spot_img

¿Es suficiente un mes?

■ “Lo menos que yo puedo para darte las gracias porque existes es conocer tu nombre y repetirlo.” Salvador Novo

Más Leídas

- Publicidad -

Por: José Manuel Palma Márquez •

Han pasado 124 años desde que en México se dio notoriedad a los otros; aquellos que por reunirse para concelebrar vestidos como “no debían” pasaron a la historia cristalizando un número: el 41. Han transcurrido 56 años desde los disturbios de Stonewall en Nueva York, que fecundaron la lucha por el reconocimiento y respeto de los cuerpos LGBTIQ+ cada junio. Y desde 2002, año de la primera Marcha del Orgullo LGBTIQ+ de Zacatecas, han pasado 23 años.

- Publicidad -

El tiempo y la historia atestiguan los cambios sociales. La escritura sella en la memoria los hitos que convergen hasta el presente en un devenir de revoluciones. De este modo presento mi pluma ante quienes leen La Jornada Zacatecas, espacio que con el tiempo ha dado visibilidad a los acontecimientos y logros de la diversidad sexogenérica zacatecana, y que hoy se suma a un compromiso ético con esta comunidad: resaltar que su existencia no se limita a un día, a un mes. Reeducar.

Junio es un mes ataviado de colores. Se entrecruzan debates desde los múltiples polos de la sociedad y, sin embargo, se tolera. Las instituciones gubernamentales y las marcas globales pintan sus logos al estilo arcoíris y se vuelven “amigables” con las disidencias sexuales y de género. En redes sociales pulula el colorido festín de actividades y, al llegar julio, la ortodoxia social impera. Parece que el derecho a existir y expresarse está limitado por lo que dicta el calendario.

La breve mención de tres eventos —mundial, nacional y local— es siquiera una mínima parte de la vasta historia LGBTIQ+. Apenas esbozos de las luchas del siglo pasado y un cuarto del presente. No se trata de un mes por sí mismo ni por apego a una agenda woke o de izquierda. Las vidas y muertes conmemoradas en esta fecha se recuerdan en resistencia a la histórica opresión de formas de vida tan dignas, valiosas y contribuyentes de la sociedad como las heterosexuales. ¿Es suficiente un mes?

Y ojo: no hago referencia a inundar de colores las marcas o instituciones todo el año. A ese lavado de imagen “tolerante”, “inclusivo” y “progresista” se le conoce como pinkwashing (lavado rosa), y es equivalente a justificar que un espacio público es inclusivo porque ha puesto una rampa para sillas de ruedas en medio de aceras estrechas e intransitables.

Se trata de reconocer, mediante acciones legislativas concretas, el valor tangible de las vivencias y aportes LGBTIQ+. No por tratarse de personas especiales y coloridas. No. Sino porque existe una deuda histórica de inequidad, maltrato, exclusión y crímenes. Tan sólo en este pasado “mes del orgullo” fueron asesinadas 5 personas de la comunidad LGBTIQ+, a quienes me permito nombrar para no olvidar: Jesús Laiza, Isaí López, Alexis Velázquez, Misael Valdez y Felipe Flores.

Zacatecas ha avanzado. En medio de la homofobia dictada desde púlpitos, gobernantes y redes sociales, el paso a pasito tiene larga trayectoria. Hace unos días se celebró el Festival de la Diversidad Sexual Zacatecas, en su vigésima edición. El próximo sábado 19 de julio se tomarán las calles en la 23ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+ Zacatecas. Y el trabajo sigue, persiste y se nutre de voces tan variadas como lo es la misma sociedad.

Nada de lo anterior es, ni ha sido, gratuito. Tampoco es resultado de personas vampíricas que despiertan el 1 de junio y se encierran en sus ataúdes el último día del mes. Todo es —y ha sido— fruto del trabajo de personas que han entregado su vida entera al esfuerzo por compartir y educar a la ciudadanía; por decirle a Zacatecas que somos una manada plural y repleta de riquezas, en la que todas las voces que se expresan con respeto hacen que nuestra megaestructura social funcione.

En ese sentido, debo reconocer a notables mujeres con las que he coincidido en los últimos días y cuyo trabajo inspira e impacta: Sara Ortiz García, María Elena Ortega Cortés y Paz Barrón Delgado.

El conocimiento es la máxima apuesta para atravesar del estadio del odio y la opresión, hacia aquel de respeto y reconocimiento. La lucha —porque es y ha sido— de la población LGBTIQ+ es legítima y debe traspasar el calendario dentro del discurso público. Por ello, quien escribe se compromete, en conjunto con La Jornada Zacatecas, a exponer desde este espacio y a través de la palabra —que trasciende la memoria— a visibilizar(nos) con orgullo. Una conquista más entre muchas que aún aguardan.

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -