El próximo regreso a clases: ante la incertidumbre, ¿qué protocolo?

El próximo regreso a clases: ante la incertidumbre, ¿qué protocolo?

Los rebrotes del virus en otras partes del mundo deben poner en guardia a las autoridades sanitarias mexicanas, y no confiarse. En el caso de la India, que ahora revela un escenario poco menos que apocalíptico, adjudican el brutal brote furioso a ‘no confiamos’. ¿En qué consistió la confianza? Pues que pensaron que su curva estaba domada y permitieron actividades masivas de todo tipo, entre las más riesgosas son las religiosas. Y ocurrió que en dichas concentraciones el virus se contagió furiosamente y ahora están las piras funerarias que tienen a los bosques en crisis en la producción de madera que ha resultado insuficiente para quemar tanto cuerpo. Escenas dantescas vemos por los medios. Luego entonces, la lección es ‘cero confianzas’.

Debemos partir de dos hechos: (1) una actividad masiva es la concentración de jóvenes en las aulas; y (2) lo que sabemos hasta ahora no es ciencia exacta. Lo segundo significa que el nivel de incertidumbre es muy alto, porque los factores de contagio han cambiado a lo largo de la pandemia, primero en los contactos físicos y después en los aerosoles, y además la mutación del propio virus hace incierto el rumbo del tipo y velocidad de los contagios. La teoría de caos nos dice que ‘en materia viva siempre espera sorpresas’. ¿Recuerdan la película de Parque Jurásico? Los dinosaurios ‘no podían reproducirse’ porque todos los ejemplares eran hembras. Y se reprodujeron, porque hubo reproducción hermafrodita que no estaba contemplada. Así es el mundo de la biología: nada es definitivo. Es lo terrible (y hermoso) de la realidad biológica.

Así las cosas, debemos prevenir nuestra im-prevención. Es decir, desde la conciencia que no sabemos con exactitud lo que va a ocurrir, programar los siguientes pasos. ¿Qué se hace ante la incertidumbre? Se actúa con los consejos de la racionalidad limitada: se hacen pruebas locales y se decide de forma incremental. Lo cual significa que se emprenden grupos de control, se llama a pocas escuelas y con números controlables de personas, y de ahí se va aumentando progresivamente la presencia de las comunidades académicas en las escuelas. Y con la manija de control, se baja o aumenta según se van observando los resultados. Es probable que, con buenos resultados, en poco tiempo todo mundo esté en las escuelas, o no; depende de los resultados observados. Por ello es importante que se generen protocolos bien pensados para esta segunda mitad del año. La vacunación ha levantado el ánimo y puesto las disposiciones en clave optimista. Y eso es bueno, y no.

En este contexto, es vital asegurar las condiciones esenciales para que los avances progresivos tengan éxito: el agua en las escuelas, la ventilación en las mismas, el sistema de monitoreo efectivo de los alumnos y familiares de los mismos, y la evaluación en tiempo real de lo que ocurre en las escuelas. Sin embargo, sabemos de las formas y criterios de decisión de las burocracias educativas estatales, las cuales (los criterios para decidir) son una basura. Cosa que no ‘creemos’ sino ‘sabemos’. Por ello, la duda de cómo avanzará con seguridad el proceso de incorporación de los estudiantes a clases presenciales está llena de dudas, vacilaciones, titubeos, escrúpulos, reparos y franco pesimismo por parte de la población tiene lugar. El fin, ante la neblina de la incertidumbre, la prudencia de la decisión.

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