Reforma política y la importancia de la representación proporcional

Reforma política y la importancia de la representación proporcional

En cada proceso electoral se cuestiona el papel de los representantes populares, en particular de los diputados. Es parte del enorme desprestigio de la clase política. Y claro está que dicho desprestigio no es gratuito, se ha ganado con actos deshonestos que van desde el oportunismo político al abuso con los recursos públicos. Los legisladores tienen la función esencial de aprobar el presupuesto, así que eso da la oportunidad de autoasignaciones presupuestales. La función de asignación de recursos abre la posibilidad de dotarse de partidas injustificables que, terminan por cansar a la ciudadanía que gana unos cuantos pesos con enormes penurias. Así las cosas, a los diputados o senadores se les percibe como una clase privilegiada aparte.

Pues bien, este tipo de hechos se usan para enarbolar banderas antidemocráticas. Se usa el agua sucia donde está el bebé para exigir tirar toda la bañera, con todo y niño. Si una bañera tiene el agua sucia, ¿se justifica por esa razón tirar al niño? ¡Obvio no! Pues eso mismo ocurre en estos casos, como los partidos no han dado resultados y están llenos de políticos oportunistas, ¿eso justifica la idea de desaparecer el sistema de partidos? Toda la tentación autoritaria se fundamenta en los vicios o errores de la democracia. Se puede argumentar que la democracia es muy cara y poco efectiva, y como hay la idea que un gobierno donde hay mande una sola autoridad puede ser más efectivo (nadie discute las instrucciones y se hace lo que se ordena) y más barato (se le paga a una sola autoridad y no a un montón de políticos). Pues bien: esto es una ilusión falaz. Un poder que manda sólo termina siendo más caro, en todos los aspectos, a uno donde mandan muchos. La historia es bastante ilustrativa al respecto.

En este contexto hay que poner la discusión de la reforma electoral anunciada. Hay posturas que piensan en mejorar los procesos de representación y, de esa manera, mejorar los actos de legislación y gobierno. Esto es, pensar la reforma bajo la idea de la justicia. También está el simplismo de que basta con eliminar las plurinominales o la conocida ‘representación proporcional’ porque salen caros y ‘no sirven de nada’. La representación proporcional ha sido uno de los grandes logros en la conformación de las cámaras legislativas. En un territorio se expresa una pluralidad que debe ser expresada en las cámaras. Por ejemplo, en un distrito puede haber 3 expresiones con intereses distintos, y uno de ellos gana con 35 por ciento de la votación y llevarse la representación del 100 por ciento del territorio. Así, el 70 por ciento de los electores quedarán excluidos de toda forma de representación. A las personas que proponen eliminar las plurinominales, valdría la pena preguntarles: ¿y si mejor se eliminan las uninominales y se hace un sistema totalmente de representación proporcional? Necesitamos eliminar los automatismos y la propaganda fácil de la tentación autoritaria. En una reforma política, debemos pensar en cómo mejorar todo el sistema de elecciones de acuerdo con las funciones que ahora mismo están hechas un desastre: como las campañas basadas en programas o formas de representación efectivas pero baratas. Pero es muy importante no caer en consignas que tiran al niño con el argumento de eliminar el agua sucia. Ahora mismo es vital contar con la combinación de pensamiento crítico y valores democráticos.

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