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lunes, 8 agosto, 2022
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El malestar

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

La Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), durante los 1970, ha sido caracterizada de varias maneras. Eligio Meza Padilla, en su “La universidad pública en México” (UAZ/LXI legislatura de Zacatecas, 2014), sintetiza su punto de vista en la idea de “universidad democrática”. Nydia Castillo Pérez caracteriza esa época como la del “idealismo político” (“Del idealismo político al gerencialismo burocrático” UAZ/Plaza y Valdés, 2014). Para Arturo Burnes Ortiz, la UAZ ha caído víctima de la transición del nacionalismo al neoliberalismo (“La UAZ en la encrucijada de su historia” en “Observatorio del desarrollo” vol. 2, #24 (2019)). Francisco García González divide los años 1970 en dos épocas caracterizadas, la primera, por el rompimiento con “el atraso académico y el autoritarismo” y la segunda por la democratización y la aparición del sindicalismo (“Los años y los días de una institución” Ediciones Cuéllar (1997)). Eduardo Remedo Allione nota que la universidad de los 1970 era “un nuevo enclave de la clase media emergente” (“Desde el murmullo” UAZ/Juan Pablos, (2008)). De acuerdo con Jorge Ernesto Quintero Félix, tras un análisis de la formación profesional de los docentes ingresados a la UAZ en los 1970, la universidad “lo que denota, es el perfil académico de un cuerpo docente más propio de una universidad diseñada para reproducir el atraso, en la medida que dicho cuerpo carece de capacidad para innovar los saberes en los distintos ámbitos de las funciones sustantivas de esta casa de estudios” (“Formación y perfil de los académicos de la UAZ” en “Tópicos zacatecanos” UAZ/LIV legislatura del Estado, (1993)). Raúl Delgado Wise, Víctor Figueroa Sepúlveda y Margarita Hoffner Long consideraban que la UAZ durante los años de los 1970 “se había transformado en un centro de apoyo y de estímulo al movimiento campesino”. Comentan la visión del gobernador de aquel entonces, profesor y licenciado José Guadalupe Cervantes Corona, para quien ciertos grupos minoritarios estaba utilizando la universidad para fines “impropios”. Pero esta visión desde EL Estado local es hacia el final de los 1970 (“Zacatecas” UNAM, (1991)). Una de las causas de la agitación en la UAZ durante los 1970 fue el ingreso de docentes nuevos. De 121 en 1968 se pasó a 488 en 1981 y 911 en 1989. Se aprecia que el crecimiento en los 1970 fue más acelerado que después. Por supuesto el incremento de docentes no es condición suficiente para la generación de una transformación. La aparición de cambios exige organización y un horizonte ideológico. Si acontecen estas condiciones es más probable el surgimiento de conflictos y modificaciones de la situación. Una de las exigencias de los movimientos estudiantiles y sindicalistas fue abatir el número de contrataciones por tiempo determinado y avanzar en la “profesionalización”. Por esta se entendió que los docentes tuviesen contratación de tiempo completo y medio tiempo. Hubo, durante los 1970, un éxito sin precedentes de esta política. De haber 31 tiempos completos en 1968 se pasó a 205 en 1981 y a 435 en 1989. La contratación de personal por horas clase bajó hasta 32.8% del total, después de haber estado en 64% en 1968. Algo similar ocurrió con la basificación: de tener el 36% de la planta con contratación definitiva en 1968 pasó a 67.1% en 1989. Puede aseverarse que la “Universidad democrática” invocada por Eligio Meza es este estilo de contratación y basificación acelerada. Sin embargo, no se tomaban en cuenta criterios académicos, porque si bien la planta creció y se profesionalizó, no hubo incremento de las capacidades de realizar las actividades sustantivas. También por eso se le puede denominar “la época de oro” del sindicalismo: el conjunto de prestaciones conseguidas concentraba buena parte del presupuesto universitario, o todo. Sin gozar del beneficio de una adecuada corrección de estilo, el Dr. Rubén Acevedo Sánchez pública, en 2010, “Mi libro”, donde incluye el siguiente juicio respecto a los resultados de la reforma de 1971 en la escuela preparatoria: “El nuevo plan declinó la preparación y el nivel académico de los alumnos, el nivel de estudios de la preparatoria era muy bajo”. Las aseveraciones de Acevedo Sánchez fueron rebatidas por Juan Francisco Valerio Quintero en su artículo “El Arca de la Alianza. O la refutación de incautas afirmaciones” incluido en el volumen colectivo “1977 Autonomía y sociedad en Zacatecas” (Taberna Libraría, 2011). Aquí, en el debate entre Valerio Quintero y Acevedo Sánchez aparece un nudo del problema: ¿estaban o no preparados los nuevos docentes de los 1970 para desempeñar las funciones sustantivas de la universidad o no?, ¿bajo qué métricas se debe medir eso? Carecía de credenciales, de formación académica formal, pero afirma Valerio Quintero: “los “premiados” con una catedra se habían impuesto en el debate académico, que fue público”. Quizá sea fútil tratar de averiguar tal cosa: el proyecto neoliberal impuso sus métricas y comenzó el desmantelamiento de la “universidad democrática” por todos sus frentes. Destruyó los proyectos académico y financiero de los 1970 en gran medida por inviables. Guste o no, la métrica de la academia son los grados académicos, las publicaciones, las titulaciones, mientras que la racionalidad del gasto es la métrica de la viabilidad de cualquier proyecto. ¿Qué hay aparte del neoliberalismo y las alucinaciones del pasado?

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