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martes, 7 diciembre, 2021

… De luto, la patria peregrina

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Por: VÍCTOR HUGO RODRÍGUEZ BÉCQUER •

La Gualdra 484 / 2021 Año de Ramón López Velarde

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Permanencia de un fluir de cuasi versos

a la memoria de

Ramón Modesto López Velarde

[15 de junio de1888 – 19 de junio de 1921].

A la vida breve

que a su muerte

le sobrevino sueño equivocado.

 

Proemio

En la obra su-ave de Ramón,

la Patria, en cívicas estrofas,

(hueco santuario de su corazón)

de su obra universal tan intimista,

tierra de eritrocito terrón:

de cobalto retinto – cielo vidriado

en atardeceres de amatista;

meretrices lamentos declamados…

La Patria se le renueva en incensario

de personales ofrendas,

casi a diario;

reiterativo, en estampas de alusión

al terruño legendario,

a beatas pueblerinas,

el pozo, el piano, el campanario…

de grises infancias insepultas

y pequeñas travesuras que grabaron

nubarrones de azucarado algodón:

pecados deliciosos de relamido escapulario.

 

 

Primer Acto

A riesgo de hacer confidencia irreverente

he de apuntar, en tono sincerista

(parafraseando al poeta de mi tierra)

que la memoria de Ramón

ha sido, a mi entorno,

tan cercana

que no hay singular manera

ni mágica palabra,

para arrancarme su herencia tan de fondo.

 

En mi infancia no fue preocupación alguna

los poemas por más cívicos que fueran

ni urgencia de apuntarlo en mis materias

ni el Credo de Ricardo López Méndez

por José Antonio Cossío moduladas,

el sentido poema de Ramón López Velarde

que tanto urgiera la maestra

a declamar de corrido

en toda fiesta,

banquetes o balneario.

 

Con el tiempo me enteré lo conveniente

de atarse con seguridad los cordones,

hacer buen nudo a la corbata

o empata, en todo florilegio,

la suerte que, académicos jugaban,

presumiendo que entendían a los poetas,

sobre todo a Ramón

tan dulcemente ateo,

atado a los listones

de una pasión, de tan secreta, desbordada;

mientras una santa mujer mesaba su entresueño

en el ronroneo de felina compañía,

que, sobre la falta de su amada,

imaginaba el mundo

desde un balcón hacia afuera;

rezandera de quimeras trasnochadas.

Mientras Ramón

febrilmente prometía

destilar hemoglobinas oxigenada

para teñir el atardecer de su Fuensanta.

 

 

Intermedio

Mis primeros dos mejores libros

no adelgazaron mis bolsillos

ni dejaron en la ruina mi mesada

como estudiante, al fin, pude

apilar junto a mi almohada

a Rulfo junto con Ramón

el primero: juan el poeta

por antonomasia

y el segundo trastocador

de los lenguajes más sutiles

inspirado en fuente santa.

 

En algún libro de estampas:

lectura de clásicos ilustrada,

también, como él,

encontré en mi camino a Lugones.

Quién me diría después

que López Velarde anidaría

en su íntimo decoro

modesta devoción

por el “poeta sumo” Leopoldo.

 

 

Segundo Acto

 

Intimista irredento,

Cerrado al mundo

que no veía con sus ojos,

aferrado a ese pequeño cosmos

de singulares afectos familiares,

(sus amores escondidos en tímidos azares)

y su alondra, sus zenzontles y su casa;

su pueblo, su ambiente y sus amigos

tenían que pulsarse en su tonada”.

 

Dice y repite Salvador Solana

(en uno de los Sepan Cuántos de Porrúa)

que Ramón el de Jerez, vale y perdura,

“perdura y vale,

por su empeñosa exaltación lírica,

por su interior tortura,

su dualidad dramática

con que en él luchaban cuerpo y alma,

religión y sentidos, espíritu y carne;

por la variedad de sus imágenes,

por la certeza de su expresión en lo íntimo,

por el apasionamiento

de su dedicación a un tema,

que siempre es el mismo

y al que la diversidad de tratamientos

hace aparecer diferente, siempre”.

Palabras más, elogios menos.

 

Filiberto Soto Solís, de Zacatecas,

prologa la edición del Gobierno del Estado:

Diapasón del Corazón (1971),

término usado por el bardo jerezano

para significar que en su interior existe

una música íntima (que) no cesa.

Edición en el medio centenario

del poeta y escritor

Ramón López Velarde

donde la devoción fue singularmente manifiesta;

tal vez a los cincuenta de su muerte

era aún más fresca y viva la memoria

de un provinciano Ramón de Jerez,

universal López Velarde.

 

José Luis Martínez nos comenta

(en edición del Fondo de Cultura)

que con él llegaron a nosotros

Baudelaire y Virgilio.

Frecuentaron Las flores del mal,

por su venturosa lectura,

nuestros jóvenes poetas modernistas:

Díaz Morón, Gutiérrez Nájera,

Nervo, Tablada y Valenzuela.

“Si, (somos asegura Villaurrutia)

un abismo separa sus formas de arte,

pero otro abismo de sus espíritus

los hace miembros de una misma familia”.

Las cercanías con los demás,

en notable semejanzas,

también muestra diferencias estilísticas.

 

¿Quién, que no haya concebido

una simple imagen poética,

puede quedarse ayuno de influencia?

Más cuando en el mismo tono

de la libre lírica

el verso y el re-verso

se invoca, se ensaliva

con tan singular licencia

que: el cojo al tuerto presta la muleta

para que, en el santuario de la vida,

obtenga el alivio a su miseria

o comparta su gracia sin meretrices diatribas.

 

Tercer Acto

Por lo pronto va… La Eneida

desde una similitud casi inadvertida

a emparentarse a la primera estrofa

por la marca especial, muy reflexiva

de titubear con el papel y tinta:

“Yo aquel mismo que en flauta campesina

en otro tiempo modulé canciones,

y dejando la selva peregrina

causa fui que con ricas producciones

satisfice la región vecina

de exigirte cultor las ambiciones

—obra grata a la gente labradora—

de Marte hórridas armas canto ahora”.

 

El antiguo cantor lírico

que emprende un canto épico,

es la misma tonada entre Virgilio

y el que pide, en Suave Patria,

(el cantor del íntimo decoro)

por una vez la grave modulación del bajo

y emprender un poema de aliento cívico

que conserva aún muchos de los elementos

libres y líricos del resto de su obra.

Colocado, significativamente,

al final de su libro póstumo de versos

y escrito en ocasión del primer centenario

de la consumación de nuestra independencia,

el mismo año de su muerte. (1821)

Nunca vio publicado el patrio sueño

que anunciaba

la obra de un escritor

que quizá condensara

el nuevo concepto

de nuestra nacionalidad,

hoy tan desdoblada.

 

Retorno nostálgico,

(por desencanto del mundo)

a la pureza provinciana,

resulta la transmutación

de la experiencia personal

del sensible poeta

en sus últimas alocusiones.

 

Una experiencia excepcional

del fervor por la patria su-ave.

El cantor de la provincia

nos legó un segundo himno nacional

lírico, intocable y ya tradicional

que puede tener los defectos

de un impuro canto lírico

y canto épico

demasiado subjetivo y caprichoso.

 

Epílogo fundamental:

El bibliográfico retorno

a su mística profundidad

y consulta de estudiosos,

(morder las Peras del Olmo

Cultivadas en santa Paz por Octavio)

Como leer los oráculos…

¿Cuándo tendremos otro igual

que en la inmortalidad

de sus ensueños

inmortalicemos

nuestros anhelos todos?

 

Ramón de Jerez,

en tu significativo entorno:

La Patria peregrina,

renovada, ufana, profundísima bahía

de políticas profanas,

esperamos, nadie, podrá nunca

trastocará tu tierra pueblerina

y lo que significa la patria provinciana,

el arroyo de sus venas…

el candor de sus mitologías,

sus litorales majestuos,

las humanas cofradías…

pulsaremos el íntimo decoro

el propio y del brazo hermano

sonando caracolas de alerta

si la libertad se entorpeciera

en la prodiga tierra del mexica…

 

 

 

 

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