El debate en torno a las plurinominales: los puntos sobre las íes

El debate en torno a las plurinominales: los puntos sobre las íes

Si a Usted, estimado lector, le diagnostican una infección en el riñón, ¿cree que lo mejor es que se lo quiten? ¿Y las funciones de este órgano? Si lo quita no habrá quien realice esas funciones esenciales. Por ello, lo más sensato, es intentar curar el órgano. Igual en las instituciones: si están enfermas, no necesariamente la solución es eliminarlas, sino modificar su comportamiento.

Es común encontrar opiniones que proponen eliminar las diputaciones plurinominales, que en el caso federal llegan a 200 de 500 representantes. Pero al parecer es una opinión carente de reflexión. Veremos que, en todo caso, sería menos grave eliminar las uninominales. Pero también partimos de aceptar que el mecanismo de representación proporcional está enfermo.

Si tuviéramos un sistema solamente con uninominales, podría pasar que un partido con el 40 por ciento de la votación tuviera el 100 por ciento de los diputados. En algunos distritos podrían ganar por pocos votos, pero se llevan toda la representación. Así las cosas, la representación de mayoría es poco democrática porque elimina la pluralidad y a las minorías. Si hubiera que eliminar una de las opciones de elección, debería conservarse la de representación proporcional, porque capta justo la pluralidad y designa el número de representes en función del número de votos obtenidos, lo cual es lo más democrático. En estas últimas semanas se ha discutido mucho el tema de la ‘sobre-representación’, lo cual consiste en que si un partido tuvo (por ejemplo) el 30 por ciento de los votos y se adjudica el 60 por ciento de los representantes. Por ello, la Ley señala que la diferencia de sobre-representación no puede subir más allá del 8 por ciento de la diferencia o margen entre porcentaje de votos y porcentaje de diputados. Como podemos observar, es muy importante conservar el mecanismo de representación proporcional (plurinominal) en la integración de los órganos de representación popular, incluso más importante que la representación de mayoría simple (uninominal).

Ahora bien, el problema es cómo los partidos integran las listas de la representación proporcional. Estas son usadas por las burocracias dirigentes de los partidos para colocarse en ellas y reproducir su poder ilegítimo. Se han convertido en espacios para la cómoda reproducción de las élites políticas. La idea original de la forma de integración de las listas plurinominales incluía la exigencia de poner a personalidades que elevaran necesariamente el nivel del análisis legislativo, del debate y la calidad de las propuestas de ley. Por eso, se debía incluir en las listas de representación proporcional a intelectuales y académicos que, por la naturaleza de su trabajo eran poco conocidos o populares, pero la calidad de su trabajo era imprescindible. Por ejemplo, es de grato recuerdo el trabajo en la Comisión de Desarrollo Social de la pasada Legislatura federal la participación de Araceli Damián que pudo avanzar en propuestas, estudios y evaluación de la política social del gobierno desde el poder legislativo. Sin embargo, ahora, todos los partidos hacen uso de las plurinominales para asegurar la postulación de sus burocracias sempiternas. Debemos pensar en curar esa enfermedad y no en eliminar los 200 plurinominales con el pretexto de ahorrar recursos. Esto último, es demagogia de quienes pretenden sobre-representarse de poder. Los errores de la democracia se curan con mayor democracia, no con la muerte de ésta.

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