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sábado, 13 agosto, 2022
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La gran transformación de Karl Polanyi

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Por: JUAN MIGUEL BÁEZ MELIÁN •

En un artículo anterior estuve hablando sobre la dicotomía entre Estado y Mercado. Ya dije en aquella ocasión que esta es una de las cuestiones más relevantes discutidas por los economistas. También dije que ambas instituciones son complementarias y que cualquiera que defienda alguna de las dos opciones extremas (sólo Mercado o sólo Estado), encuentra serias dificultades para defender sus teorías.

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Pues bien, hoy traigo a discusión a uno de los grandes teóricos, que destacó por su aguda crítica a una de esas posiciones extremas, esto es, a los defensores de lo que, él llamaba, mercado autorregulado. Me refiero a Karl Polanyi, que fue un científico social y filósofo (así lo define Wikipedia) que nació en Viena, en 1886, y murió en Pickering (Canadá), en 1964.

La obra cumbre de Polanyi fue La Gran Transformación, publicada en 1944. Está dedicada a los convulsos acontecimientos que caracterizaron al origen del sistema capitalista, tal y como lo conocemos hoy. Para Polanyi los intentos de construir una sociedad basada en el mercado autorregulado no es otra cosa que intentar desarraigar la economía del resto del funcionamiento de la sociedad. O, dicho de otra manera, es un intento de someter la evolución general de la sociedad al progreso económico. Todo va bien, mientras el mercado funcione, por lo que hay que eliminar todo tipo de restricción que impida el libre desarrollo del mercado.

Los apologetas del mercado afirman que éste es producto del desarrollo natural de la historia. Sin embargo, es una construcción humana (del Estado), producto del diseño social, como lo demuestra un estudio minucioso de los acontecimientos, como el que hizo Polanyi en su gran obra. Veamos a continuación algunas ideas de este libro. Para Polanyi la sociedad capitalista del siglo XIX tenía cuatro instituciones básicas, dos de ellas de carácter económico y otras dos de carácter político, por un lado, y dos de ellas de ámbito nacional y las otras dos de ámbito internacional. Las podemos clasificar de la siguiente manera:

Pero el motor del sistema era el mercado autorregulado y Polanyi lo calificaba como una fantasía de los amantes del laissez-faire. Para él, el mercado autorregulado fue una estructura institucional efímera, que había tenido una existencia corta y parcial. Su tesis central era que los intentos de instituir esta nueva estructura fracasaron, debido a que generó una serie de conflictos sociales de tal magnitud que la sociedad reaccionó, generando un conjunto de leyes con las que se evitó el desastre.

A comienzos de la década de los treinta del siglo XX, el cambio surgió abruptamente. Algunas de las evidencias más claras fueron el abandono del patrón oro por parte de Gran Bretaña, la aplicación del New Deal, el surgimiento del nacionalsocialismo en Alemania y el colapso de la Liga de Naciones, en favor de los imperios autárquicos. Para 1940 el ambiente internacional era completamente nuevo. El sistema económico internacional amenazaba con venirse abajo. El origen del cataclismo había que buscarlo en el surgimiento y desaparición de la economía de mercado.

En una economía de mercado los precios son los principales protagonistas de la autorregulación. El control, la regulación y la dirección de todo el sistema se encomienda a la denominada ley de oferta y demanda, que dirige el mercado hacia el punto de equilibrio, es decir, donde la oferta y la demanda coinciden. Sin embargo, esto supone que toda producción está destinada a la venta, por lo que todos los bienes y servicios tienen su propio mercado, incluidas aquellas mercancías denominadas por Polanyi como ficticias, es decir, la mano de obra, el dinero y la tierra, cuyos precios se llaman salario, tipo de interés y renta. El problema es que ni las personas, ni el dinero, ni la tierra han sido producidas para ser vendidas. Sin embargo, estas supuestas mercancías son cruciales para el funcionamiento del sistema en su conjunto. Pero dejar a las personas, el dinero y la tierra al libre albedrío de los mercados equivale a subordinar el funcionamiento de la sociedad al funcionamiento de la economía, es decir, de los mercados. No hay sociedad que pudiera sobrevivir mucho tiempo en esas condiciones. Por tanto, la sociedad tenía que defenderse del mercado autorregulado. Por eso, según Polanyi, la historia social del siglo XIX es el resultado de un doble movimiento: por un lado, la extensión de la organización de mercado y, por otro, los intentos regulatorios que evitaban el desastre, especialmente en lo referente a las mercancías ficticias.

Desde esta perspectiva, toda la legislación laboral, generada desde los inicios del sistema capitalista, es el resultado de la defensa de la sociedad frente al intento absurdo de dejar en mano del mercado el destino de la mano de obra. Un claro ejemplo de esto lo tenemos en la labor de los tribunales, en defensa del carácter laboral de la relación entre los riders y las empresas plataformas (algo del que también hemos hablado en este blog). Los intentos de considerar a los riders como contratistas independientes, es decir, como trabajadores autónomos, no es otra cosa que una regresión a los inicios del capitalismo. La mano de obra es otro input más, como los son la maquinaria o las materias primas. Pero esto deja a los trabajadores en completa indefensión, compitiendo entre ellos y con unas condiciones de trabajo bastante precarias.

También desde esta perspectiva, el llamado Estado de Bienestar no es otra cosa que el resultado de la defensa de la sociedad frente a los despropósitos del credo liberal. Por ejemplo, se crearon leyes con el objetivo de proteger a los desempleados, una categoría de pobres que surge con el capitalismo. Sin embargo, según el ideario de la nueva sociedad que estaba iniciándose, la ayuda a los desempleados no era pertinente en aras del buen funcionamiento del mercado laboral. Otro ejemplo es la normativa dirigida a proteger el medio ambiente frente a la vorágine de la búsqueda de beneficios (la tierra es otra de las mercancías ficticias de Polanyi). En nuestro país, esto se concreta en leyes que protejan nuestro medio ambiente de la actividad constructora del sector turístico, especialmente.

En definitiva, uno de los puntos clave del análisis de Polanyi es que la mano de obra, la tierra y el dinero son mercancías esenciales para una buena evolución del conjunto del sistema económico. Sin embargo, su funcionamiento es cualquier cosa distinta al de un mercado autorregulado (o libre). Todos los intentos por desregularizar estos mercados han fracasado estrepitosamente. Las intervenciones, por parte de los poderes públicos, en estos ámbitos económicos son sustanciales y cruciales. Sin ellas, el colapso estaría garantizado.

Por tanto, podemos concluir que la evolución social analizada por Polanyi (siglo XIX y primera mitad del XX) y la que vivimos en la actualidad (principios del siglo XXI) tienen una característica en común: la sociedad, a través de la actividad legislativa, se defiende de los estragos que ocasiona el libre funcionamiento de los mercados. En este contexto debemos considerar toda aquella legislación dirigida a garantizar unas condiciones de trabajo dignas, o dirigidas a luchar contra las consecuencias del cambio climático.

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