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jueves, 1 diciembre, 2022
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El Papa francisco en cuba y Estados Unidos

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS VARGAS •

Un antecedente de la visita iniciada ayer por el Papa Francisco a Cuba, que durará hasta mañana martes, fue  la visita del Papa Juan Pablo II realizada del 21 al 25 de enero de 1998; ambos son acontecimientos fruto de un proceso de cambio profundo y  lento, difícil de digerir por los observadores externos deseosos de cambios espectaculares, en especial por el viejo exilio cubano instalado en Miami. El Papa Juan Pablo II fue un detonante de la caída del socialismo autoritario en Europa del este, transformando el factor religioso en un frente opositor estructurado en la jerarquía católica y como movimiento social cuya acción fue minando lenta e inexorablemente al sistema autoritario; aquel Papa llagó a Cuba precedido de una fama de anticomunista radical ganada por sus abiertos desafíos a las estructuras socialistas en Polonia en 1984 o sus enfrentamientos en Nicaragua a las masas Sandinistas que lo interpelaban y su regaño público a Ernesto Cardenal, aunque en el momento de su visita a Cuba la principal preocupación del Papa ya no era el socialismo al que consideraba técnicamente muerto, sino el capitalismo consumista, hedónico e hiperindividualista, o en palabras de Francisco “la economía que mata”.

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La llegada de Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998 fue uno de los principales acontecimientos de finales de siglo. Había en aquella visita muchos símbolos en juego, ya que Fidel Castro y Karol Wojtyla se perfilaban como dos grandes figuras en la historia del siglo 20. Hubo un duelo de carismas. Cuba entonces atravesaba por una crisis económica severa a raíz de la caída de los países socialistas en Europa, pero finalmente la visita transcurrió sin contratiempos mayores.

Pese a que en los pasados 20 años es la tercera visita de un Papa, las expectativas para recibir a Francisco en Cuba han sido grandes; el pueblo está más entusiasmado. Se está recibiendo a un actor que no sólo ha mediado en la confrontación con Estados Unidos, sino que es un pontífice latinoamericano, que  habla también de la Patria Grande y del sueño bolivariano de una Latinoamérica unida como región cultural.

Observadores como Bernardo Barranco consideran que a diferencia de otros momentos, hay una atmósfera de distensión entre la Iglesia y el Estado cubano por diversas concesiones del gobierno de Raúl Castro reconocidas por el controvertido cardenal cubano Jaime Ortega, y no podemos olvidar que los planteamientos del Papa Francisco en sus documentos “Evangeli Gaudium” y “Laudato si” y en múltiples discursos han generado un espacio muy amplio de coincidencias con las fuerzas progresistas del mundo, lo que es ampliamente reconocido por la mayoría del pueblo y del liderazgo cubano.

Las expectativas son altas en virtud de la afirmación de Pietro Parolín, secretario de Estado del Vaticano, de que en la agenda inmediata del Papa está poner fin al embargo de Estados Unidos. Y que Francisco pondrá todo su peso en Washington, sobre todo ante el Congreso, para concluir el nefasto ciclo del bloqueo. Por ello miles de cubanos creyentes, y no, lo ven como un aliado.

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