La contienda de las personas

La contienda de las personas

Los partidos sí deberían importar, deberían significar algo. Deberían ser desde mi perspectiva más que “simples vehículos” de los mal llamados “ciudadano”, porque deberían permitir a la gente conocer los principios que guían a su candidato, así sea la primera vez que escuche su nombre.

Así tendría que ser en un país plagado de elogios a las instituciones y rechazo al caudillismo.

Pero no lo es, hoy compiten dos grandes coaliciones antinaturales, que postulan candidatos que hace algunos meses eran considerados adversarios.

Los partidos nuevos no son una opción en ese terreno, pues tienen tan poco en la escena pública, y algunos postulan perfiles que parecen contradictorios entre sí, que tampoco dejan claro a la ciudadanía que puede esperar de ellos.

¿En qué cree Redes sociales Progresistas? ¿Cuáles son los principios de Fuerza Por México? ¿Quién representa mejor los valores de Encuentro Solidario? ¿Iris Aguirre o Paz Barrón? ¿Lupita Medina o Nicolás Castañeda?

No hay certezas.
Los más claros ejemplos suceden en el ámbito legislativo, y uno de los ejemplos más controversiales es el matrimonio igualitario, pese a la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que obliga a armonizar su autorización sin más trámite en todo el país. ¿Cómo votaría en ese tema alguien emanado de la coalición va por Zacatecas? ¿Con los principios del PRD, o los del PAN?

La coalición Juntos Haremos Historia no se libra de ello, la postura del candidato a presidente municipal de Guadalupe es más cercana en esos temas a los principios del PAN que a los de Morena o a los del PRD o PRI, partidos ambos donde también militó.

La extraña mezcolanza alcanza temas también de índole económica, por ejemplo, la coalición Juntos Haremos Historia tiene como propuesta a la Minería como pilar del desarrollo económico, a pesar de que a nivel nacional el presidente de la república ha sido enfático en que no se dará una concesión más.

¿Cuál es entonces la idea? ¿Trabajar con lo que ya hay? ¿Qué sería lo distinto? ¿Se modificaría en algo el modelo extractivo? ¿Se mejoraría el contrato colectivo? Quizá con suerte pueda crearse algún impuesto que compense levemente el saqueo de la riqueza del subsuelo, pero ¿no es eso lo que hizo el gobierno priista actual?, o ¿se generaría un fondo que repartiera recursos en los municipios con actividad minera? ¿No es acaso esa la propuesta de Adolfo Bonilla que el gobierno federal actual sepultó?

Siete partidos, dos grandes coaliciones y sin embargo cuesta trabajo encontrar diferencias en sus diagnósticos municipales o estatales. Menos aún en sus propuestas.

Como no sea las diferencias discursivas entre halagar o criticar al presidente de la República, pudieran ser iguales. Lo peor aún es que ni siquiera tener la política de López Obrador como referencia sigue para la distinción, pues aunque unos se digan a favor y otros en contra, en los hechos los aliados lo contravienen, y los opositores lo imitan.

Cobijado en el nombre de Andrés Manuel López Obrador se privatizan servicios, y al mismo tiempo se hace campaña diciendo que se es quien realmente “no roba, no miente y no traiciona”.

¿La diferencia es entonces entre “quítate tú para que me ponga yo”? Se critica a la candidata a gobernadora de Va por Zacatecas porque se atribuye que sus gestiones se deben a las relaciones públicas que tenía con figuras encumbradas del PRIAN, pero hoy se vende lo mismo: el confeso tráfico de influencias que los enorgullece atribuyendo al gentilicio, al parentesco, o al compadrazgo la posibilidad de gestionar.

¿No tendría que ser ésta una conducta castigada y denunciada por la izquierda? ¿Se trata de elegir “entre tus compadres o los míos”?

Los debates han dejado claro que a veces entre dos candidatos que compiten por el mismo cargo no hay más diferencia que la de colores porque con frecuencia sus diagnósticos son similares, sus propuestas, cuando las hay, son iguales, y sólo queda distinguir entre sus trayectorias personales.

Ni siquiera sus equipos pueden ser símbolo de contraste porque los guindas critican a los tricolores, pero los postulan por sus partidos, y no hablamos ya de perfiles que hace 20 o 30 años militaban en el PRI, sino apenas en enero pasado, cuando el presidente les resultaba la causa de todos los males y no la salvación como enuncian ahora.

Del lado inverso la cosa no es mejor, muchos de sus perfiles construyeron sus carreras justamente en oposición de algunos de los partidos que hoy los postulan, y se enfrentan del otro lado a excompañeros con quienes compartieron trincheras.

En un escenario así, donde el norte ya no es tal, y el sur parece oeste, no queda más alternativa a los ciudadanos que buscar en las trayectorias de los aspirantes los símbolos que den cuenta de vida honesta y congruente.

Pareciera menor, pero la contienda dejó entonces de ser de partidos, de ideas, de proyectos, y se vuelve un solo proyecto sin alternativa en el que se busca sólo “al menos peor” de los ejecutantes.

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