Recoger varas

Recoger varas

En la coyuntura política actual, con la tragedia de la Línea 12 del Metro, México es noticia mundial. Está en boca de todos. Periódicos de todo el mundo han estado dando cuenta del accidente en el que se colapsó una trabe y con ella dos vagones del Metro. El saldo inmediato: mexicanos muertos, heridos y desaparecidos. Como consecuencia de este desastre, de no aclararse y deslindar responsabilidades satisfactorias, AMLO y el obradorismo se juegan por lo menos, dos cosas: la credibilidad de su apuesta contra la corrupción por aquello de que “no somos iguales” y el futuro político del par de presidenciables punteros en las filas morenistas con vistas al 2024.

En el accidente ferroviario, tienen también cuenta que rendir las compañías constructoras Carso del magnate Carlos Slim, la poderosa y (des)prestigiada ICA y Alston. ¿Qué papel jugaron y de que tamaño fue el monto con el que defraudaron al presupuesto público, en caso de que se comprueben hechos de corrupción? ¡Qué funcionarios están involucrados?

Hasta el miércoles se registraban 25 muertos, más de 70 lesionados y varios desaparecidos. Está en marcha un peritaje a cargo de una comisión de expertos noruegos para determinar que causas estructurales, según se supone ocasionaron en primera instancia el accidente. La investigación que habrá de hacerse, además de abordar las fallas estructurales, debe centrarse en lo que se hizo o se omitió. Es aquí en donde entra la parte política administrativa en la que hay actores muy visibles. La obra se construyó y se inauguro a todas prisas en el calderonato cuando Marcelo Ebrard era el jefe político de la ciudad de México.

Aún si la causa principal del accidente fuese estructural, el gobierno está obligado a investigar a profundidad y con la mayor objetividad si hubo o no corrupción en el manejo de los dineros y si hubo negligencia en el mantenimiento de las instalaciones de la susodicha Línea.

El entonces funcionario y responsable directo e incuestionable desde la óptica política es Marcelo Ebrard. Al concluir su gestión como máxima autoridad de la ciudad de México, al sentirse perseguido por Peña Nieto y Mancera, en el 2015, marchó al dorado exilio parisense. Estando en la ciudad luz, se hospedó en el Hotel Península a un costo de 30 mil pesos la noche. Con todo y persecución y exilio, nunca se hizo una investigación formal contra Ebrard

En el corazón del problema que ha conmocionado a los habitantes de la gran metrópoli y a los mexicanos en general, está el hecho de que la obra se planeó y construyó mal. Es uno de los tantos ejemplos de cómo no hacer una macro obra pública.

La línea 12 costo 26 mil millones. Desde el principio fue un concierto de desaciertos. Se firmó un contrato a precio alzado, la obra iba a ser subterránea, se cambio a elevada sin tomar en cuenta vialidades y estructuras existentes, se tendieron vías (rieles) para convoyes que no eran indicados para rodar sobre ellos. Como se tenía prisa por inaugurarla se inauguró con un sinnúmero de fallas (una minuta mencionó hasta once mil) y desperfectos al grado de que el servicio tuvo que postergarse. Estando ya Mancera como mandatario de la capital, se le inyectaron centenas de millones para el mantenimiento y arreglo de desperfectos. ¿Se gastó bien o no ese dinero? Las fallas persistieron y seguramente se agravaron. En conclusión, El de la Línea dorada fue un proyecto y obra hechos con las patas, muy al estilo mexicano, se hizo al troche moche. Por eso es que sobre la tragedia muchas cosas huelen mal, hieden, apestan. “Algo está podrido en Dinamarca”.

Tras este fracaso, políticos de la talla de Ebrard, el presidente de Morena, Mario Delgado secretario de finanzas de Marcelo, Mancera que permanece agazapado y la actual gobernadora Claudia Sheinbaum saldrán raspados.

No han faltado quienes con la desgracia a cuestas quienes se han o se estén cebando con la tragedia de las víctimas, tal es caso de los panistas carroñeros que acompañaron a Altamirano Doring, quienes a la mañana siguiente del percance ya estaban en el lugar en donde se cayó la trabe, en un ramplón acto electoral acarreando agua para su molino.

Culpar al pasado y a los neoliberales y conservadores, esta vez no tiene fundamento. Sería como escupir para arriba. Los actores políticos centrales involucrados en la tragedia del Metro de Tlahuac, fueron sus compañeros de filas del AMLO y miembros de un supuesto partido de izquierda.

En el caso del socavón de Cuernavaca, otra obra que se hizo con las patas, AMLO y Morena se dedicaron a tronar cuetes denunciando y pidiendo castigo a los culpables, ahora con el colapso de la Línea dorada en la que están involucrados funcionarios de su gobierno y políticos muy cercanos al Presidente, es tiempo, no les queda sino recoger las varas.

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