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viernes, 14 junio, 2024
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Oda a la imperfección de la política (Primera entrega)

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Por: Carlos Eduardo Torres Muñoz •

Extraordinario texto ha escrito, ya hace tiempo, Jesús Silva-Herzog Márquez, titulado La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política, en el que, al tiempo que recorre episodios biográficos de pensadores de la política, va exponiendo en sencillos y atrayentes trazos la filosofía de éstos. El librito (no llega a las 200 páginas), es en sí una de las mejores concentraciones de filosofía política que he podido conocer (aunque aclaro, yo conozco poco el tema). 

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Comienza, el mejor ensayista político de nuestros tiempos, por Carl Schmitt, el jurista alemán que intentó construir una “ciencia de la ilegalidad”, que alimentó, desde el ámbito constitucional al nazismo, fascismo y franquismo, y que bien podría hoy asesorar y fortalecer los argumentos populistas desde la derecha hasta los que aún se piensan (quizá solo se definen) de izquierda. El retrato es tan pleno, transparente y objetivo como generoso. Da su lugar, en la trayectoria del jurista, al oportunismo y la ambición, pero también a su genio. 

Escribe el autor, lo siguiente que recobra toda su vigencia en nuestra actual agenda: “La politización constitucional no tarda en desnaturalizar el dispositivo. Paradójicamente, la constitución politizada, se desarma, es decir, se despolitiza. Schmitt, que se consideró ante todo jurista, ha logrado construir una jurisprudencia para la ilegalidad. Una ciencia del derecho que hace de la ley tela frágil, incapaz de detener al poder. Más bien: la envoltura de sus caprichos”. En otro momento de su ensayo, reseña: “El pluralismo se volvía paralítico. En esa atmósfera, el profesor defiende la urgencia del imperio presidencial”. No transcribo más del apartado. Su lectura permitiría reencontrar la brújula para retornar al camino del progreso al que nos dirigió la respuesta jurídica a la filosofía de Schmitt: la teoría de la democracia constitucional, hoy tan ignorada como vilipendiada por, supongamos de buena fe, desconocimiento de la historia. Desconocimiento que hoy trae a la boca de muchos incautos los argumentos de los regímenes vergonzantes vencidos por el progreso de la libertad. 

Pero, Silva-Herzog Márquez, no da oportunidad para confundir cualquier modelo con la infalibilidad, ya desde el principio advierte: La política llevará siempre las marcas fastidiosas de la fuerza, el azar y el conflicto, tercos aguafiestas de la perfección.

No hay teoría perfecta, las sociales no son ciencias exactas. Lo más cercano a ellas, está en la historia. Quizá la maldición de nuestros tiempos está ahí: en olvidar u obviar, con la soberbia de la modernidad, la belleza de la experiencia, del sentido común y de la pretensión que nos han dejado ideas como la absurda concepción del fin de la historia (ejemplo mismo que redunda en simpleza, pero que pretender arrojar claridad a la idea).

Escribe, al respecto de esto último, John Lewis Gaddis, ganador del Permio Pulitzer, en su libro Grandes estrategias: “Las buenas teorías se distinguen por su capacidad para explicar el pasado, pues solo así podemos confiar en que quizá acierten sobre el futuro.” 

Sabemos que la historia nunca se repite de la misma forma, sino que se reafirma, por tanto, lo que nos queda es aprenderle e improvisar. Sin embargo, ignorar la historia nos remite no a la improvisación, sino a la reiteración de errores superados. 

Permita, lectora, lector, que, en este año electoral, en los que sobrarán días de agrios debates, deprimentes realidades y absurdas novedades, traiga a usted la reflexión de este magnífico libro, que nos recuerda, que la política no es, no ha sido ni será perfecta, pero siempre tendremos la historia como guía para mejorarla.

@CarlosETorres_

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