Evaluar el aprendizaje de los alumnos; sesgos e inconsistencias (2/2)

Evaluar el aprendizaje de los alumnos; sesgos e inconsistencias (2/2)

Es legítimamente maestro, el que trata
de aprender y se empeña en mejorarse
a sí mismo.
José Vasconcelos

Evaluar el aprendizaje de los alumnos es quizá una de las actividades más difíciles del proceso enseñanza-aprendizaje, la subjetividad de esta, pone al docente con cierto grado de inseguridad puesto que es él quien debe tomar la decisión en cuanto a la promoción o no de sus alumnos. El principal problema al que se enfrenta el docente, es que cuando evalúa a sus alumnos, él también se evalúa y/o lo evalúan, cuando un maestro reprueba a un gran número de alumnos, se dice que este es un mal maestro, en cambio, cundo emite altas calificaciones de sus alumnos, lo catalogan como un maestro de calidad; el mismo sistema educativo ha vendido esa idea, cómo recuerdo cuando le daban el mote de “Escuela de calidad” cuando cuantitavamente veían en sus estadísticas, altas calificaciones, algunas escuelas colocaban en sus fachadas lonas que contenían la leyenda “esta escuela es de calidad”.

Una manera de demostrar que se han generado alternativas o variantes a la evaluación del aprendizaje, es cuando se realizan las reformas al modelo curricular –no educativo-, con ello, también se le dan variantes a los mecanismos de evaluación, ni con estas reformas se ha demostrado que existen formas adecuadas de evaluar el aprendizaje adquirido por los alumnos. De esta manera, surge la flamante idea de hacer evaluaciones nacionales, no sé si al sistema educativo o al aprendizaje de los alumnos; se crea así en el año 2005 el programa denominado “Evaluación Nacional de Logros Académicos en Centros Escolares” (ENLACE), cuyo propósito era valorar el logro académico de los estudiantes de educación básica, fundamentalmente en el área de lectura y matemáticas.

Este programa discursivamente mostraba una serie de inconsistencias puesto que, por un lado, lo lanzaban como evaluador del conocimiento, aunque lo que en realdad medían –no evaluaban-, era el aprendizaje, al final del proceso, con la evaluación y/o medición de los estudiantes, evaluaban a los centros educativos, o sea, mientras mejor evaluados salían los estudiantes, mejores eran los centros educativos. Por supuesto que este programa fracasó puesto que, al final de un proceso, quien determinaba el rendimiento de los alumnos eran las pruebas estandarizadas que a nivel central les aplicaban; no les importaba la naturaleza de la escuela, la ubicación, los servicios con los que contaban y las condiciones bajo las cuales laboraban los docentes. Reitero, el objetivo principal de este programa ENLACE era generar una sola escala de carácter nacional que proporcionara información comparable de los conocimiento y habilidades de los alumnos, esa confusión en el discurso con respecto a este tema, hizo más complejo el proceso y, se caracterizó por mostrar demasiadas irregularidades.

Todas las evaluaciones que se realizan en cualquier contexto y a cualquier proyecto, cuentan con cierto grado de subjetividad, lamentablemente, los informes que se proporcionan como consecuencia de la realización de evaluaciones, no los refieren a los resultados que obtienen, sino a los objetivos que se plantean; no consideran los procesos que se presentan a lo largo de la aplicación del proyecto. Para el caso del ámbito educativo, nos encontramos en un escenario en el cual al docente, más que apoyarlo para que se fortalezca y profesionalice en su práctica, se le obliga a dar buenos resultados, y, casi siempre, se le hace saber que por no utilizar una estrategia de evaluación adecuada, no se encuentra a la altura de las necesidades educativas.

Ante este estado de cosas que se viven en el ámbito educativo con respecto a la evaluación particularmente de los aprendizajes, la única alternativa es que se le dé voz a los docentes, padres de familia, directivos y demás personas que tengan relación indirecta con los centros educativos, y que surjan propuestas para la construcción de un nuevo modelo educativo, mismo que, explicite los criterios a considerar para que se evalúe al alumno desde una perspectiva integral. Derivado de ese nuevo modelo educativo, que sea el docente quien estructure su propio programa, ello sería posible si la institución legitima la elaboración de programas indicativos para que el docente contextualice su propio programa al que le llamaría analítico.

Lo anterior evitaría que al docente se le entreguen materiales descontextualizados, desfasados y de poco significado. Lo ideal sería que éste elabore sus propios materiales y los trabaje muy a su propio estilo, que los mismos docentes diseñen sus propios instrumentos de evaluación y no les impongan exámenes estandarizados.

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