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viernes, 12 julio, 2024
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Calor y sequía: se agrava el cambio climático

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Por: VÍCTOR M. TOLEDO •

Hace 10 días un vaso de jugo de naranja en los mercados populares costaba 25 pesos. Poco después subió a 28 y casi en seguida a 30. Antier tuve que pagar 50 pesos en una verdulería. El tendero me explicó sobre la escasez de las naranjas a causa de los intensos calores de los últimos meses que no sólo aceleran la pudrición de los cítricos, sino su falta de jugo. Como la naranja, otras frutas y verduras han encarecido de manera súbita: chayote, calabaza, jitomate, rábano y, especialmente, el cilantro, cuyo precio subió 400 por ciento. En el país esta primavera se rompieron registros históricos de altas temperaturas en innumerables ciudades y la prensa informa de varios decesos a causa del calor (la última cifra es de 125). Mientras escribo este artículo el Servicio Meteorológico Nacional pronostica temperaturas entre 40 y 45 grados Celsius en 14 estados. A los calores se suma la falta de lluvias, evento que viene desde 2023 y que hace que al día de hoy las 210 grandes presas se encuentren en promedio a 36 por ciento de su capacidad, y que en todos los municipios salvo 43 haya déficit hídrico. Los medios informan de la muerte de miles de peces en Chihuahua, de aves deshidratadas en el sureste y de la muerte de 200 monos aulladores o saraguatos por golpes de calor en Tabasco y Chiapas.

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Todo lo anterior son expresiones nacionales y regionales de lo que sucede en el planeta entero. La estadunidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), una de las principales fuentes de datos sobre el clima global, ha reportado que los meses de enero a mayo de 2024 se han situado como los más calientes de todo el registro histórico de 157 años, manteniendo la tendencia de la última década al incremento de las temperaturas (https://www.noaa.gov/news/may-2024-was-earths-warmest-may-on-record).

Como sabemos, este fenómeno producido por la civilización industrial conocido como cambio climático o crisis climática se va a expresar en los diferentes territorios de maneras diversas: sequías e inundaciones, calores y fríos extremos, mayor número y potencia de huracanes, ciclones y tifones, alteración de las corrientes oceánicas, derretimiento de los cascos polares y de los glaciares de las montañas, incremento del nivel del mar y acidez de los océanos, y abatimiento de la diversidad biológica. Todo ello a su vez tendrá impactos negativos sobre la disponibilidad de agua, energía y alimentos. Como un verdadero bumerán, los efectos provocados por la especie humana se revierten.

No voy a entrar con detalle al debate sobre si todos somos culpables de esta situación o sólo una minoría. A la idea de que la humanidad ha provocado una nueva era geológica llamada Antropoceno, formulada por el Premio Nobel Paul Crutzen en 2000, ha surgido otra propuesta que bajo el nombre de Capitaloceno sostiene y comprueba que es una minoría la que ha provocado el cambio climático. Dos obras claves de esto último son los libros y artículos de Jason W. Moore, historiador estadunidense, y el estupendo libro de Francisco Serratos El Capitaloceno, una historia radical de la crisis climática (UNAM y Festina, 2020).

Lo que resulta inadmisible es que a pesar de los reportes del IPCB haya todavía “expertos” que, como Donald Trump o Jair Bolsonaro, nieguen la existencia de la crisis climática de escala planetaria. En días pasados, Saúl Arciniega, investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, declaró que “la sequía y la falta de lluvias son eventos naturales temporales y recurrentes y una parte normal del clima en todas las regiones del mundo” (https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/06/16/sociedad/lluvias-no-revierten-las-sequias-severas-en-el-pais-alerta-especialista-955).

¿Qué sigue? Sorprende que esta nueva etapa de la emergencia climática que por vez primera toca ya los cuerpos de todos los humanos no mueva a la acción colectiva. La falta de información y conocimientos y sobre todo la falta de organización, mantienen la situación en estado latente. Sin una “conciencia de especie” entre los ciudadanos, los gobiernos, empresas y organismos internacionales seguirán realizando reunión tras reunión sin tomar decisiones a la altura de las circunstancias. Hasta que el destino nos alcance.

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