El fraude: trauma vigente en la política en México

El fraude: trauma vigente en la política en México

El trauma político principal en México es el fraude electoral. La elección originaria que mostró la esencia del sistema político mexicano (ya formado el PNR) fue la de 1929. El prestigio político e intelectual de José Vasconcelos, fundador de la Secretaría de Educación Pública y rector de la UNAM, se enfrentó al candidato oficial (Pascual Ortiz Rubio) del jefe máximo fundador del régimen autoritario mexicano (Calles). En esos años tenía una fuerte presencia entre artistas e intelectuales, el Partido Comunista Mexicano, quienes fueron abanderados por Rodríguez Triana (compañero de partido de Diego Rivera). El aparato del Estado se puso a funcionar y las urnas fueron llenadas, otras casillas eliminadas (si así convenía) y se impuso al cándido candidato oficial. Vasconcelos logró documentar el monumental fraude, pero nada ocurrió, y tuvo que salir exilado a EEUU. Este fue el acto originario que dibujó los rasgos del régimen autoritario y, al mismo tiempo, grabó el trauma esencial de los procesos electorales en México: el fraude.

Se ha logrado avanzar de manera importante en las garantías de que la emisión del voto sea contada y respetada: los mecanismos de vigilancia, cómputo y registro de resultados es básicamente confiable. Las casillas ciudadanizadas han dado un buen fruto. El problema ahora son las prácticas de compra y coacción del voto. Partidos y grupos de interés compran votos con dádivas, pero las compras más directas son poco efectivas dado que dentro de la casilla de votación nadie sabe qué ocurre realmente. Las más efectivas son las compras coactivas, donde partidos o gobiernos ‘pagan’ el voto después de verificar los resultados electorales. Una práctica muy extendida es la adscripción a programas de gobierno, donde los votantes son incorporados a las listas de beneficiarios una vez que los políticos verifican que cumplieron con la emisión del voto en el sentido convenido. Semanas después de emitido el voto se ‘pagan’ los mismos. Así, es muy difícil documentar este método violatorio de la democracia.

Ahora se vuelven a observar prácticas para hacer del voto una moneda de cambio, en partidos y grupos de interés. Pero la acción de la ‘preparación’ de las estructuras de elección ilegítimas se da mucho antes de las jornadas y las propias campañas, por ejemplo, las estructuras de Siervos de la Nación de gobierno federal han sido denunciados, junto al uso de programas sociales, como formas de construcción de estructuras de elección. Pero no ha habido alguna investigación seria, mucho menos se han revelado resultados por parte del árbitro electoral o la Secretaría de la Función Pública. El problema fundamental es que el gobierno siempre será parcial porque está jugando en las elecciones a través de su partido, antes era el PRI, ahora es Morena. Por eso es muy importante que el gobierno no asuma las tareas de un árbitro, sino que lo sea un órgano autónomo ciudadanizado. Las críticas al INE, algunas fundadas, deben llevar no a su debilidad o desaparición o sustitución, sino a su corrección en aquello que hace mal. Por ejemplo, deberemos pensar en mecanismos más eficaces para la elección de consejeros y no sean avatares de partidos-padrinos. En suma, el trauma originario de la política en México sigue ardiendo en la piel del país.

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