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lunes, 22 abril, 2024
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Claudia Cantú escribe a los niños con el corazón

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Por: Elena Poniatowska •

Claudia Cantú Romandía de Vera, quien firma con un nombre fácil de reconocer (Claudia Cantú), escribe libros para niños. El sol se pone a sus espaldas porque vive en Ensenada, Baja California. Tuve el privilegio de conocerla hace años y de visitar Ensenada y su universidad, porque Guillermo Haro montó un telescopio en el llamado Pico del Diablo, y contó con el apoyo de su rector, Luis López Moctezuma, y el entusiasmo del abogado Óscar Valenzuela.

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Desde Ensenada se me aparece de vez en cuando la maestra y hacedora de cuentos para niños Claudia Cantú. Sonríe y se iluminan las horas y las páginas de los libros que va escribiendo para las “pequeñas personas”, como algunos llamamos a los “niños”, y tienen mucho que enseñarnos.

“Como autora de libros infantiles, mi intención es comunicarme con ellos de la manera más amable, para que los niños se sientan respetados, asistidos, invitados a sorprenderse ante el mundo que los rodea y les da tanta información. El niño ya viene muy luminoso, Elena. ¿Cómo ayudarlo a mantener esa luz y ese asombro que le es propio desde el nacimiento? Y cómo la sociedad misma va moldeando su forma de ser y sentir. A través de mis escritos, simplemente quiero que se diviertan con las imágenes de los animalitos cuya historia les platico…”

–¿Por qué escogiste que fueran “animalitos pequeños”?

–A través de mis cuentos intento comunicar una esencia de lo que veo en la naturaleza. Mi propia esencia se remite a mi comunicación con mi infancia, ahí me encuentro a mí misma, en ese júbilo de estar en el jardín, de investigar si hay arañas o no, si ya caminaron los azotadores por aquí o cómo se esconden los caracoles en su concha, el largo camino de las hormigas tan hacendosas, tan de equipo, la información entre ellos.

–Se comunican, pero la que da las órdenes es la hormiga reina…

–Hay una interconexión en la naturaleza de la cual hoy día se sabe mucho. Antes se consideraba a los hongos parásitos, pero ahora se sabe que sus micelios bajo tierra ayudan a los árboles a comunicarse entre sí; son redes de conexión. Rescatar todo lo que nos da la naturaleza es reflejo del potencial que tenemos y puede iniciarse desde la infancia con nuestro potencial para comunicarnos de la manera más amable con lo que nos rodea y provocar algo fuera de nosotros.

–Es fácil comunicarse con un gato o con un perro, pero, ¿con una abeja?

–Puede resultar muy ajeno, pero ese mundo de afuera está también dentro de nosotros, porque respiramos, bebemos agua, comemos y tenemos un calor interno que representa la compasión. Por ejemplo, la parte “tierra”, en nosotros, son los huesos, porque son más densos y nos sostienen. El hecho de que los elementos de afuera están dentro de nosotros es de lo que me gusta escribir. Esa agua salada que se mueve en el mar, la lloro en mis ojos, las lágrimas son parte de mi naturaleza, como el mar salado es parte de la tierra. El agua dulce también está conmigo, afuera y adentro.

“En mis escritos busco enseñar a los niños que lo que hay afuera en la naturaleza es parte de ellos mismos: el sol, el canto de los pájaros es parte de su risa. El viento lo estoy viendo cómo mueve y despeina palmeras, y dentro de mí también lo necesito, porque me trae el oxígeno que me vitaliza. Veo el fuego en el Sol, esta gran estrella, hay gente que dice que es un planeta, yo sé que es nuestra luz y nuestra energía y me apropio de él al ponerlo al servicio de los niños.”

–¿Cada quién tiene su solecito adentro?

–Dentro de nosotros está nuestro propio calor. Es el que tenemos como mamíferos primero, y se puede ver como la compasión. ¿Qué es compasión? No es lástima, es empatía con el otro, respeto para el otro; me interesa mucho escribir para el niño que todos tenemos dentro. La parte tierra sobre la que caminamos es la tierra y en la que crecen las plantas, los animales se alimentan de plantas, ese sustrato que tiene millones de años y proviene de la bola de fuego que llamamos Tierra.

–¿Escribes sobre la Tierra?

–Sí para que los niños sepan que ahora la tenemos para cuidarla, caminarla, protegerla porque es nuestra casa. Ojalá la podamos volver hogar para todos. Creo que éste es el punto medular, quiero comunicar que la casa es nuestro hogar, el tuyo, el mío, el de todos. Lo que busco es que la Tierra entera sea la extensión de mi casa, y cuando abra la puerta pueda sentir que la Tierra allá afuera es una extensión de mi casa, todo es mi casa, eso me invita a respetar, a reflexionar, a hacer mío lo que veo afuera.

–Mucho de lo que vemos en la calle, la pobreza, la indiferencia, no está en nuestra casa y resulta tal vez muy ajeno…

–No, todo ese potencial humano está dentro de mí siendo reflejado hacia afuera. Ese microcosmos personal se manifiesta en el exterior… Vi en una pared la frase “Astronomía interior”, y me gustó mucho. Claro, hay toda una serie de elementos dentro de mí que por no conocerlos ni estudiarlos ni quererlos lo suficiente, me pueden maltratar… El cansancio personal proviene de la desatención, el olvido, de no parar a pesar del cansancio; no alimentarme correctamente es una señal de que no estoy escuchando el llamado de la Tierra o no lo estoy entendiendo. ¡Qué importante comunicar a los niños de manera ejemplar y también verbal que somos un todo, aunque creo que la mayoría de los niños sí lo sabe!

“Si digo que sí, y el niño está viendo algo dentro de mí que dice no, se contrapone la información que le estoy dando y, claro, todos estamos aprendiendo como padres, como maestros, la mejor manera de enviar nuestro mensaje. Los niños son transparentes. ¿Qué tan transparente soy yo? Ese es el reto personal que estoy retomando en la escritura para niños, porque son quienes nos dan un mensaje muy importante. Al hablar, al escribir, al dirigirme a ellos en mis cuentos intento que mi prosa haga música, que tenga poesía, que acompañe al pequeño lector y para ello tengo que conectarme con su corazón y escribir desde el mío.

“Fui educada muy ‘intelectualmente’, memoricé todo, saqué 10 en todo, analicé todo; mi reto ahora es aprender a comunicarme con el corazón. Escribir para niños me lleva más allá, porque los pequeños lectores tienen el corazón abierto como esponja para absorber lo que los adultos pasamos por alto.”

–¿Crees que en México se da suficiente apoyo a la sensibilidad y la inteligencia de los niños?

–En mi época memorizábamos como pericos, pero ahora veo que hay más interacción con los niños, aunque depende de las escuelas.

–Freinet aconsejaba enseñar a partir del interés de cada pequeño…

–Exactamente. Montessori tiene lo suyo, pero también hay otras áreas en los montessoris. Mis nietas fueron a diferentes montessoris y les sirvió muchísimo. “Te respeto lo suficiente como para que elijas qué materia quieres tratar el día de hoy: historia, geografía, matemáticas… tú escoges”. El niño puede responder: “Hoy me late que me cuentes de los volcanes”…

–¿No hay límites?

–Sí, pero límites que no los sofoquen. Los niños nos educan mucho a nosotros. Se han abierto puertas con Freinet y otros que siguieron su ejemplo.

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