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lunes, 25 octubre, 2021

Miedo de Morena a la democracia

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Miedo le tienen los morenistas al 6 de junio, a la democracia. Estamos en vísperas de elecciones. Elecciones cruciales como se ha venido diciendo por muchos. Es la hora de velar las armas: las de la libertad y la inteligencia, las del espíritu, las que, resistiendo, anhelan la paz, la concordia, la empatía, el respeto al voto libre opositor, y a la Constitución que es el medio a través del cual se expresa el derecho del pueblo a gobernarse a sí mismo.

Se analiza aquí sucintamente el porqué de ese miedo, la paradoja de las trivialidades sobre las que se viene construyendo la 4T y la necesidad imperiosa de votos libres y razonados.

Es la hora en que la moneda está en el aire. Es la hora de deliberar, es decir, de pensar en lo mejor para México, que hoy es lo menos malo dadas las circunstancias de crisis cultural, política y social perturbadora y decisiva a la vez. En el peligro está la salvación, dijo Hölderlin hace ya tiempo. Solo hay dos opciones racionales: sacudirse el yugo autoritario como prioridad y mirar adelante o mantenerlo para que se haga más pesado. Lo demás es ingenuidad de párvulos o confusión mental.

Se percibe un malestar que se desliza por el territorio nacional. Lo han captado los morenistas y por ello hace unos días, lanzaron una “alerta” porque según ellos, se fragua un posible fraude electoral de la oposición el día 6 de junio en supuesta alianza con el INE. ¿”Fraude” en contra de un gobierno que concentra el poder de manera insólita para controlarlo todo? Por favor, seriedad élite morenista, no se burlen tan burdamente del pueblo consciente.

Aberrante, patética alerta esa de los morenistas. Significa solamente una cosa: están confesando implícitamente que muchos de sus candidatos serán derrotados el 6 de junio. Eso no lo toleran porque ya no son demócratas si alguna vez lo fueron, y harán todo para no reconocer los triunfos legítimos de sus adversarios. Son demócratas los que aceptan en su momento que el adversario tiene la razón o gana con votos de la ciudadanía. Ellos no lo son, están decididos a descarrilar el proceso electoral si les es adverso; ya tienen listos, según información pública, sus presuntos manuales.

Están participando en las elecciones y a la vez descalificando de antemano al árbitro electoral e injuriando a toda oposición, ciudadana o partidista. ¿De qué se trata? Hay algo patológico en todo ello: miedo a la democracia, miedo al derecho, miedo a la libertad de una ciudadanía pensante y agraviada por dos años y medio de división, encono, pobreza, violencia, falta inédita de resultados reales.

Y, ¿por qué, sin embargo, hay todavía seducidos por la 4T? Contesto primero con algunas preguntas clave.

¿Hay ideas, planteamientos de fondo en la 4T que apunten a una verdadera transfiguración nacional en materia social, económica y cultural? ¿Ideas profundas que persuadan por su racionalidad? ¿Por qué dice Roger Bartra que ha perdido Morena el debate ideológico? ¿Por qué no discurren sus miembros con ideas sino con insultos, descalificaciones y odios? ¿Por qué rehúyen sistemáticamente el debate genuino de ideas desde que arribaron al poder?

La 4T no tiene ideas políticas de peso: secreta banalidades. Vive del pasado efímero, su triunfo de 2018 ya superado por el presente aciago y sus circunstancias. La 4T se ha venido construyendo, desde entonces, sobre trivialidades repetidas hasta el cansancio. Y partiendo de ello, volvamos a la pregunta de por qué hay todavía seducidos por ella. Pues precisamente porque a esas trivialidades se les puede dar cualquier significado. Medítese sobre tal cosa dicha sabiamente por un protagonista de la historia como maestra. Sobre trivialidades se han edificado en el pasado regímenes de muy triste memoria para la democracia y el Bien Común.

Trivialidades que producen males, dramas políticos. Trivialidades que, en estos tiempos, de manera no brutal, indirecta, arruinan a países seducidos por ellas al estar acostumbrados a la sumisión al poder, y al darle las muchedumbres y parte de los medios a tales trivialidades una dimensión fantástica que eclipsa hechos reales, sufrimientos del prójimo; al atribuirles un significado mítico irreal que atrofia el entendimiento, la razón, la lucidez para deliberar con acierto en el campo de la vida, de la política, tan trascendentes para el destino de una nación, de cada ciudadano y ciudadana.

Pero siempre, tarde o temprano, la persona puede usar de la razón y los buenos sentimientos para darles a la realidad y al prójimo su lugar, para deliberar bien apelando a la verdad que libera, a la conciencia y a la buena voluntad que ennoblecen.

Ojalá que el 6 de junio, ya inminente, la mayoría del pueblo emita un voto entusiasta, razonado y libre, es decir, que no responda a la presión de apoyos clientelares ni a trivialidades, y que defienda su voto a través del derecho y la resistencia civil pacífica en su caso. A velar las armas nobles de la política frente al probable asedio antidemocrático de los que antaño se decían demócratas. Insisto, solo hay dos opciones racionales: sacudirse el yugo autoritario como prioridad y mirar adelante con una mayoría opositora de diputados federales, o mantenerlo para que se haga más pesado. La moneda está en el aire.

Dedico este artículo a Porfirio Muñoz Ledo; difiero de muchas de sus ideas, pero admiro al tribuno comprometido porque soy orador y, por ende, sé del valor de la palabra poderosa y franca, y porque es encomiable su determinación de defender la Constitución y el pluralismo político, clave de la democracia. Los años han robustecido su valentía, tan propia de la juventud esperanzada, a contrapelo de tanto servilismo y cobardía. J. Mauro González-Luna M. n

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