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lunes, 24 junio, 2024
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Megalopolis de Francis Ford Coppola [en Competencia por la Palma de Oro]

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Por: CARLOS BELMONTE GREY •

La Gualdra 622 / Cine / Festival de Cannes 2024

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Cuando uno se pone en modo crítico o comentarista de películas siempre hay dos peligros inmediatos: extender los objetivos del cineasta o bien, malentender las intenciones de algunas secuencias. Acertar en uno y en otro implicaría tener al cineasta enfrente de nosotros y que nos las dijera -sus intenciones- y nos explicara sus estrategias; pero no es posible y no es válido. Uno comenta simplemente de lo que ve y a partir de lo que uno siente al ver la película o sabe de la película.

Este preámbulo para comentar la más nueva cinta del legendario Francis Ford Coppola, Megalopolis, que participa en la Competencia por la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2024. 

Es la historia de un arquitecto urbanista de la ciudad Nueva Roma que quiere cambiar enteramente el urbanismo de esa ciudad para mejorarla, eficientarla en todos los sentidos (transporte, calidad de vida y de servicios), pero para ello necesita destruir la vieja y sobre sus ruinas crear la nueva. Claro, este arquitecto, interpretado por Adam Driver, tiene un súper poder, detener el tiempo a su gusto.

En una clara analogía y usando la historia lineal de las civilizaciones, Coppola propone construir como lo hizo en su época Roma, una nueva Roma, para, a diferencia de la Roma antigua que desapareció, evitar que a la nueva le suceda lo mismo y, al contrario, se convierta en una Nueva Roma perfecta.

Con esta idea de fondo y transversal de la historia, Coppola nos va a llevar con dos estrategias: una, en el modelo de la cinta Satyricon (Federico Fellini, 1969), justamente los relatos míticos romanos narrados con la exageración de la caricatura burlesque y alocada; y otra, la más seria (¿o intento de tomarla seria?) en el tono del Pan-Americanismo de finales de la década de 1930, con películas como Juarez (William Dieterle, 1939), con un tremendo mensaje pedagógico del rescate de la civilización, del mundo moderno, de la democracia y de -nuevo principio- la calidad de vida urbana.

Driver encarna a Cesar Catilina, Nathalie Emmanuel es Julia Cicero y Giancarlo Esposito es Franklin Cicero: arquitecto, hija del alcalde y alcalde amante de construir con cemento. Son los personajes principales de una historia que durante su proyección inaugural en la Sala Debussy del Palacio de Festivales en Cannes hizo que más de uno de los críticos se saliera y otros esperaran el final para la rechifla.

Parece que esas escenas como la subasta para proteger la virginidad de una chica de la ciudad hasta su matrimonio con una presentación muy popstar Taylor Swift; o una performance en vivo que hace aparecer a un hombre frente a la pantalla -real- para simular una entrevista con el arquitecto, no funciona o quizás sí funciona: risas, mofa, rechifla. ¿Era esto lo que buscaba el director de la saga de El Padrino?

 

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