Carta lírica a Ramón López Velarde, de Jesús Sansón Flores*

Carta lírica a Ramón López Velarde, de Jesús Sansón Flores*
El poeta jerezano Ramón López Velarde ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

En las ancas de luz de tu pegaso
-señorial todavía lanza en ristre-
ante el sol de la vida que declina,
yo te juro a las puertas de mi ocaso,
que la patria está igual como la viste,
y que sigue impecable y diamantina.

No se apaga el carmín de sus mañanas
ni enmudece la voz de los jilgueros;
tu provincia se asoma a tus ventanas
y siguen parpadeando los luceros.

Con timidez de párvulas doncellas
que abandonan su ruta en el vacío,
aún bajan a peinarse las estrellas
en las aguas sonámbulas del río.

Somos la misma patria que dejaste,
heroica en su dolor y en su camino;
vivimos del milagro y del contraste
y echamos al albur nuestro destino.
Un mundo miserere se diluye
en el verde sudor de la campiña,
con pisadas de muerte el tiempo afluye,
la mañana, otra vez, vuelve a ser niña.

El símbolo ancestral emblasonado
sobre el nopal ostenta su ufanía
y sigue siendo el sol el pan dorado
con que se nutre el esplendor del día.

Están en su lugar los dos volcanes
-muros de nuestra angustia y nuestros ayes-
-de cenizas y de lava sus latidos-,
como los contemplaste: dos titanes
que vigilan el sueño de los valles
y que fingen al sol, que están dormidos.

Nuestras mujeres en su carne ardiente
llevan aún la gracia repartida,
y en el milagro humano de su vientre
se vuelve azul el lirio de la vida.

Con las manos vacías, la noche ciega,
marcha el indio, descalzo todavía,
A su humilde jacal aún no llega
“el santo olor de la panadería”.

Pisando con dolor surcos feroces
la patria busca el pan y alza la mies,
se le ha quedado el fuego de sus dioses
abrazando el tormento de sus pies.

Y cuando el fértil valle oculta el grano
en el seco rencor de las sequías,
un mar azul la lleva de la mano
para que siembre hermosas lejanías.

Si en su frontera extraño capataz
consume su energía, rudo y siniestro,
su boca tricolor es incapaz
de rezar en inglés el padrenuestro.

Y la repurifica el santo óleo
de la esperanza y vive en su raíz,
desnuda sobre un manto de petróleo
y envuelta en horizontes de maíz.

Y aunque la acechan lúgubres augurios
y una aflicción de siglos la calcina,
en su mapa de sangre y de tugurios
permanece impecable y diamantina.

Posdata:

El poderío satánico y pagano
del oro negro, recobró sus fueros;
el diablo es ciudadano mexicano
y tomó posesión de los veneros.

Desde el olimpo azul donde floreces
perdóname esta carta sin aliños;
los poetas quisiéramos a veces
podernos expresar como los niños.

…………………………………

En las ancas de luz de tu pegaso
-señorial todavía lanza en ristre-
ante el sol de la vida que declina
yo te juro, a las puertas de mi ocaso,
que la patria está igual como la viste,
y que sigue impecable y diamantina. ■

*La carta fue escrita pocos años antes de la muerte del poeta, ocurrida en 1966.

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