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martes, 25 junio, 2024
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■ Dio inicio con la conferencia magistral titulada “Villa, Zapata y la Revolución Popular”

Inauguran el Coloquio Nacional Villa y el Villismo en Zacatecas

■ Destacaron las profundas transformaciones sociales que llevaron a cabo estos movimientos

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

Francisco Villa y Emiliano Zapata lograron, durante algún tiempo, acabar con el Estado oligárquico, destruir a su Ejército y a su Armada; hacer una nueva Constitución y demostrar que los campesinos son capaces de construir un proyecto alternativo de nación. Esta ha sido la experiencia más avanzada de revolución popular en México, equivalente a la Comuna de París y a las Repúblicas Bolcheviques, afirmó Felipe Ávila Espinosa, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INEHRM).

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Durante su conferencia titulada “Villa, Zapata y la Revolución Popular”, impartida este lunes como parte de la inauguración del Coloquio Nacional “Villa y Villismo en Zacatecas”, refirió que Carlos Marx, en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, señaló que los campesinos no eran una clase para sí, sino que eran una clase que, al carecer de proyecto de nación y al no ser capaces de concebir al Estado en términos revolucionarios, debían aliarse con los obreros para hacer una revolución socialista o aliarse con la burguesía para llevar a cabo una revolución democrático-burguesa, pero en ambos casos subordinados.

En ese sentido, dijo que la mayoría de los estudiosos de la Revolución Mexicana sostienen que el Villismo y el Zapatismo perdieron la Revolución porque eran revoluciones campesinas y, entonces, no eran capaces de generar un proyecto alternativo de nación propio ni de pensar cómo resolver la cuestión del Estado desde una perspectiva de clase revolucionaria, mientras que el constitucionalismo sí tenía una visión de clase y un proyecto alternativo de nación, además de un cuerpo de intelectuales preparados.

Sin embargo, “estoy convencido, lo he estudiado y escrito algunos libros y defendido en distintos espacios, que en el caso del Villismo y el Zapatismo eso de que los campesinos no son capaces de hacer una Revolución o no son capaces de conducirla hasta el triunfo, es una cosa totalmente equivocada”.

Por tanto, Ávila Espinosa afirmó que el Villismo y el Zapatismo sí tuvieron un proyecto de nación que se expresó en el Plan de Ayala, en la Ley Agraria Villista, en las leyes del trabajo villistas y en el proyecto de reformas económicas, políticas y sociales de la soberana Convención en donde se aliaron en octubre de 1914, los cuales se aplicaron en territorios bajo su dominio, donde se generaron grandes transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales.

Aseguró que los villistas y los zapatistas no solamente formularon un proyecto alternativo de nación, sino que también este era más profundo, más radical y más cercano a los intereses históricos de los campesinos, de los trabajadores y, de los indígenas que el contenido en la Constitución de 1917.

Además, destacó que ese proyecto de nación no solamente lo pensaron, escribieron o publicaron, pues los zapatistas lo llevaron a la práctica en territorios de Morelos, Guerrero, Puebla, el Estado de México y el Distrito Federal e incluso en algunas partes de Oaxaca, Veracruz y Michoacán, y el villismo en zonas de Durango y Chihuahua.

Según Ávila Espinosa, “lo que pudo llevar a cabo el zapatismo fue comenzar a construir un Estado Popular distinto y lo mismo pasó en los territorios dominados por la División del Norte en Chihuahua y en Durango”.

Explicó que en la Ciencia Política se define al Estado como el gobierno que se establece sobre un territorio, sobre una población, en donde una instancia política es capaz de establecer un dominio permanente, monopólico e indisputado, sobre ese territorio y sobre esa población, en donde impera una administración de la justicia, unas instituciones, una economía controlada y el monopolio exclusivo de la fuerza pública.

Por tanto, señaló que el concepto de Estado Popular aplica en estos casos porque “esto ocurrió en los territorios dominados por el zapatismo y el villismo. Ahí había un gobierno elegido por las comunidades y en el caso del zapatismo elegido por los pueblos que nombraron a sus presidentes municipales, a sus jueces, a sus regidores y a sus gobernadores con base en los procedimientos establecidos en el Plan de Ayala, a la vez de que tenían un ejército, y ellos eran los que establecían las leyes y la aplicación de la justicia”.

Incluso, Ávila Espinoza refirió que en ambos casos llegaron a tener su propia moneda, Es decir, había una moneda villista y una moneda zapatista que eran acuñadas en las minas de Guerrero y del sur de Morelos que eran de circulación obligatoria.

No obstante, indicó que lo más valioso es que llevaron a cabo profundas transformaciones sociales y en la zona zapatista, por ejemplo, las comunidades recuperaron sus tierras expulsaron a los hacendados y tuvieron la libertad de elegir qué es lo que querían cosechar, de forma que los pueblos pudieron decidir libremente si preferían sembrar caña de azúcar y oros productos tradicionales.

“En estas condiciones, los zapatistas pudieron vivir en libertad casi dos años, entre 1914 y 1915, en lo que el gran historiador Adolfo Gill y denominó como La Comuna de Morelos: la experiencia más avanzada de una revolución popular y nuestro equivalente a la Comuna de París o a las primeras Repúblicas Bolcheviques que se establecieron en la gran Rusia zarista”, concluyó.

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