La realidad precovid-19, nostalgia

La realidad precovid-19, nostalgia

Existe un amplio número de personas que considera que la vacunación contra el covid-19 traerá consigo el regreso al reciente pasado de relaciones interpersonales que históricamente se había tenido. Las cosas, empero, apuntan en un sentido distinto. El pasado se quedará atrás. Y la inopinada emergencia de la sana distancia que ha dado vida a la relación virtual ha cobrado vida de manera cada vez más amplia y en mayor número de actividades. Lo venía haciendo lentamente en algunas zonas de las relaciones económicas y laborales como una estrategia de negocios, pero de manera pausada y selectiva. El covid-19 apresuró esos pasos programados y por aproximaciones sucesivas para que la realidad virtual ganara la partida de un momento a otro, generando un impacto singular en muchos negocios y escuelas que no pudieron adaptarse a la nueva circunstancia de manera muy rápida. Esto ha generado que en todo el mundo haya habido un cambio en las formas y modos de entablar tanto las relaciones económicas como las personales y afectivas.

Algunas empresas han tenido crecimientos exponenciales como las de compra y entrega de bienes y servicios a domicilio, así como las que ofrecen servicios digitales en muchos rubros de la vida, como las aplicaciones bancarias, las compras en líneas, entre muchas otras. Una cosa es cierta: esta nueva forma de interrelación no desaparecerá con el covid-19, habrá ajustes en gran parte de los puntos de contacto interpersonal.

El trabajo en casa y la enseñanza educativa permanecerán tal como son ahora o, en algunos casos, en una realidad híbrida, presencial y virtual, en donde eso sea posible. En trabajos con un acento en lo administrativo, la realidad virtual ha demostrado que reduce costos por conceptos de uso de luz, agua, gasolina, gas, ahorro en el desgaste de las personas al trasladarse de un lugar a otro que también impacta (sobre todo en urbes como la Ciudad de México) en reducir o contener los focos de contaminación y en aligerar, de alguna forma, los índices de inseguridad. Lo mismo puede decirse de las escuelas, o por lo menos de la mayor parte de ellas, donde la opción virtual se ha colocado como una alternativa posible y deseable. Por supuesto, se requerirá de un cambio de paradigma y de aprendizaje cuasi inmediato para no quedarse atrás. Habrá otros sectores, los menos, que requerirán una relación presencial como las intervenciones médicas y algunas consultas específicas en este sector. Pero ahora, quien diría, que buena parte de las consultas médicas son virtuales y las recetas electrónicas. En el caso del esparcimiento los cines han visto reducir sus ingresos, pero los auto cinemas, por el contrario, se han convertido en la apuesta de los empresarios del ramo con mayor aceptación de los clientes, donde ahora la nostalgia ha sido sustituida por la idoneidad y, en ese sentido, la calidad de sonido y video se han ido incrementando como un nicho donde se advierte potencial de crecimiento. Lo mismo empieza a suceder con los conciertos musicales, obras de todo tipo y exhibición de películas nuevas que tienen las versiones no presenciales sus puntos de contacto con su público.

En el ámbito educativo, los congresos nacionales e internacionales se reducirán a su mínima expresión y serán –ya lo están siendo– sustituidos por los webinars que son sensiblemente menos costosos y con niveles de audiencia y participación prácticamente ilimitados, lo que sería imposible en la versión presencial. Las clases presenciales transitarán al sistema híbrido para pasar más temprano que tarde al sistema virtual.

Ciertamente, al lado de las ventajas de lo virtual por la baja en sus costos de producción y de los espacios de convivencia familiar, se deberá desaprender lo aprendido en el pasado inmediato y reaprender una nueva manera de hacer vivible la vida en sociedad, una tarea que descansa en nuevas políticas públicas donde la intervención de profesionales de la salud mental es imprescindible por el punto de quiebre que ha afectado a las relaciones de las personas con sus semejantes. Es verdad que en gran parte de los hogares la salida al trabajo y a la escuela había sido también un modo de escape de la realidad familiar. Este aspecto negativo debe atenderse para dar cauce a esas opciones para resolver el fondo y no optar por paliativos como si fueran el camino único por seguir.

En todo caso, el cambio no será transitorio o temporal, sino que llegó para quedarse y se irá consolidando al transcurso de los meses y años por venir. La negación de lo evidente no es la solución, sino la adaptación a un cambio histórico en la vida colectiva que, insisto, no tiene caminos de regreso. ■

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