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lunes, 25 octubre, 2021

Un Nobel está en ciernes

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Si se busca en la red global de comunicaciones la respuesta a la pregunta ¿transmite Covid-19 una persona vacunada?, la respuesta puede ser sorpresiva. Por ejemplo, en el artículo “COVID-19 Vaccines May Not Prevent Nasal SARS-CoV-2 Infection and Asymptomatic Transmission” de Benjamin Bleier et. al. publicado en la revista “Otolaringology-Head and Neck Surgery” vol. 164 (2) pp. 305-307 (2021), la respuesta es que sí, las personas vacunadas pueden contagiar de Covid-19 si es que lo adquieren. Se sobreentiende que aún vacunados se pueden contagiar. Las razones se exponen en la nota citada, pero tienen que ver con la independencia del sistema inmune de las mucosas. Es decir, la vacuna genera una respuesta inmune sistémica, pero la inmunidad de las mucosas es cosa aparte. Esto no es nuevo, ya se conoce ese resultado en otros patógenos, como los de la poliomielitis y la influenza, para los que existen vacunas intranasales superiores a las intravenosas. En otra carta al editor de la revista “Infection Control & Hospital Epidemiology” titulada: “Warnings regarding the potential coronavirus disease 2019 (COVID-19)transmisión risk: Vaccionation is not enough”, publicada en el primer número del 2021, se sostiene algo similar: la vacunación no es suficiente para detener de manera efectiva la transmisión. Bien, la respuesta es terrible, aún con la vacuna la infección puede darse y la persona vacunada transmitir. Dado este resultado la siguiente cuestión es: ¿qué tan eficiente es la vacunación como medio de contención? No existe respuesta absoluta a pesar de las buenas voluntades de los políticos: se debe entender que sin ciertas condiciones la vacunación, y la confianza ciega, pueden producir un resultado peor al esperado. ¿Cómo responder la cuestión? Con un modelo matemático que permita calcular probabilidades de diferentes escenarios posibles. Uno de estos aparece en el articulo de Stéphanie Abo y Stacey Smith “ Is  a Covid-19 Vaccine Likely to Make Things Worse” publicado en la revista “Vaccines” en el número 8 de diciembre de 2020. Ahí se construye un modelo matemático para evaluar, entre otras cosas, que tanta población debe estar vacunada para reducir de modo significativo el proceso de transmisión. Los resultados son estremecedores porque van contra el voluntarismo cotidiano: si el 80 % de la población de una región está vacunada el riesgo de contagio se reduce en más del 50 %, sin embargo, si menos del 40 % de las personas están vacunadas, y se abandonan otras medidas de seguridad, se producirá una catástrofe.  Estos resultados configuran un conocimiento que permite diseñar políticas y tomar decisiones mejor fundadas. Todo esto tiene que ver con un asunto de vital importancia en México: intentar reavivar las clases presenciales como infranqueable paradigma de la educación. No basta declarar que otros países ya lo hacen porque eso es una falacia, se debe ofrecer información científica fundada en modelos y experimentos, no voluntarismos infames. La rectoría de la Universidad Autónoma de Zacatecas ya tiene planeado volver a utilizar las aulas. Lo declaró el rector el pasado 26 de mayo (“Con cuidados, regreso a las aulas en la UAZ” NTR 26 /05 /2021). Según dijo será un regreso con todas las medidas de seguridad, aunque no especificó cuáles son. Ni tardo ni perezoso el secretario general del Sindicato de Personal Académico de la UAZ comentó, en total acuerdo con la rectoría: “En el caso de la planta docente se pasó por el proceso de vacunación, entonces tenemos claro que no es así para el alumnado, nosotros estamos en la disposición del regreso de manera escalonada y estableciendo protocolos de seguridad para los alumnos, sobre todo” (“Piden sindicatos de UAZ regreso seguro” NTR, 27/05/2021). Se aprecia en la entusiasta opinión del secretario que concibe la vacunación como el medio infalible de detener el contagio entre los docentes y un poco menos entre los estudiantes. No cita la encuesta en la que consultó a sus agremiados la disposición que menciona de regreso escalonado, ni aclara las fuentes de su confianza en la vacuna, pero de acuerdo a los datos ofrecidos en este artículo, sus pareces son falsos. Resulta claro que el total de vacunados en la UAZ es menor al 80 % de toda la población universitaria, si no se establecen medidas de seguridad adicionales el desastre está garantizado. ¿Cuáles son esas medidas? Salones con ventilación, medidores de dióxido de carbono, pruebas semanales para detectar infecciones incipientes a tiempo.Estas medidas no las menciona la rectoría, quizá sí las haya implementado, quizá no. Quizá tengan “otros datos”. Aún más, el secretario general debería de activar la comisión de higiene y seguridad contemplada en el artículo 52 del contrato colectivo para que de manera bilateral se prevengan los riesgos de trabajo y se evalúen las condiciones de las instalaciones universitarias. De otro modo una masacre está en ciernes. ¿Cuántos estudiantes muertos son aceptables para la presente administración? Con 45 mil y una mortalidad por covid de 2 %, entonces la cota máxima de muertos es de 900. Podrían ser menos si no se contagian todos, quizá unos 400 o 200. ¿Ya fijó ese número la rectoría? ¿o tiene un súper modelo de exportación que promete cero muertos y pocos contagios? Si es así, debería publicarlo, un Nobel está en ciernes.

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