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martes, 23 abril, 2024
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La mafia del poder babea por saquear a nuestra nación

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Aún AMLO no era presidente de México cuando Juaniss de Santiago (reportera de asuntos especiales de la Revista Unidad “la voz de los trabajadores”) y su servidor escribimos un artículo conjunto en el que explicamos que “la mafia del poder” no era el entonces presidente Peña Nieto, ni Murillo Karam, el “Jefe Diego” o cualquier otro actor encumbrado en la clase política mexicana; sino que todos ellos sólo eran “chalanes” de esa mafia que es transnacional y primordialmente económica; su intervención política, uso de las leyes, de instituciones nacionales y monopolios capitalistas de la comunicación solo son medio para sustraer y apropiarse de las riquezas de los países subdesarrollados. Cuánta razón tuvimos.

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Desde la llegada del gobierno promotor de la 4T, fue notoria la subordinación de la derecha mexicana a la agenda colonialista (vale decir imperialista) de la parte más intervencionista de la derecha internacional, integrada por capitales petroleros, mineros, de las energías, del capital financiero, farmaceútica, de agroquímicos de monsanto y semillas transgénicas; transnacionales que acrecientan sus riquezas por apropiación, de arrebato y métodos rentistas. Igualmente sucede con los capitales de las actividades ilícitas, como la industria armamentista, tráfico de drogas, trata de blancas y órganos humanos. Estamos hablando de la fracción más neocolonizadora del neoliberalismo.

En anteriores artículos ya he explicado que, en ese proceso, el empresariado apátrida y la derecha corrupta mexicana han jugado un papel subordinado a la agenda económica y política que les dicta la gran empresa transnacional. También han sido educados por su propia historia para ir a clamar, sin ningún rubor, el intervencionismo extranjero en asuntos que debieran ser sólo de los mexicanos. Parten de la idea, a la que ellos se someten, de obedecer a los antojos voraces y despiadados de los extranjeros. Sin duda, una enfermedad social de la que no quieren salir.

Muy recientemente, la candidata de la derecha acudió a Estados Unidos, y luego a España, en busca de los colonizadores, para pedirles su intervencionismo. Sin duda que, en esos acuerdos se diseñó la estrategia de desprestigiar, a costa de lo que sea a Andrés Manuel López Obrador (eso incluye inventar la mentira de que tenemos un presidente relacionado con el narcotráfico). Para ello, usan como armas filosas a la gran empresa capitalista de la comunicación imperial. La derecha mexicana, corrupta por su agenda y práctica, en especial su candidata arrecia sin chistar cualquier eco de fake news que desde el imperio se replica en los monopolios mediáticos tradicionales de México. 

El objetivo es muy claro: se trata de debilitar a un gobierno nacionalista que no favorece a los negocios de saquear nuestras riquezas e irle abriendo camino a una derecha acostumbrada a someterse al extranjero sólo aceptando que le arroje una que otra migaja. Criticar, golpear, debilitar e intentar el desprestigio de un gobierno que mantiene su independencia nacional no puede ser otra cosa que un flagrante intervencionismo con fines colonialistas.

El presidente tiene razón cuando dice, parafraseando a Carlos Monsiváis, que la única doctrina de la derecha es la hipocresía. Está en el PRIANRD que ha palomeado como candidatos plurinominales a auténticos delincuentes, prófugos de la justicia, como Cabeza de Vaca y Ricardo Anaya (solo como dos ejemplos emblemáticos). Pero, además, han sido incapaces de autocriticarse (así fuera de dientes para afuera) de haber tenido un narcogobierno con Felipe Calderón. Motivo por el que su secretario de seguridad pública federal se encuentra preso en EEUU.

También lo podemos ver en la candidata de la derecha corrupta, en Xochilt Gálvez, que tiene en la cárcel a una hermana acusada de secuestro, a la que ha intentado liberar; o sus andanzas de espionaje que, con el uso de drones, se metió a la vida privada de uno de los hijos del actual presidente, al que acusa, sin prueba alguna, de conflicto de intereses por rentar una casa en Estados Unidos. Ahora reclama que el presidente no protegió los datos de una reportera del New York Time al revelarse su número telefónico (nadie ha podido asegurar que el número fuese privado). ¿El espionaje al hijo del presidente no era peor? ¿No es muy grave que un monopolio extranjero mienta y acuse sin pruebas de narco a un presidente que no les permite saquear a nuestra nación?

Es de pronosticarse que esa guerra sucia, en la que usan bots y medios monopólicos internacionales y nacionales, la tienen perdida. No por la capacidad de respuesta de nuestro presidente, sino por el hecho de que el proceso de transformación es tarea de muchos millones de mexicanos, AMLO sólo es el dirigente principal. Él mismo lo ha dicho, no es indispensable, hay un despertar de las conciencias. Por eso, entre otras cosas, prepara su jubilación de la vida pública.

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