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lunes, 6 diciembre, 2021

Quien muere mientras usted lee estas líneas

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Por: JOSÉ NARRO CÉSPEDES •

El sábado, alrededor de las 12:00 horas, un grupo de la delincuencia organizada atravesó cuatro colonias de Reynosa a bordo de camionetas y a su paso mató a por lo menos 14 personas inocentes al azar.

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La gente de Reynosa ha aprendido a vivir entre balaceras que se registran casi todos los días, a cualquier hora. Es común que los ciudadanos chequen sus redes sociales antes de salir de la casa o del trabajo, a fin de evitar las zonas de guerra: vialidades en las que se registran persecuciones, o hay vehículos incendiados. No es extraño que civiles pierdan la vida al quedar en medio del fuego de los grupos que disputan el control de esa ciudad fronteriza.

Pero nunca había ocurrido algo semejante. La cacería de personas inocentes, sin antecedentes penales ni relación alguna con el crimen organizado. Estamos acostumbrados a que los criminales se enfrenten entre ellos, pero no a que se comporten como terroristas atacando a la sociedad civil.

La realidad de este país va perdiendo su sustancia, para convertirse en una serie de relatos cada vez más inverosímil que el anterior. Normalizamos la violencia y nuestra capacidad de asombro disminuye. La violencia en México ya no es un asunto de indignación, miedo, repulsión. Es, lo decimos con dolor, parte de la cotidianidad.

Historias que cualquier contador de historias (léase cine, literatura, teatro e incluso el viejo radio y todas las nuevas formas de contar por internet) no imaginaría el terror que ya no causa asombro en los consumidores mexicanos de noticias. Cabezas de seres humanas abandonadas en las calles y caminos rurales, cuerpos colgados de los puentes, migrantes secuestrados y esclavizados, muertos, desapariciones, calcinación y disolución de cuerpos, los llamados narco bloqueos y un aterrador etcétera que se masifica en las noticias publicadas en los medios de comunicación, en la música, la tele, el cine y las conversaciones de todos.

Sin embargo, con todo y la sobreexposición del problema, ¿alguien adentro o afuera de México entiende el fenómeno? ¿Alguien en verdad tiene un análisis riguroso actualizado sobre la delincuencia organizada mexicana? La tarea de investigación sobre esto puede parecer inalcanzable.

Incluso, a decir por especialistas, el crimen organizado de México es más violento que las organizaciones terroristas de algunas regiones del mundo. La violencia en México está fuera de control, pues la lucha por los territorios y los mercados del crimen ha tomado una nueva dirección pues los canales y puentes de la corrupción con el viejo sistema de la corrupción se ha visto afectado por la 4T.

Mientras los deudos de las víctimas inocentes de Tamaulipas lloran a sus muertos, el país pasa de la sorpresa de la matanza, a sus propias vidas y de ahí, al olvido. La coexistencia de la vida cotidiana y la violencia absurda, irracional y desproporcionada de los miembros del Crimen Organizado nos apresa en diversas realidades construidas sobre la idea de un México, construido desde hace décadas sobre el poder político coaligado con fuerzas criminales que hoy, ante la derrota de sus socios, lucha por tomar el poder que antes le garantizó el PRIAN.

No podemos esperar a que la violencia crezca aún más, a que la impunidad y la debilidad de las fuerzas estatales y municipales sean un campo fértil para lo grupos criminales.

No podemos sólo consumir las noticias de Tamaulipas, mientras también Zacatecas se encuentra atrapado en una vorágine de violencia e inseguridad que parece no tener freno que nos ubica entre los cinco estados del país con más homicidios dolosos en relación con su población.

El fuego está tocando la puerta, pero también está en casa. El crimen organizado crece en relación directa con los círculos de corrupción y la pobreza que son terreno fértil para los negocios sucios. Tenemos que enfrentar con inteligencia a delincuentes que cada vez retan más nuestra sorpresa con acciones que no nos atrevemos a pensar.

El reto es grande y es tan urgente encontrar las soluciones para derrotar a los grupos delincuenciales, como salvar la vida del siguiente asesinado, el cual puede estar cayendo muerto mientras usted me hace el favor de leer estas líneas. ■

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