La escuela no espera más

La escuela no espera más

Algunos por auténtico temor, otros por costumbre, unos más por comodidad, otros por falta de empatía y algunos incluso porque lo asumen como cosa del presidente, se niegan al regreso a clases presenciales a 18 meses de haberlas suspendido.

Es comprensible, todo cambio genera resistencias, y de la misma manera que ésta se dio para realizar las clases en línea, hoy se presenta para lo contrario.

Argumentos hay varios: el temor de que los escolares se contagien, que enfermen severamente porque no han sido vacunados, que sean vectores que lleven el virus a casa, etcétera. Todo es cierto y razonable, pero la contraparte también lo es.

No nos gusta oírlo, pero el riesgo cero es inexistente. La covid 19 es uno de los gajes de la convivencia escolar, en un rango tan variable que va desde los piojos, hasta la varicela, unas con más peligro que otras, evidentemente.

Se dirá que el nivel epidemiológico de covid con otras enfermedades no es comparable, pero las herramientas para enfrentar hoy este padecimiento son mayores a las que teníamos hace un año.

Hoy 55% de los adultos han sido vacunados, y de forma significativa la población vulnerable con riesgo de complicarse (recuérdese que la mayoría la pasa con síntomas leves). Existe también guía clínica y protocolos para catalogar sospechosos, diagnosticar y dar tratamientos médicos.

A diferencia del inicio de la pandemia hoy las pruebas de detección no son escasas, los médicos saben qué hacer, se ha aumentado la infraestructura hospitalaria y se tiene ya el camino a seguirse si se requiere aún más.

Por otro lado, ese encierro que antes nos supo a “vacaciones” hoy se traduce en agotamiento económico, físico, mental y social.

Ahora, después de mucho tiempo encerrados (quienes tuvieron el privilegio de poder estarlo) pocos, muy muy pocos son los adultos que no han hecho fiestas de cumpleaños o han acudido a ellas, a comidas y reuniones con amigos, fiestas de bautizos, quince años, bodas, salidas a bares, e incluso, salidas de vacaciones acompañados en varios de esto eventos de los infantes a quienes hoy se les mantiene lejos de SU espacio de socialización más importante: la escuela.

Sus excepciones habrá, sin duda, como la hay en la situación de la infancia, porque no son uniformes sus condiciones para estudiar en casa, y tampoco lo son para regresar a la escuela.

Probablemente entre las personas en edad escolar habrá un porcentaje que enfrenta enfermedades autoinmunes o crónicas que les hace más susceptibles de contraer el virus, o de complicarse. Habrá también escuelas que no garantizan medidas de prevención suficientes por falta de preparación, por saturación, o por no tener condiciones mínimas como agua potable.

Pero también hay hoy millones de niños que permanecen en casa con mayores riesgos que los que tendría volver a clases presenciales, porque están más susceptibles de vivir abusos sexuales o violencia física en casa; o se encuentran solos buena parte del día porque sus padres no pueden postergar más la salida a trabajar.

Para muchos, la escuela es la única vía para acceder a servicios de salud e inmunización, obtener comidas nutritivas, servicios de apoyo psicosocial o de salud mental, prevención de embarazos, etcétera.

La realidad no es homogénea, por ello es preferible que todos tengan la opción de ir a clases presenciales, aunque excepcionalmente algunos no vayan; a que las particularidades dejen sin opción a la generalidad.

El caso de Zacatecas es ilustrativo, estando ahora en semáforo naranja, cuatro municipios concentran 82% del contagio de todo el estado en las últimas semanas. ¿Los estudiantes de 54 municipios tienen que esperar a que los casos amainen en Zacatecas, Fresnillo, Guadalupe y Jerez para acceder a su derecho a la educación?

¿O se trata de estirar lo más posible esta situación que permitió a muchos servidores públicos recibir su salario íntegro sin mover un dedo en el hogar? O peor aún, ¿es la resistencia a dejar los empleos que adquirieron mientras en el servicio público (y particularmente en el magisterio) se reportaban resguardaban en casa?

El regreso a clases es ya la convicción de 80% de los padres de familia de educación básica, según informó Gobierno del Estado; es también el llamado del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Nada de esto significa riesgo cero, que no habrá contagios, o que no habrá necesidad de volver a cerrar escuelas en algún momento. Pero es momento de centrar la discusión en los cómos y no en los cuándos.

Necesitamos pensar en cómo aumentar la prevención, cómo actuar cuando se den los contagios, cómo advertir al infante para que tenga precauciones, cómo realizar cercos sanitarios, cómo detectar casos, cómo tratarlos, etcétera. La realidad y la educación no pueden esperar más. ■

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