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lunes, 11 diciembre, 2023
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Neoliberalismo extranjero o humanismo mexicano

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

La suerte está echada, los dos proyectos de nación están muy evidenciados. Algunos dirán que es derecha o izquierda. Otros sostienen que está desfazado hablar de derecha e izquierda; incluso, niegan la existencia de clases sociales. ¿De cuándo acá, el magnate Claudio X. González, reconoce como parte de su clase social a mi vecino que es un campesino sin tierra?

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En el lenguaje de Andrés Manuel López Obrador, la encrucijada es: neoporfirismo o humanismo mexicano. Es correcto el planteamiento si por neoporfirismo entendemos neocolonialismo (neoliberalismo) y por humanismo un proyecto nacional que, sin dejar de ser capitalismo, recoge la rica experiencia histórica de los mexicanos, desde la que se gesta mucho antes de la colonización y; posteriormente, la lucha permanente por nuestra propia identidad e independencia. Alguien planteó, en las redes sociales, que la esencia del proceso de sucesión presidencial es entre colonialismo e independencia nacional. En mi opinión, es correcto.

Llevado a la arena de la esfera política, la señora Xochitl Gálvez, abanderada de la derecha corrupta y neoliberal, representa los intereses empresariales extranjeros y de la parte empresarial mexicana que se alimenta de actividades marginales y subordinadas que le permite el capital transnacional. La mezcla de intereses económicos extranjeros y nacionales, es el proyecto que empuja el PRIANRD.

Nunca existe una conexión e identificación directa, homogénea y completa entre la esfera económica y la política, es normal que se denoten posturas aparentemente distintas entre los actores de carne y hueso. Finalmente, esa alianza no oculta su retorno a la política neoliberal. Por el mismo rumbo va MC; a pesar de que se diga de izquierda, cuando conviene a los intereses particulares de su jerarca Dante Delgado. No debe sorprender que, el discurso de Marcelo Ebrard tiene el mimo rumbo y, en muchos momentos, la práctica y los dichos de Ricardo Monreal.

La candidata del proyecto del humanismo mexicano es, a no dudarlo, Claudia Sheinbaum Pardo impulsada por la alianza de los partidos que hacen polo en la izquierda mexicana: MORENA-PT-PVEM. Su proyecto es nacionalista no sólo por el resguardo de los bienes y servicios nacionales respecto de la voracidad apropiatoria de la iniciativa privada extranjera y nacional, sino también por el interés en la creación de nuevos organismos mexicanos enfocados a responder a las necesidades del desarrollo nacional y al bienestar de las amplias mayorías.

De conformidad con esta apreciación, en el México actual, no cabe con posibilidades de triunfo una tercera opción, como lo pregona el MC. La disyuntiva sólo es: neocolonialismo o independencia. Una rápida mirada al discurso político que ya esgrimen ambas candidatas muestra la postura en torno a esos dos proyectos nacionales.

Eso también arroja dos perfiles diferentes, entre ambas candidatas:

 

Por un lado, Xochitl no ocupa profesión o talento intelectual, porque la derecha no busca una estadista, sino a una presidenta que cubra las formalidades de tal. En esa lógica, los oligarcas dictan desde el extranjero las recetas que ya posee el FMI, el BM, la OCDE, el BID, incluso la OEA y la ONU y otros organismos del capital transnacional y ellos se encargarán de vestir de funcionarios a un eventual gobierno de derecha.

Por el otro lado, el proyecto de la izquierda ocupa un perfil de una mujer preparada académica y anímicamente arropada por amplios sectores sociales para responder a ellos y enfrentar las embestidas saqueadoras de las grandes transnacionales, sometiendo a la ley a capitalistas renuentes de pagar impuestos y que, en cambio, exigen se les distribuyan recursos públicos en forma de convenios publicitarios, contratos leoninos de obras y servicios, rescates financieros, subsidios directos, entre otros.

No debemos olvidar que los empresarios corruptos no están dispuestos a elevar sus niveles de ganancia por la vía de la inversión en el desarrollo tecnológico. De por sí, en el caso de México, los capitalistas no tienen vocación por desarrollar ciencia y tecnología propia. En consecuencia, las actividades ilícitas, la existencia de un gobierno subsidiador, la transferencia de recursos del erario a lo privado, las privatizaciones y la corrupción, es el anhelo que esperan del próximo gobierno. Es lógico que eso acumula riquezas y las concentra en un puñado, se dispara la desigualdad, y se polariza la lucha de las clases entre poseedores y desposeídos.

La 4T, aunque es un movimiento pluriclasista, aboga por fortalecer el bienestar y la economía de los desposeídos. La democracia, las libertades, los derechos y el nacionalismo son valores incompatibles con la desigualdad no sólo política, sino también económica, social y cultural. La ideología conservadora, en su lucha por conservar los privilegios de un puñado, hace de su candidata una botarga, una caricatura, una títere a la que pretende mostrar como ejemplo, pero a la que pueden poner e igualmente quitar, si a sus intereses conviene.

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