Propagación

Propagación

Una analogía es una proporción. Por proporción se entiende el establecimiento del siguiente razonamiento: si sabemos que A está en cierta relación con B, entonces proponemos que C está en una relación similar con D. Se abrevia C es a D como A es a B. El ejemplo conspicuo son las proporciones de las figuras geométricas, e. g. los lados de dos triángulos de diferentes tamaños. La analogía, sin embargo, no se limita a las matemáticas ya que constituye un medio heurístico de construir conocimiento. A veces, sin embargo, es también fuente de falacias. Así, en relación a las enfermedades infecciosas nuevas, se pueden postular relaciones inexistentes por analogía con el comportamiento de las ya conocidas. Parece claro que la Covid-19 es una enfermedad respiratoria, y la analogía con la gripe, o el resfriado común,es muy tentadora, por lo que resulta fácil caer en errores. De modo tal que cuando alguien es víctima de la covid-19 se puede plantear la proporción: “la recuperación de cuerpo humano de la covid-19 es como la recuperación de la gripe”, aquí se propone que la recuperación del cuerpo de una enfermedad es análoga a la recuperación de ese cuerpo ante otra enfermedad que se supone parecida o análoga. He aquí la fuente del error: la covid-19 no es gripe y no se sabe cuáles sean sus efectos a mediano y largo plazos. Un artículo científico reciente donde se localizan los efectos duraderos de la covid-19 (es decir, aquellos que duran más de dos semanas) es: Sandra López León et. al. “More than 50 long-term effects of Covid-19: a systematic review and meta-analysis” Scientific Reports v.11 9/08/2021. No deja de ser alarmante el encabezado: más de 50 efectos duraderos, secuelas de la enfermedad que persisten y deterioran la vida de las personas. Lo que se hace en el artículo es un trabajo de sistematización de la literatura pertinente respecto al tema de los estragos a largo plazo de la covid-19: se busca, bajo ciertos criterios explicados en el artículo, en las bases de datos de la literatura médica aquellos reportes sistemáticos de los efectos posteriores a la “recuperación” de la enfermedad. Debido a que los resultados que seleccionan trabajan con muestras de 100 pacientes no son generalizables con facilidad. Pero ofrecen un indicador grueso de lo que podría estar deparando el futuro para los muchos quesufrieron la enfermedad, incluso si no hubo necesidad dehospitalización. Uno de los resultados de este estudio es que, al menos, 80 % de los recuperados presenta al menos uno de 55 síntomas. De entre estos los más frecuentes son: fatiga crónica, dolor de cabeza, desorden de atención, perdida de cabello y disnea. Quizá se pueda pensar que son padecimientos leves, sin embargo, su complejidad inherente impide descartarlos de un plumazo. Pueden resultar incapacitantes para cierto porcentaje de la población. Por tanto, la propagación de la covid-19 es un objetivo necesario para impedir mayores costos económicos a futuro, tales como pensiones por incapacidad o incremento de la pobreza y el desempleo. Estos datos también permiten ponderar las decisiones tomadas respecto a la apertura de escuelas, bares, cines y demás actos sociales masivos que permiten la propagación acelerada del virus. Aquí se debe señalar algo importante: el debate respecto a las clases en línea o presenciales no es acerca de la educación. La decisión de ofrecer los contenidos educativos en línea no fue porque así se logaría mejorar la sociabilidad de los educandos, lo que se intentó hacer fue impedir la dispersión de la enfermedad, y es contra ese escenario que se debe argumentar a favor o en contra. Es cierto, la política de confinamiento decretada en 2020 tuvo el resultado, predecible, de parar la economía debido a una violenta contracción de la demanda interna por causa del cierre obligatorio de los negocios. Funcionó, o al menos, si se examina la gráfica del número de contagios a lo largo de 2020 y 2021 es claro que, debido al confinamiento, la primera ola no fue, comparada con las dos posteriores, lo que pudo haber sido. En otras palabras, así como redujo el PIB, el confinamiento contuvo los contagios en un escenario donde no existían las vacunas. Ahora bien, para detener la propagación del parásito con vacunas es bien conocida la necesidad de alcanzar un cierto porcentaje, que depende de la capacidad de contagio mostrada. Si ésta se incrementa, se requiere un mayor porcentaje de vacunados. Si el virus muta la efectividad de la vacuna podría quedar comprometida. De nuevo, la discusión es alrededor de detener el contagio para evitar las muertes, las secuelas incapacitantes y las mutaciones. Mantener las clases en línea puede tener muchos inconvenientes, pero tiene una virtud de la que carecen las clases presenciales: evita la propagación en un 100 %. Por su parte, las clases presenciales exigen modificaciones caras de la infraestructura y la organización que resultan caras. Así, por ejemplo, si se quieren 30 alumnos por grupo se deben agrandar y ventilar los salones, si se reduce el número de alumnos, se incrementa el número de grupo y son necesarias contrataciones de docentes. Lo más barato y seguro es el sistema en línea, pero… ■

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