse en los desequilibrios no tiene cabida, cada quien ha de seguir la “ruta precisa”, que consiste en seguir de manera natural o a ciegas el mundo cultural en que se está o al que se llega.
Mientras las y los docentes contratados de educación superior son rehenes de las condiciones políticas e internas de las escuelas, de la precarización laboral y del mundo cultural y personal desde el que hablan y se expresan, gracias a la acción decidida de la Sección 34 del SNTE y, de manera concreta, de los encargados en pugnar por los intereses de las Escuelas Normales, así como de la Secretaría de Educación de Zacatecas (SEDUZAC) a cargo de la maestra Gabriela Pinedo Morales (quien en apoyo a las demandas de los primeros instruyó a Capital Humano para que fueran transparentes respecto a los recursos disponibles para las Escuelas Normales), hoy sabemos que desde administraciones pasadas se contaba con 58 claves ocultas que no se han puesto a concurso.
Estas claves “descubiertas” y mantenidas ocultas hasta la semana pasada, son en sí mismas la prueba de una indiferencia y un poder difícil de apreciar, pues mientras las mismas han estado guardadas probablemente a la espera de la discrecionalidad (de grupos de poder y clase política), los docentes contratados, con o sin su pesar, encarnan posiciones contrarias y diversas a la espera de la anhelada estabilidad.
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