Las Universidades Estatales: fuera de la agenda gubernamental

Las Universidades Estatales: fuera de la agenda gubernamental

El Estado da financiamiento a sus prioridades. El caso de los 17 programas prioritarios es contundente: no se han visto afectados a pesar de la pandemia. El resto de las actividades que tienen responsabilidad estatal pueden incluso desaparecer, como el caso de los fideicomisos o disminuir significativamente su monto, como la prevención del delito o los fondos para cultura. Quisiéramos creer que estos movimientos presupuestales se deben a una estrategia de desarrollo del gobierno. Pero no se alcanza a ver con claridad.

Justo no se alcanza a ver con claridad porque no sabemos cuál es el papel de la Educación Superior en el conjunto de la estrategia de desarrollo nacional. ¿Los 17 programas mencionados arriba están conectado en un sistema unificado o están separados? Si es lo segundo indica que estamos ante la ausencia de estrategia. Averiguar el papel de la Educación Superior es esencial porque hace las veces de aglutinante de un sistema de programas que conforman una sola estrategia general de desarrollo. Aporta los perfiles del capital humano que requieren todos los programas para poder funcionar, la innovación para cubrir las necesidades de tecnologías o metodologías y detona procesos de movilidad social vertical en la población que, a su vez, mejora la cohesión social de un país. En otras palabras, no puede haber crecimiento de las economías sin incrementar la productividad, esta última es efecto de la inyección de conocimiento a los procesos productivos. En una frase: sin conocimiento no hay crecimiento. Y la gestión de los saberes, en el ámbito de la investigación y de la oferta de programas educativos está a cargo de las universidades.

Como podemos observar, el papel de la Educación Superior debería ser una prioridad. Sin embargo, la mayoría de la Universidades Públicas Estatales (UPES) padecen de ahogamiento financiero, no alcanzan ni pagar la nómina y las prestaciones de ley, menos tienen dinero para invertir en laboratorios, intercambio con instituciones del extranjero e importen conocimiento o se realicen prácticas profesionales. Se quejan algunos actores gubernamentales de las carreras tradicionales de las UPES, sin embargo, la política financiera sirve para eso también: se otorga dinero a las IES con la condición de que cambien su mapa de oferta educativa. Pero estamos en un estado de empantanamiento: ni desahogo financiero ni cambios en estructuras académicas de las UPES.

Se exige a las universidades que eleven su cobertura, pero no les incrementan el subsidio. El costo unitario de los estudiantes de la UAZ es de los más económicos, lo cual significa que están haciendo esfuerzos de optimización de los recursos recibidos y debería ser premiado el esfuerzo de optimización financiera, pero no se ve que ocurra. Ahora que se aprobó la Ley de Educación Superior esperábamos una solución estructural de la precarización financiera crónica de las universidades estatales, sin embargo, no ocurrió: oportunidad desperdiciada. Ojalá y la agenda gubernamental cambie a favor de las universidades y las convierta en el eje del desarrollo del país.

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