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viernes, 27 mayo, 2022
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Cogobierno: delincuencia de cuello blanco y crimen organizado

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Encontrar un camino para llegar a la solución al grave problema de la inseguridad, debiera ser la preocupación genuina de todos. Pero no lo es para la mayoría de los políticos y activistas opositores al actual gobierno y, de paso, se llevan entre las patas a muchos incautos, increíblemente algunos de ellos son académicos con grados de licenciatura, pero también de maestría y doctorados, cuyos comentarios están lejos de regirse por el método científico, o hasta del sentido común que tienen muchos que no cursaron primaria.

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Cualquier estrategia seria tiene que reconocer la realidad. Y por realidad debemos entenderse el problema, su naturaleza, sus causas, sus contextos. Y, para la gran mayoría, la realidad inobjetable son los miles de muertos. Y después de eso no existe más realidad, para ellos, eso es todo.

Y si eso es todo, entonces la falsa solución es “policíaca”. Por eso, los reclamos airados son en contra de la Guardia Nacional, porque nació con el propósito de brindar seguridad y, si después de su existencia sigue habiendo muertos, entonces se infiere que la estrategia “ha fallado”, porque sus presupuestos lógicos de tal deducción son incompletos. Y hasta exageradamente contradictorios cuando ignoran (porque de repente también optan por ignorar esa realidad) a las fuerzas de seguridad y se concentran en la metáfora de “abrazos, no balazos”.

La parte visible y dolorosa es el regadero de sangre, el desplazamiento de comunidades amenazadas a las ciudades que consideran más seguras (¿?), como Fresnillo o Jerez, o de plano la migración a otros estados de la República. A Durango, por ejemplo, donde la “tranquilidad” obedece a la hegemonía de un solo cártel del crimen organizado.

Hay una realidad visible, para el que la quiera ver, o al menos comprender. Y, en consecuencia, atender desde la trinchera a su alcance; a saber: La existencia de una porción muy grande de una clase política y de gobierno que cogobierna con el crimen organizado en los ámbitos de los 3 poderes y en los 3 niveles.

La realidad no visible, pero esencial, radica en que ése cogobierno se funda sobre bases de complicidad que produce la corrupción y la impunidad (proceso más allá de lo jurídico), métodos adoptados de forma masiva en nuestro país, desde la implantación del patrón de crecimiento económico basado en el neoliberalismo, como manera de crecimiento, acumulación y concentración de la riqueza.

Una sólida estrategia de seguridad debe proponerse desmontar la corrupción y la impunidad no sólo en los órganos de los 3 poderes y 3 niveles de gobierno, sino también en esa porción de la clase política que interactúa con la delincuencia de cuello blanco y del crimen organizado, ambas hijas alimentadas por los métodos neoliberales del proceso de acumulación y concentración de capitales.

Y, cuando hablo de una estrategia de seguridad sólidamente fundada no me refiero a una tarea exclusiva de los órganos de impartición y administración de la justicia (reitero que el problema no es sólo administrativo, no es sólo de leyes y de aplicación de las mismas, es también político, ideológico, es de organización, etc.), sino de la responsabilidad que también tiene la sociedad para procurarse la seguridad.

Y esa tarea se concretiza en acciones concretas como las de no seguir votando por personas claramente alineadas al crimen organizado, o que gozan de tener relación con él, financian sus campañas. O, incluso, con aquellos que viviendo de la política son incapaces de proponer un transitar y sólo se concentran a quejarse o externar alaridos con evidente intención de crear confusión, descrédito y, con ello, ganarse la “confianza” a partir de desprestigiar al rival y que muestran hasta alegría de que las cosas marchen mal.

No nos confundamos, ellos sacan raja política de nuestro problema. No se preocupan por nosotros, piensan en ser presidentes, regidores, diputados, senadores, en fin, piensan electoralmente y sólo a su favor. Se entenderá que hacen propaganda, no análisis.

Ocultar el problema, y sus efectos, de la inseguridad es incompatible con una efectiva estrategia. Eso se hizo con el Gobierno de Miguel Alonso, y luego con el de Alejandro Tello, al insistir en que no hubiera información amplia sobre el tema porque, según ellos, era hacer apología del delito. En realidad pretendieron tapar el sol con un dedo.

Por eso, asumamos la responsabilidad ética y profesional de informar a profundidad, o el grueso de la sociedad seguirá siendo presa de propaganda, ideología, falsa conciencia y de concentrar sus reclamos sobre falsos positivos, tocando solo causas inmediatas y dejando inalterables aquellas que tienen profundidad y de la que son actores muchos de los que parecieran militantes convencidos de su combate. ¡Oh!, sorpresa: algunos son políticos y activistas que parecen paladines contra la inseguridad y luego son perseguidos por la justicia.

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